16 de enero de 2011

Carpe Diem

Como si el transcurso de la vida no hubiera discurrido bastante sobre sí, la rama familiar encabezada por la última sobreviviente de su generación se reencuentra para festejar.



La familia prevalece sobre la lógica como manifestación de un sinsentido. Qué duda cabe.
Ella ni nos gusta ni nos disgusta. Simplemente, nos atrapa.
Y exige ser aceptada sin beneficio de inventario.
De lo contrario hará uso del método más común, más cruel y eficaz para suicidarse. El canibalismo, el devorarse a sí misma.


Si no somos iguales, somos primos hermanos.

Por un lado. María Elena, es decir, la abuela Lela, es decir, la madre del que escribe, es decir, la hija de la abuela Manuela y del abuelo Cándido (los que descendieron del barco que partió de España), es decir, la última sobreviviente de su generación, es decir, ella y sus cuatro hermanos, es decir, la tía Porota, el tío Armando, el tío Berto y el tío Tito, que parieron a los primos hermanos en los Santos Lugares de los talleres ferroviarios de Alianza y de la Iglesia de Lourdes, es decir, a los nacidos y criados en el pago de don Ernesto Sábato, convertida en el ariete al servicio de la memoria parental.

Por el otro. Si pequeñas dosis de ausencia son importantes para el amor, luego de una prematura diáspora de los nacidos y criados, los primos hermanos, no hubo un vínculo reiterado, constante y tóxico que terminara por saturar las relaciones afectivas.

Además. Si una familia de viejos es una familia de ausencias. Y si una familia envejecida lamenta el final del pasado y añora lo que no volverá. La nuestra no es ni lo uno ni lo otro.

Resultado. Ocurrió lo que debía pasar.

Tampoco era cuestión de encontrarse únicamente en los velorios.



carpe diem

Muchos tienen familia y pareja. O pareja sin familia o familia sin pareja. De ninguna manera podían faltar rencores secretos entre padres e hijos, ni inocentes separaciones matrimoniales, o turbulentos conflictos de intereses. Y celos y recelos.

Pero como no prevaleció el canibalismo, ni la orfandad, no desperdiciamos la oportunidad para la diversión y la alegría.
Comimos, chupamos, recordamos y jodimos y brindamos. Pero sobre todo, bailamos.
(También el que suscribe, recibido con honores de patadura, vergonzante título en una familia de bailadores casi compulsivos, se le animó a la escoba).

Ya de madrugada, abrazándonos largamente, nos despedimos. Hasta dentro de un mes o dentro de un año o improbablemente nunca.







19 de agosto de 2010

Puerca tierra



En este conmovedor relato de John Berger, algunos verán un alegato contra la destrucción de la vida rural a manos de la modernidad capitalista. Lo que es cierto.
A otros, al final de la lectura, nos quedará un escozor y la certeza de lo atrasado, arcaico, innecesario e inhumano que es el sacrificio de animales.





Cuestión de lugar
 Sobre la frente de la vaca el hijo coloca una máscara de cuero negra y se la ata a los cuernos. El cuero se ha ido ennegreciendo con el uso. La vaca no ve nada. Por primera vez han ajustado a sus ojos una noche súbita. Se la quitarán en menos de un minuto cuando ya esté muerta. A lo largo del año, esta misma máscara de cuero presta en total veinte horas de noche para los diez pasos que separan el establo, en donde han sido purgadas, del matadero.
El matadero lo atienden un hombre ya mayor, su mujer, quince años más joven que él, y el hijo de ambos, que tiene veintiocho.
Al no ver nada, la vaca se resiste a avanzar, pero el hijo tira de la soga atada a los cuernos, y la madre le sigue agarrándola por el rabo.
«Si la hubiera conservado dos meses más hasta que pariera...», piensa el campesino. «Ya no habríamos podido ordeñarla. Y después del parto habría perdido peso. Ahora es el mejor momento.»
En la puerta del matadero la vaca vuelve a vacilar. Luego deja que tiren de ella.
Dentro, muy arriba, a la altura del tejado, hay un sistema de raíles. Por ellos corren unas poleas, de cada una
de éstas pende una barra de hierro con un gancho en el extremo.
Colgado de uno de estos ganchos, un caballo de cuatrocientos kilos abierto en canal puede ser trasladado de un lado a otro del matadero por un muchacho de catorce años.
El hijo sitúa el percutor contra la cabeza de la vaca. En una ejecución, la máscara hace a la víctima pasiva,
y protege al verdugo de su última mirada. Aquí garantiza que la vaca no va a apartar la cabeza del aparato que la dejará sin sentido.
Ceden las patas, y su cuerpo se desploma al instante.Cuando se derrumba un viaducto, visto desde lejos, parece que la construcción cayera lentamente al valle a sus pies. Lo mismo sucede con las paredes de un edificio tras una explosión. Pero la vaca cayó con la rapidez del rayo. No era cemento lo que sostenía su cuerpo, sino energía.
«¿Por qué no la matarían ayer?», se pregunta el campesino. El hijo empuja un pesado alambre por el agujero
perforado en el cráneo, hasta el cerebro. Entra unos veinte centímetros. Lo mueve para asegurarse de que todos los músculos del animal se distienden, y lo saca. La madre sujeta con las dos manos la pata delantera en primer plano, a la altura del menudillo. El hijo corta por la garganta y un raudal de sangre inunda el suelo. Durante un momento toma la forma de una enorme falda de terciopelo, cuya minúscula cintura sería el labio de la herida. Luego sigue manando y no se parece a nada.
La vida es líquida. Los chinos se equivocan al creer que lo esencial es el aliento. Tal vez el alma sea aliento. Los ollares rosados de la vaca tiemblan todavía. Su ojo mira sin ver, y tiene la lengua fuera, colgando a un lado de la boca.
Una vez cortada, la lengua será dispuesta al lado de la cabeza y el hígado. Todas las cabezas, las lenguas y
los hígados se cuelgan juntos en una hilera. Las quijadas totalmente abiertas, sin lengua, y las dentaduras circulares manchadas con algo de sangre, como si el drama hubiera comenzado con un animal, que no era carnívoro, comiendo carne. Bajo los hígados, en el suelo de cemento, hay unas gotas de sangre bermellón brillante, el color de las amapolas cuando acaban de florecer, antes de que se oscurezcan y se vuelvan púrpura.
En protesta por el doble abandono de su sangre y su cerebro, el cuerpo de la vaca se quiebra violentamente,
y las patas traseras embisten al aire. Sorprende que un animal grande muera con la misma rapidez que uno pequeño.
Como si el pulso fuera demasiado débil para seguir tomándolo la madre suelta la pata, que cae flácida contra el suelo. El hijo empieza a separar el cuero alrededor de los cuernos. Aprendió de su padre la rapidez en el oficio, pero ahora los movimientos del padre son lentos. Con gran parsimonia, al fondo del matadero, el padre está abriendo un caballo por la mitad.
La madre y el hijo están muy compenetrados. Cronometran su trabajo juntos sin intercambiar una palabra.
De vez en cuando se miran sin sonreír, pero comprendiéndose.
Ella alcanza una carretilla con cuatro ruedas, parecida a un cochecito de niño, pero larga, muy grande y calada.
Él, con un solo tajo de su minúsculo cuchillo, abre una raja en cada pata trasera y prende en ellas los ganchos. La madre pulsa el interruptor que pone en marcha el montacargas eléctrico. El cuerpo de la vaca se alza por encima de ellos y luego baja hasta quedar de costado en la carretilla. Juntos empujan el cochecito.
Su trabajo es parecido al de los sastres. La piel es blanca bajo el cuero. Abren éste desde el pescuezo hasta el rabo, de modo que parece un abrigo desabrochado.
El campesino a quien pertenece la vaca se acerca y señala por qué había que sacrificarla; dos de los pezones
se estaban descomponiendo, y era casi imposible ordeñarla.
Coge uno en la mano. Está tan tibio como en el establo cuando la ordeñaba. La madre y el hijo le escuchan, asienten con la cabeza, pero no le contestan y siguen con su tarea.
El hijo da un corte en las cuatro pezuñas, las retuerce hasta que se desprenden y las tira a un cubo. La madre retira las ubres. Luego, a través del cuero abierto, el hijo parte el esternón con un hacha. Esto recuerda al último hachazo antes de la caída de un árbol, pues a partir de este momento, la vaca deja de ser un animal y se transforma en carne, al igual que el árbol se transforma en madera.
El padre deja el caballo y atraviesa el matadero con paso cansino para salir fuera a orinar. Hace esto mismo
tres o cuatro veces durante la mañana. Cuando camina con cualquier objetivo muestra más energía. Pero ahora es difícil saber si arrastra los pies debido a la presión de la vejiga o para recordarle a su esposa, mucho más joven que él, que, aunque su vejez resulte patética, su autoridad sigue siendo inexorable.
La mujer lo sigue con una mirada inexpresiva hasta que llega a la puerta. Luego se vuelve solemnemente y empieza a lavar la carne y la seca después con un paño.
El cuerpo de la vaca, abierto en canal, la envuelve, pero la tensión ha desaparecido casi por completo. Se diría que está ordenando una alacena. Salvo que las fibras de la carne están aún estremecidas por la conmoción del sacrificio, y vibran exactamente igual que la piel del pescuezo de las vacas en verano para espantar a las moscas.
El hijo separa con una simetría perfecta los dos flancos del animal. Ahora ya son piezas de carne; esas piezas de carne con las que sueñan los hambrientos desde hace cientos de miles de años. La madre las empuja por el sistema de raíles hasta la báscula. Pesan juntas doscientos cincuenta y siete kilos.
El campesino comprueba el peso. Ha acordado nueve francos por kilo. No le dan nada por la lengua, el hígado, las pezuñas, la cabeza, los despojos. El pobre rural no recibe nada por las partes que se venden al pobre de la ciudad. Tampoco le pagan nada por el cuero.
En casa, en el establo, el lugar que ocupa la vaca sacrificada está vacío. Pone en él a una de las novillas jóvenes.
Para el próximo verano, la novilla habrá aprendido a reconocerlo, de modo que cuando la encierren por la
mañana y por la tarde para el ordeño, sabrá cuál es su sitio en el establo.

24 de abril de 2010

Confieso que he viajado









“Con la aparición de Dean Moriarty empezó la parte de mi vida que podría llamarse mi vida en la carretera. Antes de eso había fantaseado con cierta frecuencia en ir al Oeste para ver el país, siempre planeándolo vagamente y sin llevarlo a cabo nunca”. En el camino, Jack Kerouac







En el camino (On the road en el original) es una de las novelas más conocidas e influyentes del último medio siglo.
Kerouac, narrador y personaje, relata los viajes con amigos por los grandes espacios de Norteamérica, viviendo la experiencia como un fin en sí mismo. Ellos lo que quieren es estar “en el camino”.
Más allá de las aventuras, de las locuras y los excesos, lo esencial del viaje es el descubrimiento de un mundo nuevo y, sobre todo, el encuentro con sus propias identidades.

Si Kerouac encontró a Dean, yo me topé con Oscar.
Perteneciente a la misma generación beat que hizo famosa a la novela, yo no podría ser ajeno a la idea del viaje y la búsqueda.
Aunque debo reconocer que me faltan viajes.
No por carencia de estímulos, por supuesto, sino por la falta de oportunidades.
Eso hasta que apareció Oscar, que tiene una propensión no controlada de estar en otra parte, de querer estar fuera de casa, o de llevar encima su casa. Y que parece movido por un resorte que le impide estar quieto en Buenos Aires, San Luis o Córdoba.
Además nada ni nadie puede tranquilizar se deseo de moverse, de conocer, de ser un viajero incesante y como los personajes de la mítica novela, siente placer con la sensación de estar en la ruta.
La invitación a compartir sus experiencias terminó siendo irresistible.

Rumbo al “Estado Libre Asociado”
Oscar no es un conductor descuidado o que maneje corriendo.
Y no lo ponen ansioso, como a los “vacacionistas”, los mojones que indican el kilómetro.
Quien no lo conozca bien se quedará asombrado por la tranquilidad de su conducta, que dista mucho de la usual en la vida cotidiana.
El corto viaje (por el tiempo, no por la distancia), a la tan bien vendida (por él)  patria del Adolfo y del Alberto, se convertía en un desafío a ser un testigo directo. Como decía Mark Twain: suponer está bien, pero descubrir es mejor.
Luego de trasponer las provincias de Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba por la histórica Ruta 7, uno tiende a darle la razón a los que creen que, aunque bien mantenida y marcada, es una antigüedad del Siglo XX. Superar, en plena cosecha, a camiones y maquinaria agrícola, se convierte en una empresa de verdadero riesgo.
En un momento, en medio del descampado, se levanta una especie de versión puntana de la Puerta de Alcalá que nos anuncia la entrada y nos da la bienvenida a San Luis.

Bienvenidos al paraíso
Resulta difícil decidir cuál de los siguientes ítems seduce más:
Las perfectamente iluminadas, forestadas y “esculturizadas” autopistas que llevan seguro y rápidamente a todos los rincones.
La ciudad de La Punta, con la Universidad, el estadio de fútbol y sus casas recién construidas (habitadas por gente que paga por muchas de ellas el equivalente a un “plan social”).
No registrar, como estamos acostumbramos en Buenos Aires, ningún anuncio gráfico sobre la paternidad de las obras (el común, ¡ gracias a mí ¡: expresión de soberbia del que cree propio los recursos que son públicos).
El complemento perfecto entre clima y paisaje.

Villa de la Quebrada
Un encuentro fortuito y la invitación a visitar el pequeño pueblo serrano dejará huella.
La primera sensación que tuve es que viajaba a otra dimensión temporal, a un mundo que parecía producto de la imaginación, de un recuerdo de otro tiempo.
Por supuesto, era pura subjetividad.
Ese pueblo vivía nuestros mismos tiempos, nuestros mismos miedos, nuestras mismas miserias y nuestras mismas mentiras. Veían TN y Canal 7 y leían Clarín, como cualquiera.
Aunque con la diferencia: eran capaces de vivir con todo eso y además con cosas extraordinarias.
Por ejemplo, con el aire puro y el cielo limpio. Y con el silencio crepuscular en los cerros.
Luego de eso sabía que tendría que volver al mundo real, pero satisfecho del descubrimiento de un mundo y un modo de vida distinto.
Finalmente caimos en la cuenta de que “todavía nos quedaba mucho camino. Pero no nos importaba: la carretera es la vida”.

Continuará…

29 de agosto de 2009

Amenazas desde el cosmos


El ágora era la plaza en donde se reunían las asambleas públicas para discutir y decidir sobre el presente y el futuro en las ciudades de la antigua Grecia.
Algunos sostienen que en la actualidad el ágora ha sido reemplazada por los shoppings. De ser cierto, más que una lástima, sería una desgracia.
Pero ocurre que sobran ejemplos que demuestran que tal hipótesis es, en parte, falsa.
Qué es, si no el espíritu helénico, lo que mueve a organizadores y participantes de acciones públicas, cuyo único objetivo es descifrar, comprender y sobrellevar los infinitos interrogantes y temores que torturan a los hombres desde siempre.
Por eso, los escépticos no deberían ignorar a los que con apasionamiento y desmesura invierten su tiempo y su inteligencia en tales empresas.



“El diablo sabe por diablo pero más sabe por viejo”, sentenciaba el viejo Vizcacha, confirmando la creencia de que la sabiduría está relacionada con los años adquiridos.
Sin embargo, aunque la antigüedad sea un grado, ¿cuánto de la sabiduría adquirida no se la debemos a la amistad?
Quién no tiene, por ejemplo, un amigo paranoico, un amigo gay, un amigo judío, un amigo militar, un amigo artista o filósofo, sin el cual nunca hubiéramos descubierto enigmas o descifrado significados.
Además, aunque Picasso diga, con razón, que nada puede hacerse sin soledad, tampoco nada puede terminar bien sin los amigos.

Carlos, un amigo amante del cosmos

Buda decía que si uno mete una mano en el agua ella no ofrece resistencia pero si no la saca a tiempo terminará disolviéndola.
El mismo peligro se corre con las vocaciones: terminar en manía.
Sin embargo, aún corriendo el riesgo de que el universo se lo devore, sin apuros (en la astronomía, como en el arte, no caben las prisas), mi amigo Carlos pasa la vida, noche tras noche, en el cuadriculado infinito, buscando el cosmos en el caos estelar, mirando como “las estrellas dibujan constelaciones y las estrellas fugaces pintan órbitas mágicas”.

¿Apocalipsis?

La invitación de Carlos me llegó a través de un SMS. Se trataba de una charla de su autoría y desde el título estimulaba la imaginación y el temor: “Amenazas desde el cosmos”.
El asunto remitía irremediablemente al célebre radioteatro La Guerra de los Mundos de Orson Welles y a films como La amenaza de Andrómeda y El Dia de la independencia, y que se reconocen por tener un rasgo argumental en común: el peligro viene desde el espacio exterior convertido en amenaza para la humanidad y motivando, no en vano, el instinto de conservación, el miedo a ser destruido o dañado por el otro.
Evidentemente, el tema no se prestaba para producir bostezos.
Y menos para mí, que siendo apenas un niño había quedado profundamente conmovido por La mancha voraz, una película cuyo malvado protagonista, la “amenaza venida desde el cosmos” en un meteorito, era una especie de bofe, indestructible, capaz de absorber todo lo que tomaba contacto con él y al que sólo se lo podía contener (certeza que se tiene recién al final de la proyección) poniéndolo en un frizzer (en aquella época en la Antártida).
Además, como no es aconsejable ser considerado un pusilánime, pero sobre todo por la gentileza de responder al convite, no tenía otra alternativa más que acompañar la disertación desde la presencia.
A decir verdad la conferencia fue breve. Y conste que lo digo como un elogio.
Porque generalmente el público asistente a charlas de este tipo ya tiene una idea previa clara sobre la temática a tratar.
Y en este caso lo único que pretendía era saber qué de real y qué de mito se escondía en esto de las amenazas cósmicas.
En definitiva, qué nos puede pasar, y sobre todo, ¡cuándo!.
El orador se encargó eficientemente de consumar la liberación de los inquietantes temores previos.
Primero porque le quitó veracidad a las teorías más imaginativas y apocalípticas. Y porque a las probables catástrofes las fijó lejos en el tiempo.
Un tiempo, y lo dijo buscando una sonrisa cómplice en el público, lejano de alcanzar sobre todo para la mediana edad de la mayoría de los presentes.
Trasladado el problema a las próximas generaciones, siguió luego un entretenido intercambio de conocimientos entre el disertante y la asistencia.
En resumen, una reunión que sirvió, empleando una acertada metáfora en este Año Internacional de la Astronomía, para ampliar horizontes. Y eso no es poco.


11 de julio de 2009

Waterloo

Haciendo caso omiso de las opiniones y amonestaciones de algunos de sus amigos, que a partir de ahora dejarán de soportarlo con estoicismo, el incombustible responsable del blog, se lanza a desentrañar el “horroroso crimen” cometido en los comicios.






Cuando una nueva coalición empieza a desplegarse, Napoleón decide atacar, consciente de la necesidad de detenerlos antes de que se vuelvan invencibles. Optó por una estrategia ofensiva, por los efectos que un éxito repentino podría tener. El factor decisivo fue, sin embargo, el agotamiento por un lado y la tenaz resistencia por el otro.







Entre los concurrentes a las cotidianas mesas de café, con los cuales uno comparte una entrañable amistad, y con algunos una larga militancia política, el kirchnerismo hizo estragos (recuerdo que algo similar había ocurrido en su momento con el menemismo).
En los preliminares de los adelantados comicios del 28 de junio, cuando muy pocos sospechaban el futuro y el astuto Kirchner era número puesto, bien podría haberme preguntado como Cortázar "¿Qué hace un cronopio como yo en un mundo de famas y esperanzas como este"?,
Sin embargo, luego de los inesperados resultados, el clima será otro. De exultante y tremendista a depresivo y temerario.
Aparecen en escena los reproches. Serán objeto de recriminaciones revolucionarias los hoy satisfechos y desagradecidos integrantes de la clase media. Los traidores intendentes pejotistas del conurbano. Los productores agrarios y la burguesía nacional cooptados por la oligarquía y el imperialismo. Los progresistas abstractos. Los ingenuos engañados por el poder mediático, los pesimistas que descreen del “modelo” y los miserables que cortaron boletas. En fin, la mayoría de los argentinos.
Una evidente demostración de lo dolorosamente digerible que resultó una derrota a manos de una billetera privada, carente de la ideología revolucionaria del "distribucionismo".
Entretanto, como héroes de la resistencia (la rendición no es una opción válida) doblan la apuesta poniendo la mira en el aún lejano 2011 y asegurando, bienintencionadamente y desvergonzadamente, que el producto del acto electoral no fue nada más, ni nada menos, que un crimen de lesa majestad.
De ser cierto esto último, lo que exige la incomprensión general es que, si hubo un crimen, no debería continuar impune.
Por lo tanto, como exigen los cánones del género, un investigador que se precie debería estar dispuesto a revolver los sucesos del pasado, los muchos hechos dolorosos ocurridos antes, durante y después del delito, y que algunos parecen deseosos de olvidar.
Además, para responder a los interrogantes, lo más aconsejable sería evitar tomarse las cosas demasiado a la tremenda, renunciar al tremendismo y elegir el camino de la bonhomía.

Continuará…

14 de junio de 2009

Voto cantado

Desatendiendo la advertencia de Mark Twain, de que es mejor tener la boca cerrada y parecer estúpido que abrirla y disipar la duda, el autor del blog acepta el desafío de la hora, asume el riesgo, y se define.

"La vida es una comedia o una tragedia, según el punto de vista en que se mire", afirmaba el cartel promocional de la película La rosa púrpura de El Cairo, resumiendo el filme en el que la historia de Cecilia (Mia Farrow), una desdichada camarera cuya única felicidad es ver una y otra vez una película, es contada consecutivamente desde el punto de vista cómico y trágico.
De la misma manera, la actual orgía electoral a la que asistimos los argentinos, condenados como el personaje de Woody Allen a ver siempre la misma película, si la consideramos en su conjunto y en general no es más que un espectáculo trágico.
En cambio, viendo sus detalles se convierte en sainete, porque las vicisitudes y tormentos cotidianos, las retóricas proselitistas, las chicanas incesantes, los infundados temores infundidos, los cambios de rumbo, son verdaderos pasos de comedia.

Por eso a estas elecciones hay que tomárselas en serio. Aunque sin exagerar.


candidaturas
Aún con el enfoque más benevolente y por más buena voluntad que uno ponga, los candidatos que desfilan, salvo contadas excepciones, demuestran cabalmente la orfandad política del presente.
Es que cuando se hace política movidos sólo por el puesto político, por afán de lucro o por impunidad y no por el bien común o por patriotismo, todo se reduce a la sutileza de las formas.
El que logró alcanzar la condición de candidato, luego de cubrir un arduo itinerario iniciático y de someterse a un protocolo de investidura, luce y se comporta de acuerdo a las exigencias de un intrincado ritual. Interviene ruidosamente en determinadas ocasiones, guarda silencio en otras, aunque siempre tratando de evitar que la función no se salga del libreto.
Para después, ya con el cargo como botín, demostrar, como cualquier miserable, que se acomoda a las bondades del poder.
Por definición no hay nada que esperar de ellos.
Así como la guerra es un asunto demasiado serio para confiárselo a los militares y la economía no es una materia tan frívola como para dejarla en manos de los economistas, la política es una empresa muy importante que no debería ser manejada por desaprensivos aspirantes a burócratas.

Sobre todo, en esta Argentina deliberadamente en indefensión y fragmentada.

en campaña
¿Ante la resurrección del “estilo moderado neoconservador”, prevalecerá la impronta “nac & pop”?
¿O quedará sólo como el “deseo imaginario” de los escasos voluntaristas que se resisten a admitir que el kirchnerismo ya es pasado?
¿Los “desaguisados” kirchneristas, como la derrota autoinflingida en el combate con los productores agrarios y la Argentina interior, demostrarían una vez más que en la era de la “democracia de la derrota” los detentadores del poder político terminan, como Alfonsín, Menen, De la Rúa y Duhalde, suicidándose?
¿Como decía Onetti: el final es siempre Waterloo?
¿Astucias como el adelantamiento, las chicanas judiciales, las candidaturas testimoniales, le serán suficientes a los Kirchner para alcanzar la conformista y modesta aspiración de obtener el tercio de los votos válidos en Buenos Aires, y de ese modo cumplir con la pretensión de ser los ganadores en la interna abierta del peronismo?
¿O terminarán abdicando a favor de un político más “serio” y potable?

Frente a la dificultad para vencer la indiferencia política, nos acostumbramos a aceptar, sobre todo en épocas electorales, todo tipo de interrogantes triviales y cuestiones accesorias.
Sin embargo, toda reflexión acerca del presente electoral debería comenzar, o terminar, con esta pregunta: ¿Quién (y qué) sirve al interés nacional?


“No votés, tu voto es su coartada”

No me interesa la suerte de los tahúres, los aventureros, los excéntricos, los genocidas y los matones. Ni sus “proezas”, ni sus “hazañas”.
No pretendo exculpar, siquiera parcialmente, a los que confunden la justicia social con el tráfico de miserables, ni a los dispuestos a vender el alma a cualquier poder, ni a los que se acomodan a toda situación que se produzca.
Desconfío de los que utilizan el miedo. Y de los humores de un paranoico imbuido de “la ética de la extorsión” y una “fuerte ideología de la usura”.
No entiendo, además, el claro apoyo y la confusa crítica de los que levantan la consigna del “apoyo crítico”.
Y a los que caen en el espantoso equívoco de suponer que Kirchner es Perón.
O lo más grave aún: los que creen que la principal virtud (o el peor pecado) del kirchnerismo es lo que puede llegar a ser.
Me entristece la política basada en axiomas, admitida sin necesidad de discusión.
Y los discursos distanciados de las cosas. Y de tener que vivir en una “esquizofrenia programada”.
Y sobre todo, la ausencia de pueblo y de proyectos nacionales.
Solo aquellos aquejados de ingenuidad infantil o que padecen de reblandecimiento senil y los que desean ser engañados o necesitan engañarse a sí mismos pueden glorificar un típico modelo político decadente que suele ser característico de las sociedades coloniales y semicoloniales.

En fin. La vida, como advierte el texto védico, es una constante elección entre senderos que se bifurcan y es un arte tomar las decisiones correctas en un universo fluctuante e incierto.
Pero estoy convencido de que “hay momentos en la vida en los que un hombre tiene que decir que no”, como dice Giancarlo Giannini en Pasqualino siete bellezas, el bello film de Lina Wertmüller.

8 de marzo de 2009

Falta y resto

Mientras unos tienen por hechos ciertos los rumores más precarios, otros convierten los hechos en falsedades. Y unos y otros son exagerados por la posteridad. Tácito

« De estos hombres se ve en seguida que son los triunfadores, los señalados, los acostumbrados a mandar »
La colmena, Camilo José Cela

A diferencia del nudismo, donde las ventajas saltan a la vista, encontrarle virtudes al kirchnerismo puede resultar más complicado.
Por eso no llama la atención el esfuerzo que ponen aquellos con pretensiones de seducción oficialista.
Aunque tanto esfuerzo es estéril cuando la intención es demostrar lo indemostrable.
Por ejemplo: que el kirchnerismo es un gobierno de “frente nacional”, como fue el de Perón, como lo sería el de Chávez, el de Evo, o quizás, el de Lula.
También es un despropósito llamar Unión Democrática al rejunte opositor y una gansada buscar semejanzas con Perón, confundiendo una democracia colonial derivada de la derrota de Malvinas con una revolución nacional.
Tampoco alcanza para justificar el “acompañar a Cristina”, el sostener, parafraseando a Leibniz, que “éste es el mejor de los gobiernos posibles”, referencia que inevitablemente remite al “yo o el caos” de Alfonsín.
En lugar de otorgarle atributos al gobierno "apelando al enemigo al que enfrenta, al programa que despliega y a las clases que se expresan a través de él”, como enseñan los viejos y desusados manuales, nos alertan sobre los peligros de “la derecha al poder”, sobre los riesgos que corremos si no ganan los “menos malos”.
Es evidente que todo esto no puede ser más que producto de un gran malentendido.
En primer lugar, Kirchner, que se hizo millonario durante la dictadura, que apoyó al menemismo (el "mejor gobernador" según Cavallo) y convertido, gracias al desguace de YPF, en uno de sus principales beneficiarios, fue el elegido por el “jefe” indiscutido de la “partidocracia” (el “gran elector” Duhalde) para sofrenar al alzado país del 2001. En definitiva la salida más funcional que encontró el poder real para salir de la crisis generada por el mismo. Por eso su gobierno no puede ser, y no lo es, el resultado de la movilización popular (como la caída de De La Rúa), sino su consecuencia.
Es curioso: la retórica oficialista insiste en que estamos ante un gobierno “nacional y popular”, pero entre los que han sacado mayor provecho de la política oficial encontramos a Grobocopatel, la Barrick Gold, Pan American, el FMI (a quién se le saldó toda la deuda), la banca privada, el capital financiero y timbero (la “patria financiera”) que no paga retenciones (único país en que la renta accionaria no paga impuesto a las ganancias), la “productiva” industria del juego (a una de las cuales el ex presidente le extendió la concesión, unos días antes de retirarse, entre gallos y medianoche, con la condición de aumentar el parque industrial con más máquinas, ¡tragamonedas!), la célebre “patria contratista” (a la que se le incorporaron los nuevos amigos del poder).
También contradice el pensamiento declamado: a pesar de que se pagaron más deudas espurias que en cualquier otro gobierno, la Deuda Externa, incluso después del “exitoso” canje, es más abultada. El índice de corrupción supera el de los corruptos “noventa”. Se “estatizan deudas”, con la excusa de “comprar soberanía”. Los impuestos “retrógrados” no se eliminaron.
Pero más curioso aún: mientras se niega el hambre, el índice de pobreza y la precariedad laboral crecen (y la concentración de la riqueza es más acelerada que en cualquier otro país de América Latina), en un clásico “tarifazo”, liberan, luego de subsidiar a las empresas durante años, las tarifas de servicios públicos.
Mención especial también merecen: la carencia de hipótesis de conflicto, la ausencia de la “cuestión Malvinas” en la agenda oficial, la permeabilidad a la presión del sionismo (caso Irán, genocidio palestino, penalización del “negacionismo”,etc). El veto presidencial a la ley de defensa de los glaciares (reserva de agua pura, elemento codiciado en el mundo en crisis). La promoción del saqueo minero.
¿No parece la continuación del proyecto enajenador iniciado hace 33 años por Martínez de Hoz?
¿O será que "les están quitando argumentos a los liberales", como justificó Moyano el pago al FMI?
¿O mejor: “menemismo con derechos humanos”, como popularmente lo definiera Capusotto?

En resumen, toda la retórica oficialista parece ser una gran simulación para disimular lo verdadero: un sistema burocrático conservador, donde “no hay amistades permanentes sino intereses permanentes”, integrado por "políticos profesionales", administradores del statu quo, y cuya única ideología es la derivada del presupuesto.
Sólo así puede entenderse a menemistas devenidos duhaldistas, devenidos kirchneristas, devenidos macristas. A Borocotó y a las últimas elecciones en Catamarca.

1 de febrero de 2009

Decepcionando amigos






El autor del blog, con sus acostumbradas reacciones objetadoras, le responde a un amigo que le envió una nota de un ex ministro de minería salteño sobre la renuncia de Picolotti a la Secretaría de Medio Ambiente.






Mi estimado Alfredo.

Para qué uno manda mails sino para recibir un poco de aliento y superar, aunque sea por un instante, la maliciosa sospecha de que uno está en cosas infantiles impropias de un tipo de cierta edad.
Por eso es curioso, por ejemplo, que un amigo al cual le envié la nota sobre el día internacional del animal, me la devuelva, en un tono veladamente crítico, argumentando que a él solamente le interesa defender los derechos de las personas con discapacidad.
¿Será que, como Joaquín Sabina, lo mejor que hago es decepcionar a mis amigos?.,. …
¿Será que lo mejor que hago es decepcionar a mis amigos?, me preguntaba en el momento de responder tu mail.
Pero es que, con mucha sorpresa, no exenta de consternación, leí la nota (a la que se agregó otra de JFB ) sobre la renuncia o reemplazo de Picolotti a la Secretaría de Medio Ambiente.
Tengo que ser sincero, leerla y reconocerte coincidiendo con ella, me produjo un poco de vergüenza ajena.
Por eso sería injusto de mi parte no enviarte esta opinión.
No me explico cómo, partiendo de las mismas premisas, llegamos a conclusiones tan disímiles.
En primer lugar, no voy a referirme a la Picolotti y su gestión, de la cual me guardo la opinión, sino al artículo en cuestión….
Como la problemática del medio ambiente es fundamentalmente política (como la mayoría de las cuestiones que nos importan) y luego técnica, el hecho que el autor de la nota sea doctor en Ciencias Geológicas (y encima ex Secretario de Minería de Salta) no le da más autoridad para hablar del tema, más que a vos o a mí (quizás todo lo contrario).
De acuerdo al autor, la Picolotti superaría a la Alzogaray como la peor Secretaria de Medio Ambiente. Sin embargo, para aquellos que creemos firmemente que el imperialismo y sus socios nativos son los responsables de la decadencia argentina, sus críticas demostrarían todo lo contrario.
En primer lugar ¿qué emprendimientos productivos trabó? ¿La minera de Trelew? ¿La pesca sin control en el mar argentino? ¿La tala indiscriminada de bosques? Sería bueno saberlo.
Luego la acusa de ser la responsable de haber “lastimando profundamente la hermandad con el honorable pueblo uruguayo” por el conflicto con Botnia (empresa que funciona de acuerdo a estándares imperialistas, perdón,”internacionales”), pero no dice nada de Kirchner, que, en principio, actuó tardíamente y posteriormente permitió pasivamente el corte del puente internacional (entre otras conductas "políticamente incorrectas" por el estilo).
Continúa sus críticas por la oposición de Picolotti a la actividad minera, actividad imperialista por excelencia (se llevan todo y no dejan nada, nada más que contaminación, pobreza, y devastación).
Le imputa haber impulsado la ley de bosques que “condenaría a la miseria al NOA”, es decir, impediría la deforestación indiscriminada para la sojización.
Y finalmente le adjudica la responsabilidad por la ley de defensa de los glaciares,“correctamente vetada” por la Presidenta, dice él (vergozosamente vetada, digo yo y agrego: estos “pequeños detalles” hablan de la naturaleza de un gobierno mejor que mil palabras).
Es evidente que por los errores que le adjudica no puedo menos que sentir simpatía por ella, emoción que no sentía antes de leer la nota.
No tiene sentido extenderme demasiado, después de todo es un correo para alivianar sentimientos.
Para finalizar: Si no podemos enorgullecernos de lo que hemos hecho, que nos quede por lo menos el orgullo de lo que no hemos querido hacer.

Un abrazo

5 de julio de 2008

Respuesta que anima

Adicto a responder interrogantes, decidí contestar el de los amigos de Anima Naturalis, ONG dedicada a la defensa de los débiles, los que no tienen voz, los que no pueden defenderse por sí mismos.
¿Por qué vegetariano?
En verdad debo admitir que la causa por la cual decidí abandonar la alimentación carnívora, fue una profunda voluntad no racional, en una extraña concatenación de circunstancias que sería muy largo de describir.
Sin embargo, algunas de las razones que me motivaron a cambiar las costumbres adquiridas fueron: la repulsión que sentía por la macabra exhibición de cadáveres colgados de los ganchos en las carnicerías y el mismo sentimiento repulsivo al ver en elegantes mesas 'bien servidas', despojos de animales, como la cabeza ahuecada de un cerdo, adornadas con palillos con queso para servirse.
A partir de ese momento mi historia no resulta nada original.
Pasé por todas las etapas que cualquiera que se decide a cambiar de hábitos alimenticios, debería pasar.
En cierto sentido, era inevitable.
El que rompe con los paradigmas establecidos, a no dudarlo, deberá pagar tributo por la osadía.
En principio, como todo convencido de haber encontrado la verdad en un medio hostil, pequé quizás de intolerancia y exceso de proselitismo.
Para asegurar mis convicciones, por ejemplo, abundé en explicaciones científicas, tratando de destruir mitos, como las carencias proteicas y de vitaminas (la célebre B12) de la dieta vegetariana.
Me batí en batallas imposibles para demostrar que el consumo de carne es una forma atenuada de canibalismo, una barbarie que seguramente asombrará a los ciudadanos del futuro, de la misma manera que hoy nos horroriza el canibalismo de los pueblos primitivos.
Intenté demostrar muchas veces, ante miradas asombradas, el daño ecológico que produce la producción cárnica.
Intimé a responder filosóficos interrogantes de no simple respuesta: ¿tienen alma los animales o son autómatas biológicos? ¿Son seres sufrientes como nosotros? ¿Aún no siendo poseedores de la 'razón humana', tienen derechos que debamos respetar, o peor aún, nos da derecho para traerlos a la vida, para torturarlos, masacrarlos y comerlos?'
Solía utilizar frecuentemente los argumentos de Elizabeth Costelo, el personaje (¿Alter Ego?) de Coetzee.
Comparaba los frigoríficos y los laboratorios con los campos de concentración nazis y denunciaba el silencio y la 'ceguera' de los vecinos de los campos y los mataderos como la manera de lavar culpas por el oprobio.
Y utilizaba, como ella, ante la recurrente pregunta ¿no come nunca carne?, la respuesta de Plutarco: 'Me pregunta Ud. por qué me niego a comer carne. A mí me asombra que Ud. se pueda poner en la boca el cadáver de un animal, me asombra que no le dé asco masticar carne cortada y tragarse el jugo de heridas mortales'
Sin embargo, luego de tantos cuestionamientos y explicaciones científicas y económicas, de competencias filosóficas y cruzadas morales y de resistir aprietes, lástimas e incomprensiones, me siento muy aliviado.
Es que nunca eché de menos la carne, como al cigarrillo, hábitos que abandoné, casi al mismo tiempo, hace muchos, muchos años.
Además, ignoro si debido a una dieta sana que siempre 'estimula y sienta bien', o por responsabilidad genética, desde ese momento mantuve una distancia saludable de los médicos y farmacéuticos.
Al fin y al cabo, ser vegetariano resultó ser lo más natural del mundo. No tiene contraindicaciones. No produce efectos colaterales, no produce daño a nadie y resiste eficazmente cualquier contraargumento.
Sin embargo, aunque saltar la 'tranquera' me puso en el compromiso de buscar, y finalmente encontrar, argumentos de todo tipo para justificarme, no fue lo decisivo.
Lo regocijante fue que lo fundamental, por inaceptable que parezca, resultó muy fácil de comprender.
En definitiva la posibilidad de conocer la compasión, no como un mandato que viene desde otro lado, desde afuera, sino como fuerza inmanente para interpretar y compartir el dolor ajeno, se convirtió en lo trascendente.
Por eso, en la ruta de Parsifal, el héroe de la ópera de Wagner, el 'necio puro' que llega a ser 'sabio por compasión', si caigo hoy víctima de los intelectuales racionalistas, modero las respuestas y les digo, sin vergüenza, como Wilde: 'Oh, dear, la compasión es algo admirable' 'yo doy gracias a Dios cada noche.., sí de rodillas, le doy gracias por habérmela hecho conocer.'

17 de abril de 2008

Transfiguración

Yo no pecaré de soberbia creyendo que voy a rescatar a la política, convertida en actividad fabuladora.
Lo que realmente me importa es más modesto e inmediato: me gustaría despejar horizontes que en los criterios oficiales asume caracteres casi esquizofrénicos. Y hacer más digerible la dispépsica retórica oficial.




“Y llegan tiempos en los que la indignación y la vergüenza son tan grandes que sobrepasan a todo cálculo y toda prudencia, y uno debe actuar, es decir, hablar.” J.M.Coetzee


“camino francés, venden gato por res”
Digamos que era inevitable.
La operación incluía riesgos, pero también resolvía problemas.
Muy poderosas razones de estado, de ánimo, obligaban a enfrentarse con unos y a pagar tributo con otros.
Eso, aunque no lo justifica, ni lo exculpa, lo explica todo.
Por tanto, como a corto plazo importa sólo guardar las apariencias, curiosa consecuencia, comienza el proceso de elaboración de eufemismos. Y a echar mano a un dúctil instrumento, la tergiversación verbal.
Se advierte claramente, entonces, que producir un quiebre en la gramática establecida es ya una acción política.

“¿Cuál es el poder con que cuentan las palabras?”
Las palabras, convertidas en instrumento ideal de la comunicación., a veces inexactas o equívocas, son de utilidad porque aluden a personas, seres, objetos o circunstancias.
Y, como descubrieron los hombres astutos, poseen un intenso poder sugestivo y una honda capacidad evocadora, capaces hasta de convertirnos en esclavos de la semántica.
Puede asegurarse, aunque sorprenda, que no existirían problemas semánticos, ni políticos, si las palabras tuvieran un único y desapasionado significado.
Campo, oligarquía, democracia, dictadura, son vocablos no afectivamente neutros, no carecen de vívidas asociaciones afectivas.
Sabemos, además, que, pese a que “una rosa seguirá siendo una rosa con cualquier nombre”, importa más el nombre que el nombrado.

“¿qué misterio hay en tus palabras confusas, en tus débiles quejas...?”
En el esfuerzo destinado a convencernos de que la historia ficticia es en verdad, real, se asiste, como en el “1984” de Orwel, a la construcción del “newspeak”, la lengua oficial, fundada en idiomas sintéticos, siglas y slogans.
Y a un tono quejumbroso en los discursos, que más que debilidad individual, parece la exhibición, a veces multitudinaria, arrogante, de una burla.

Déjá-vu
Hemos visto desplazar la atención, evocando acontecimientos del pasado.
Muchos adultos experimentan esa peculiar sensación de “lo ya visto”.
Quien protagoniza hechos de esta naturaleza perciben que un fenómeno actual lo remite a otro anterior.
¿Por qué se produce este fenómeno?
Para el Dr. Chris Moulin, especialista en el tema, se trata de una falla en el lóbulo temporal del cerebro que produce esos falsos recuerdos. La persistencia de estas situaciones pueden conducir a grandes depresiones y terminar en la locura.
Para la parasicología se trataría de un fenómeno extrasensorial asociado a la clarividencia o la precognición.
Para la psicofisiología el fenómeno es una clásica paramnesia, producida por cansancio extremo, momentos de inestabilidad emocional o estados alterados de conciencia.
En política es atendible, con la condición de no ser tomado en serio.

síndrome del complot
Cuando un empleado público falta a la justicia en las resoluciones propias de su cargo, conscientemente o por ignorancia inexcusable comete el “pecado” de prevaricar.
A menudo, quien prevarica, a sabiendas de que lo hace, deseará, en cierto modo, legitimar su propio gesto: “tenemos el derecho de prevaricar porque somos los mejores”.
Intentará, además, encontrar a alguien que esté dispuesto a justificarla e incluso, obtener el consenso de quien es la víctima. Por consiguiente utilizará argumentos retóricos para ser convincente.
Y suele llevar también a otra forma de la prevaricación: el recurrir al síndrome del complot.

tesis
Todos los factores del atraso se volcaron sobre el país hambriento y desorganizado haciendo del funcionario estatal el verdadero privilegiado de la nueva época. El burócrata que se eleva sobre la miseria general “como el gendarme que reparte el poco pan existente entre muchos”, en realidad el bribón y despojador que es el típico burócrata..., que con su ineptitud suele dilapidar los recursos.
El reemplazo brutal y tajante del burgués por el burócrata, por ejemplo, fue una de las grandes tragedias de la revolución rusa.
(aunque yo no he tramado esta tesis, tiendo a dejarme convencer por ella)

somatenista
En Los cuatro peronismos, Alejandro Horowicz sostiene que la única fuerza propia, confiable, con que contaba el general Perón vuelto del exilio, el tercer peronismo, era la policía.
Para el último “peronismo”, en cambio, quizá por prejuicio ideológico o condicionamiento político, sólo cumplirían ese requisito las “milicias” piqueteras del somatenista D’elia.
Obligados a vivir bajo la protección del estado, éstos adhieren con énfasis, sin desviaciones y con firmeza a la política oficial.
Necesitan de los otros, pero cuando los otros no se pliegan a sus deseos, la violencia los tienta para imponerlos. La sensación de impunidad, como es previsible, los predispone a la prepotencia.

“señores, están completamente equivocados, el mundo no avanza, retrocede”

Vaya por delante la confesión: los ganaderos y chacareros me inspiran poca simpatía. No podría tenérsela a quienes suelen ser más ricos, más individualistas, más conservadores. Y a quienes no se sienten llamados o impulsados por ningún tipo de “misión” histórica o divina.
Pero las divergencias actuales no pueden atribuirse, como en una remake de los setenta, a la voracidad de la parásita, gorila y golpista oligarquía. Sería un despropósito.
Parece más lógico pensar que la responsabilidad le cabe al ávido gobierno, que no puede controlar, debido a su adicción al “modelo”, la insaciabilidad fiscal.
Lecturas mal digeridas también pueden provocar confusión caracterológica.
La incompetencia consiste en confundir clases sociales, por ejemplo, una rentística con una productiva.
La descalificación de la burguesía agraria, aunque muy revolucionario, en palabra, por antinacional, se convierte en absolutamente retrógado.

Hemos presenciado en estos días, terrorismo de opinión, maniqueísmo, hipocresía, mendacidad e infatuación. Esto es circunstancial.
En definitiva, años de ilusiones, esfuerzos y fracasos nos convirtieron en lo que somos.
Pero ningún país es sólo el que es, sino también, y sobre todo, el que pretende ser.
De ahí lo necesario: una revisión crítica de conceptos tradicionales. Elevar lo primordial a insuficiente, apuntar más lejos.

De otro modo, y como ahora, nunca tendremos patria, sino un país donde se multiplica la fragmentación, y sólo prospera la salvación individual.

5 de abril de 2008

¿A paso de vencedores o a paso de cangrejo?

Silencio de blog

El silencio del blog, injustificadamente largo, tiene como única causa el hecho de que yo quería escribir con la tranquilidad necesaria, sin la cual publicar habría sido una falta de consideración hacia el lector, algo que no estaba dispuesto a hacer.
Pero, en virtud de la creciente influencia de las clases medias, a las que Sartre atribuyó el “oficio de opinión”, y en defensa del derecho de buscar la verdad libremente, aún seriamente ansioso, por el contrario alegremente expectante, vuelvo a publicar.


“Me estoy convenciendo de que el mundo quiere decirme algo, mandarme mensajes, avisos, señales” Italo Calvino,


Pudo notarse en los últimos días un ambiente enrarecido, cargado de fantasmas.
Consecuencia compartida por la incompetencia y la irresponsabilidad. Y la peor y más ruin de las cualidades humanas: la astucia.
Porque fastidiaron, durante días, con tantas palabras, tantas expresiones de intencionalidades, de políticas que se deciden en otra parte, produjeron más cansancio que conciencia, más escepticismo que entusiasmo.
Se entiende entonces por qué las nuevas generaciones casi ni se conmueven por las continuas apelaciones a la acción política.

“Colectivización forzosa”
Resulta altamente llamativo esa pretensión de aumentar las retenciones, en consonancia, improbablemente fortuita, con el viaje de la presidenta a Francia. Y con las pretensiones del Club de París de saldar deudas.
Lo cierto es que, para alegría de la ferviente militante del “esoterismo de centro izquierda”, la Sra. Carrió, resultó notable la carencia de elemental prolijidad para enfrentar situaciones de este tipo.
Es que “los neomontoneros son desprolijos, pero están impulsados por la apasionada dignidad humanitaria”. Impelidos por las grandezas de las causas justicieras.
Aunque en política, como advierte Lenin, no es serio fiarse de las convicciones y de las bellas cualidades del alma.
Digamos, además, que lejos de ensayar un proyecto golpista, los hombres del campo aspiraban, apenas, a hacer buenos negocios.
Y a ponerse en posición de convertirse en la nueva burguesía, aunque esta vez no “prebendaria”.
Sin embargo, la burocracia sin rumbo puso un freno al impulso.
Al fin y al cabo, la presidenta, injustamente valorada, concibió, con sus desatinados despropósitos, la insólita unificación agraria.
Para terminar. De esta extraña “lucha de clases” entre “burocracia estatal” vs. “burguesía agraria” por la renta, queda, aparte de una serie de imposturas caricaturescas, una pregunta: cómo harán los colaboracionistas de hoy para explicar, tarde o temprano, el oportunismo de sus posiciones.


Continuará...

31 de agosto de 2006

El Dictador




Escribir le produce un efecto curioso: lo obliga a plantearse problemas a los que de otra forma no le prestaría ninguna atención.
Aunque no pueda hablar del Dictador sin mayores explicaciones, quiere escribir sobre él.
Está muy atento a su afección, envuelta en silencio, convertida en seguridad de Estado.
Encuentra a los analistas políticos émulos de Horangel (benemérito profesor, adivinador de sueños y pronosticador de muertes, que define su profesión como “arte conjetural”), meros conjeturadores.
Evoca el “viva el cáncer”, escrito en las paredes de Buenos Aires al conocerse la enfermedad terminal de Evita, cuando festejan la novedad de su dolencia.
Tiene la impresión de que las modernas democracias terminaron por dejar fuera de carrera a los héroes.
Imagina, en una época escasa en héroes, que se lo podría equiparar con el primero, Prometeo, porque ambos desafiaron a los dioses estableciendo la independencia y la autonomía contra todo determinismo, terminando los dos encadenados y bloqueados y con un buitre devorándoles las entrañas.
Opina que la condición de héroe tuvo una influencia decisiva, pero no habría tenido ninguna posibilidad de serlo si la historia no se lo hubiera permitido. Estima, sin abusar de la metáfora, que fue engendrado por la historia.

¿Utopía real?

No para de pensar. Considera que es contraproducente tener certezas cuando hay paradojas.
Le cuesta entender a los panegiristas, pretenciosos de convertirlo en símbolo y estandarte de la “revolución” y el “socialismo”.
Nota que al adepto le resulta más fácil tomar partido porque ahorra pensar.
Dicen que la sociedad que él encarna se llama “socialismo”.
Le gustaría creer que sí, pero no puede.
Recuerda a Marx que por socialismo entendía una sociedad cuyo desarrollo económico fuera desde su principio superior al del capitalismo más avanzado.
No olvida a Lenín que juzgaba a la sociedad soviética como un “camino”(que no es el mismo que termina en las ruinas del muro de Berlín).
Advierte, como Trotsky, que es más peligroso confundir el presente con el futuro en política que en gramática.
Se pregunta, entonces: ¿Se la puede nombrar “revolución”?
Ignora la respuesta. Pero tiene claro que si no vuelve al punto de partida sin duda lo merece.
Descubre que en el largo camino recorrido por el Dictador, entre espadas de Damocles, abrazos de oso, aciertos e imprudencias, la Patria salió indemne.
Admite, aún con dudas, como verdad, que “socialismo” es el vestuario con el cual el patriotismo se vistió para enfrentar a sus enemigos.
Está preparado, finalmente, para aceptar lo que la historia dictamine.
Ahora se sienta a escribir esperando que el destino se manifieste.
Aunque sabe que a menos que se disponga a actuar, nunca ocurrirá nada.

Entrevista
Pregunta el entrevistador sobre los rumores acerca de su muerte.
“Lápida será mi ausencia sobre este pobre pueblo que tendrá que seguir respirando bajo ella sin haber muerto por no haber podido nacer”.
Lo que quiere saber el entrevistador es si alguien podría reemplazarlo en la muerte.
“Del mismo modo que nadie podría reemplazarme en vida. Aunque tuviera un hijo no podría reemplazarme, heredarme. Mi dinastía comienza y acaba en mí. La soberanía, el poder, de que nos hallamos investidos, volverán al pueblo al cual pertenecen de manera imperecedera”.
El entrevistador pretende que se haga cargo de escatimar libertades.
“Esos pocos particulares presos, aparte de los traidores y conspiradores, lo están en calidad de rehenes de la libertad de todo el pueblo”
Considera el entrevistador que solidez es lo que tiene de sobra.
“... mi patria está cometiendo, y continuará cometiendo, que no lo dude nadie, el pecado de existir”
Confiesa el entrevistado el deseo de que un escritor como Roa Bastos lo inmortalice en la literatura.
“La muerte aún no me acompaña. Pero la muerte es impredecible, sólo hay que darle tiempo”.

31 de julio de 2006

Fútbol mundial



Quien no se desahoga, se ahoga
Con un nudo en el estómago, con palpitaciones desaforadas y con una angustia difícil de manejar, así era el estado en que me encontraba luego de ver el partido Argentina-Alemania.
Aún conmovido, silenciosamente me seguía preguntando: ¿Por qué tuvo que irse Abondancieri? ¿Por qué tuvo que errar Ayala y encima errar Cambiasso? ¿No hubiera sido decisivo, en ese partido definitorio, las gambetas de Messi?.
Aunque nadie me pedirá rendir cuentas, sin embargo me siento estar bajo sospecha.
Muchas veces me cuestioné seriamente si de verdad me gusta el fútbol, si no será una pose, una impostura, de aquel que sigue la corriente para no quedar desubicado.
Pero, mal que me pese y que le pese a algunos, comparto el sentimiento.
¿Por qué estoy dispuesto a sufrir por él? ¿Por qué me es imposible serle indiferente?
Sinceramente, ignoro los motivos. Al fin y al cabo todos tenemos momentos de debilidad, razones del corazón que la razón no conoce.
¿Cómo voy a evitarlo? ¿Mintiéndome? ¿Traicionándome? ¿Disimulando? No tiene sentido....

“Yo soy inmenso... y contengo multitudes”
Con la lógica irracional que el fútbol nunca deja de despertar, se establece una línea fronteriza: a un lado están los que disfrutan del fútbol (como es mi caso); al otro están los que aborrecen de él (en general mujeres, y sobre todo intelectuales) y que suelen preocuparse y preguntarse:¿Por qué negros, blancos y amarillos, viejos y jóvenes, pobres y ricos, izquierdistas y liberales, aguzan la vista y el oído cuando de fútbol se trata? ¿Por qué se sigue hablando y hablando y hablando de un hecho tan trivial como veintidós boludos disputando una pelota? ¿Cómo es posible, cómo se entiende, que la FIFA tenga más países afiliados que la ONU?.
Además, lo que en principio parece demasiado fácil, le cargan el sambenito de ser un gran negocio. Y señalan que es aprovechado políticamente y hasta convertido algunas veces en cuestión de Estado. Incluso hay quienes, haciendo mal uso de Marx, lo estigmatizan como el opio de los pueblos.
Entonces es cuando, cual buen amante, me veo obligado a recoger el guante.
En principio, se confunden quienes creen que el fútbol es una diversión. Yo diría que más bien es algo tremendamente serio y, como las corridas de toros, no divierte a nadie pero interesa y apasiona a muchos.
Se equivocan, además, los que piensan que sólo es un negocio. Porque, aún siéndolo a cierto nivel, lo paradójico es que el atractivo principal sigue siendo el juego.
Tampoco es pecado si “la comunidad imaginaria de millones, como señala Eric Hobsbawn, parece ser más realista que la de un equipo de once personas”. Más bien es virtud poseer la capacidad de convertirse en símbolo de pertenencia, de identidad, sobre todo nacional .
Pero menos todavía debería inferirse complacencia política cuando produce alegría popular. En todo caso, si produce rédito político, o no, la culpa no es del fútbol, cómo habría de serlo, sino del anfiteatro en el que se desenvuelve. Podría decir con Whitman,: no es mi culpa si soy inmenso... y contengo multitudes.

Pariente del arte
Hay algo en el fútbol que lo emparenta con el arte. Como el arte, el fútbol es menos comprensión que sentimiento y su sentido profundo no depende del estrecho marco de la realidad del juego sino de la universalidad del simbolismo oculto en él.
Téngase en cuenta, además, que si nadie pudo escribir una novela de fútbol, quizá sea porque es en sí mismo una novela.
En el fútbol, donde sólo el desenlace es seguro y todo lo demás se supone, hay misterio, tensión, incertidumbre y enemigos y víctimas, traidores y taimados, buenos y malos, ocultismo, exotismo, luchas políticas y religiosas, conspiraciones, amor, dolor, muertes y resurrecciones, infierno y cielo, belleza y lógica.
¿Se necesita más para ser una novela?

La revancha
El único consuelo que me quedaba era saber que, a diferencia de la vida, donde no siempre hay otra oportunidad, en el fútbol hay revancha, hay derrotados pero no vencidos.
Y como todos aquellos que se interesan por el fútbol, sabré esperar, con toda la paciencia que pueda disponer y con esa parcialidad de percepción y sentimiento a la cual estamos condenados, el desquite.
Con una tierna sonrisa de padre (o mejor de abuelo) me resignaba a lo que me había reducido mi relación con el fútbol, casi a olvidarme de mí mismo.
Pero, al fin y al cabo, como sostenía Machado, al fundir el corazón/con el alma popular/lo que se pierde de hombre/se gana de eternidad.

7 de junio de 2006

En familia








“...malo/ malo/ malo eres/ no se daña a quien se quiere” Malo, Bebe




Apuntes a partir de la lectura del libro Violencia en la familia... de eso no se habla de Mabel Anido, editado por Lumen.





Hace poco un señor ya canoso y cincuentón me comentaba que su mujer decidió separarse después de treinta años de matrimonio, algunos hijos y nietos.
Lo curioso es que culpaba de todo a Menem: “le dio demasiadas alas a las mujeres”, dijo, “antes no se hubieran atrevido a insubordinarse, ahora ni un grito se bancan”.
Quizá lo que el hombre había percibido se debió a que en esa época, producto de un acelerado cambio en la consideración a la mujer, se dictaron e implementaron leyes que les permitieron defenderse de la violencia a la que estaban acostumbradas a resignarse. Y también a que los casos de violencia doméstica comenzaron a hacerse públicos a través de los medios de comunicación.
Por ejemplo, en el conocido y reconocido drama de televisión “Mujeres asesinas”, en cuya cortina se escucha el reproche de una mujer por castigos infligidos, lo más trágico es que todos los relatos son tomados de la vida real; hechos que en su momento fueron públicamente conocidos.
En todo caso, lo cierto y saludable es que salió a la luz algo de lo que hasta hace poco “no se hablaba”: que familia y violencia viven juntas desde siempre.
Por eso, el mayor mérito de Violencia en la familia... es tratar, y con acierto, el espinoso tema de la violencia doméstica.
La autora, psicoanalista y especialista en violencia familiar, se propone con el libro saldar una deuda pendiente, aunque sabe (lo dice desde el prólogo), que no la terminará de pagar mientras exista violencia en una familia.
El texto intenta demostrar que “la violencia en la familia no es algo natural”, que es un “problema complejo, pero tiene soluciones”.
No propone una mirada moral sobre el problema. Se aleja del juicio simplista de “víctimas y victimarios”, “sin que eso signifique justificar el abuso o el maltrato”.
Si bien aborda el problema desde el psicoanálisis, no lo reduce a los límites de un campo en particular. Lo concibe como proyección física de un problema mental, cultural y social.
Además, lo que vuelve interesante al libro es la serie de entrevistas a pacientes en consulta, casos paradigmáticos de noviazgos violentos, mujeres, niños y ancianos maltratados y abusados.
Aunque se cuida de no caer en la trampa de los golpes bajos, como la descripción obscena y detallada de los relatos de violencia.
Sobre todo pone énfasis en el método de interpretación, que consiste en extraer, a la luz de los materiales aportados por el sujeto, el “contenido oculto” del “contenido manifiesto”. Estudiar lo que ocurre en el ser humano, mediador activo y pasivo entre la estructura económica y social y la falsa conciencia, para incorporar ese conocimiento a la comprensión total del fenómeno.
Aunque la violencia no se explique totalmente por sí misma sino por una estructura más profunda, sin embargo, el tratamiento psicológico, aún no suficiente, es condición necesaria para superarla.
Y para eso, Anido apuesta a la magia de la palabra: “si escuchamos y le brindamos palabras para nombrar su dolor...esa persona podrá salir adelante por sus propios medios”.
El libro tiene, además, un valor incuestionable que lo ubicará en el manoseado rubro de libros de autoayuda: la lectura puede servir como el espejo a través del cual se reflejen los protagonistas de la violencia y de ese modo encontrar la lucidez que les permita pedir auxilio, requisito ineludible para encontrar el principio de la solución.
Aunque me gustaría citar todo el libro, más vale remitir al lector a él y darme por satisfecho si logro servir a ese objetivo.


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25 de mayo de 2006

El "Cordobazo"




El 29 de mayo de 1969 se produce en la ciudad de Córdoba un acontecimiento no muchas veces visto en la escena política argentina en el siglo XX: la irrupción violenta en las calles de las grandes mayorías populares.
No era ésta la primera vez que ocurría, ni será la última.
En todo caso es bueno recordar lo que muchos olvidan deliberadamente. Este acontecimiento será la culminación de un vergonzoso proceso que se inicia en el mismo lugar, en el ‘55, cuando estalla la conspiración armada cívico-militar contra el primer gobierno de Perón.
El golpe de estado del ‘66 que derroca al gobierno surgido de la proscripción del peronismo (como lo era el de Illía), dará lugar a una dictadura militar llamada “revolución argentina”. Pero en realidad era la continuación dialéctica de la primera, de la “libertadora”.
Cambiaba el envase pero el contenido seguía siendo el mismo: un sentimiento y una certeza (el odio al peronismo y la imposibilidad de democracia política mientras el peronismo sea el seguro ganador de los comicios).
El general Onganía recibe la suma del poder público con veleidades de autócrata y presunciones de infalibilidad. El último cristiano puro que nos quedaba pretendía llevarnos a un idílico lugar donde el orden y las jerarquías serían restablecidas y a un largo ayuno político que nos serviría para purificarnos de las ideas contaminadas de la Revolución Francesa.
Con un “desensillar hasta que aclare” el pueblo se repliega en un principio hacia el silencio.
Después de todo, estos militares, herederos de la pasión gorila, igualaban a los peronistas con el resto: a todos los partidos les expropian sus sedes y a los estudiantes les intervienen las universidades.
Finalmente todos los sectores tenían las manos atadas a la espalda, excepto los grandes intereses económicos nacionales y extranjeros que hasta ubicaron a uno de los suyos en el Ministerio de Economía.
La violencia tardaría todavía en desatarse, aunque ya se empezaba a oler a pólvora y a sangre.
Los estudiantes y los obreros comenzaron con reclamos que rápidamente se generalizaron, recibiendo por única respuesta: represión.
Mientras tanto, en la ciudad de Córdoba los obreros preparan un plan de lucha por mejoras salariales. Declaran un paro activo (huelga y marcha) para el 29 de mayo.
A la mañana de ese día se disponen a manifestar pacíficamente hacia el centro de la ciudad.
Al frente de las columnas marchan los dirigentes sindicales que lanzaron la huelga de protesta sin el apoyo de la “ultraizquierda”(trágicamente famosos algunos de ellos luego), por valorarlos “burócratas”.
Se le unen en el camino los estudiantes universitarios. Esta será la originalidad (por primera vez obreros y estudiantes marchan juntos por los mismos objetivos).
La marea humana avanza decidida. La policía intenta detenerlos sin demasiada convicción.
Solidaridad en la lucha de todo un pueblo. Comerciantes, profesionales, amas de casa, se unen espontáneamente. Esconden a los estudiantes en sus casas para eludir a la policía; les dan material combustible para las barricadas y los incendios, que evitan las cargas policiales y los efectos de los gases lacrimógenos.
La ciudad en su totalidad se encuentra en manos de los manifestantes. A la autocracia elitista les responden con la consigna “... y luche/ luche/ luche/ no deje de luchar/ por un gobierno obrero/ obrero y popular”
Sobrepasada la policía, sobrepasada la gendarmería y cuando ya hay francotiradores por toda la ciudad, comenzará el repliegue de las masas y a continuación la entrada en puntas de pie del ejército a la ciudad.
El autócrata, que ya estaba ciego, se sorprende de que el pueblo de Córdoba se haya sublevado. El que amenazaba con una dictadura sin plazos y sí con objetivos a cumplir. El que prometía poner orden en el caos y terminar con el peligro comunista, termina perdiendo ya no sólo el favor del pueblo, que nunca tuvo, sino también el de los que lo habían ungido.
¿Qué había sucedido? ¿Porqué esa violencia colectiva? ¿Quién la concibió? ¿Quién la dirigió?.
En una visión individualista y conspirativa de la historia, los dueños del poder van a ver en el reclamo estudiantil, con la posterior muerte de Cabral en Corrientes, el inicio de un plan subversivo. En el armado de barricadas verán tácticas de guerrilla urbana. En los enemigos agazapados, a los subversivos que todo lo planificaron. Un ensayo general de lo que luego sería la guerra subversiva. Si hasta sus enemigos en el ejército habían dejado hacer para perjudicar al gobierno.
En esa visión parcializada de la vida hay una subestimación de lo colectivo como generador de historia (si hasta le niegan a los pueblos la posibilidad de una conciencia colectiva).
Sin embargo en un ejercicio de memoria histórica libre de las pasiones de la época y de los intereses específicos, debemos decir que el “cordobazo” fue una manifestación espontánea de protesta frente al autoritarismo implacable.
No hubo dirección, ni organización, ni plan alguno, fue simplemente un pueblo que “hizo tronar el escarmiento”.

14 de mayo de 2006

Papeleras: paralaje




Aunque demasiada tinta ha corrido sobre el tema (lo puede comprobar buscando “Papeleras” en el Google), permítame cometer la impertinencia de darle otra pasada.
Es que pocas situaciones dieron tan ambiguo alimento a las interpretaciones, más aún a las tergiversaciones más tenaces, injustas y disparatadas, como ésta.
Además, como diría Mark Twain, no sé si este conflicto está siendo manejado por personas inteligentes que nos están jodiendo o por imbéciles que hablan en serio.
La incertidumbre no puede deberse a la ignorancia de datos, sino más bien a lo contrario.
Las noticias son tan abrumadoras que nos distraen. Mejor le diría: nos despistan.
Porque salta a la vista que todo es un error de óptica, una paralaje. La paralaje, término derivado de paralelo y eje, se refiere a las aparentes diferencias que tiene un objeto de acuerdo con el punto de vista elegido.
Se trataría entonces de desaprender datos y en cambio desentrañar las opiniones.

Pasando revista
Pasando revista a las variadas interpretaciones, sorprende enterarse, por ejemplo, que detrás de los cien mil manifestantes de Gualeguaychú, sin consignas partidarias y con banderas e himnos de Argentina y Uruguay y con el único propósito de reclamar aire puro y agua pura se encuentre un nacionalismo parroquial y el “divide et impera” de la perfidia imperialista.
Como causa impresión descubrir que las inversiones extranjeras del estilo Botnia-Ence son el requisito indispensable para escapar al atraso semicolonial.
Igualmente cuesta coincidir con los que se atreven a exhumar cadáveres, como el del Supremo Entrerriano o Artigas, con miras a encontrar una respuesta original y que sólo puede servir como tesis para una licenciatura en historia pero nada aporta políticamente (Quizá haya que resucitar algún muerto pero no en esta ocasión).
Pero sobre todo es complicado convenir con la incomprensión (o superficialidad) de los que no entienden otras contradicciones más que la de poseedores/desposeídos, o con los que sólo reconocen ideologías pero no intereses.
También es difícil aceptar como sinceras las opiniones en defensa del medio ambiente de intendentes y gobernadores reunidos por el presidente en Gualeguaychú con motivo de la presentación en La Haya (las realidades de sus feudos sobre el tema no ayudan a despejar dudas). ¿No se tratará, más bien, de una solución de simulación para salvar el pellejo, ya que “Kirchner se durmió, como dice un turco amigo, y por eso intenta huir hacia adelante, ganar tiempo y no quedar solo en el fracaso”?.
Tampoco es de fácil asimilación ver al compañero Tabaré cumpliéndole el sueño a sus predecesores y sumándole el anhelo de convertir al Uruguay en Estado Libre Asociado, con el riesgo cierto de romper el Mercosur y su propio frente.

La salida
Me parece que ya es hora de dejar de preguntarse con Borges:“¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza?”, para meterse con brevedad en la búsqueda de las salidas.
El embrollo se resuelve de cara al futuro, con imaginación y agudeza de ingenio, comprendiendo la diferencia entre lo circunstancial y lo estratégico. Sin pretensiones de rendición incondicional y por supuesto, abandonando el jactancioso juego de ver quién la tiene más grande.
Además, no se me ocurre mejor solución para corregir los errores de paralaje que salir del limbo de los difuntos y del lugar intermedio entre dos urnas, para colocarse en la perspectiva latinoamericana.
Ahora bien, ocurra lo que ocurra, es claro que no es litigar en tribunales internacionales la mejor solución, sino, como sostenía en un reciente comunicado la “diabolizada” Greenpeace, “reiniciar en forma urgente las negociaciones entre ambos países” y aprovechar el conflicto para, por ejemplo, “adoptar un plan regional de producción limpia que regule a la industria del papel”.
Hasta acá mis opiniones pretendieron connotar y aclarar (sin presunción de conseguirlo), ahora es el turno de esperar que en el desenlace, hoy como ayer, el destino común gravite sobre el espectáculo de los arrebatos y las declaraciones extemporáneas.

19 de marzo de 2006

24 de marzo: Memoria del mal



Un diálogo con el pasado siempre es útil. Recordar, no olvidar, utilizando los conocimientos de la historia, es provechoso para pensar sobre el presente y como reflexión moral y política.
Seguramente el 24 de marzo se recordará el sacrificio de miles de argentinos a manos de la dictadura militar. El consiguiente repudio moral a las violentas desapariciones. Y la unánime condena al Proceso.
Aunque sospecho que esa reivindicación de la memoria quizá no alcance a toda la época y ni siquiera a todos los protagonistas.
Porque, por ejemplo, reducir la memoria al terrorismo de estado sería de una simplificación tendenciosa que sólo puede servir para repetir la tragedia.
De la misma manera que no podría entenderse el nazismo sólo por los campos de exterminio, tampoco podría entenderse la dictadura militar sólo por los desaparecidos.
¿Quién puede no condenar el horror moral de las desapariciones? ¿Quién puede defender al totalitarismo como intento por someter al individuo y al grupo y de imponer valores únicos a toda la sociedad, proyecto que hoy sabemos que es imposible y trágico?.
Pero de lo que se trata es de no ahorrar verdades. O sea: decirlas.

La antesala
La descripción del espíritu prevaleciente en la época del golpe, con sus violentas manifestaciones, el culto a la sangre, ha sido hecha muchas veces y no es necesario repetirla.
Sin embargo, importa, y mucho, las acciones e inacciones que ayudaron a construir los sólidos cimientos de aquel innecesario 24 de marzo.
Sería saludable repasar los acontecimientos anteriores.
Por ejemplo, desde el ´73 en adelante. Desde el regreso de Perón. Circunstancia que coincidía, como bien lo apuntaba Abelardo Ramos, con un florecimiento de las ilusiones más exageradas de un sector de la juventud de la clase media, que pretendió ver en el anciano caudillo “virtudes” que no poseía y que desilusionados, luego, pasarían muchos de ellos a la oposición, mientras una minoría a engrosar los grupos terroristas.
Esos grupos terroristas (algunos de distinto signo ideológico y un común odio al peronismo y otros prohijados desde el gobierno) que con sus criminales provocaciones y su contribución al caos le otorgaron el pretexto ideal a los militares sediciosos para hacerse del poder.
También vale poner al descubierto a todos los medios de comunicación y a los poderosos bandidos del “mercado”, que jaqueaban al gobierno. A la izquierda y la ultraizquierda gorila, que contribuyeron a echar más leña al fuego con la idea de “cuanto peor, mejor”. Y el lavado de manos de Balbín, jefe de la oposición, frente al inminente pronunciamiento militar.
Muchos de ellos, luego, terminaron ocupando variados cargos públicos, como radicales y socialistas, o apoyando, como el PC a las “palomas” Videla/Viola, contra los “halcones”, en el momento más álgido de los negocios con la Rusia comunista.
También merecería destacarse, por supuesto, los errores del propio gobierno y la cobardía de la dirigencia peronista, política y sindical, que no hicieron lo suficiente para sostenerlo.

El cesarismo
Caído finalmente el débil gobierno peronista, popular y democrático, entra en escena el más retrógrado cesarismo conocido.
Se interviene la CGT y la CGE, aunque no la Sociedad Rural. Los partidos políticos son proscriptos. La economía pasa a manos “privadas” mientras el crimen pasa a ser una cuestión de estado.
A la cúpula militar solamente los unía el deseo de contestar eficazmente las provocaciones terroristas. Y para eso echaron mano a los manuales de contrainsurgencia facturados por los franceses.
Rogelio García Lupo se preguntaba sobre el por qué nadie alertó a tiempo a los jerarcas militares sobre los riesgos que asumían al reproducir simiescamente en el país los métodos de contrainsurgencia empleados por los franceses en sus aventuras coloniales, desconociendo que acá no se trataba de una guerra colonial sino, a lo sumo, de una “subversión” armada. Y que además esos métodos ni siquiera les dieron resultado a sus mismos creadores.
La batalla militar, que el Gral. Harguindeguy se jactaba de haber ganado, fue llevada a cabo de un modo tan furtivo que la mayoría de los argentinos todavía no sabemos ni la exacta cantidad de víctimas ni si eran inocentes o culpables, ya que no tuvieron ni un justo juicio ni una condena digna. También reconocía el émulo de Lavalle, aunque no de San Martín, que habían perdido la batalla política.
Es decir: habían “ganado” una batalla, pero perdieron la guerra. La Argentina la perdió.

Ahora
Además de una suma de errores, el 24 de marzo del ’76 es una serie de faltas, o más grave aún, de pecados.
Y como todas las tragedias se alimentan de negaciones, simplificaciones y de mucho dogmatismo, encomendémonos a la Memoria para que se desvanezcan las crueles utopías que ensangrentaron al país, fumiguémoslas con la crítica, como decía un poeta, para no ser condenados a contar la misma historia.

23 de febrero de 2006

Papeleras: papelear






Está instalado en los titulares de los diarios y noticieros. Tanto la instalación de las papeleras como la resistencia han provocado amplias polémicas en contra y a favor.
Quizá porque con los años me volví más cauteloso con los juicios, sobre todo con los políticos, y ya no puedo “amar sin presentir”, mucho de todo esto me resultaba sumamente falso o inconsistente.
Hice un esfuerzo por liberarme de este estado, refugiándome en el mundo espiritual de los antiguos.
Recibí por único consejo: Lo mejor que puede hacer es alejarse de la noticia y acercarse al acontecimiento, porque la noticia suele diluirse en propaganda mientras el acontecimiento se convierte en historia. Y para no ser devorado por la historia debe proponerse descifrar esa realidad enigmática.

Las preguntitas
Para encontrar respuestas y salir del dilema me pregunté:
¿Qué es verdad? ¿Qué es mentira?, como solía hacerlo el ciudadano Harold Pinter, aún sabiendo que una cosa no es necesariamente cierta o falsa y puede ser al mismo tiempo verdad y mentira; que no hay grandes diferencias entre lo verdadero y lo falso, ni entre realidad y ficción.
¿Por qué se genera el conflicto? ¿Por la acción subversiva de los “ambientalistas”?
¿O mejor por la impericia del poder político que terminó dejando a los habitantes de Gualeguaychú en un callejón sin salida y con sólo la posibilidad de agravar la lucha?
En ese caso ¿No le cabe la responsabilidad al presidente que pensaba que todos los argentinos eran una manga de ladrones (“del primero hasta el último”) que autorizó la construcción de las papeleras obviando el Tratado del Rio de la Plata. Y al presidente del otro lado del charco que no tomó nota a tiempo quizá porque estaba ocupado en superar su debilidad de origen y el tema no figuraba aún en su agenda electoral ?.

Contaminación
Como según tengo entendido la mayoría de los conflictos se producen por causas semánticas, intenté definir los términos de la disputa.
¿Es verdad que contaminan las papeleras? Sin duda, como dicen los que se oponen a las plantas, por el uso del cloro, por el monocultivo, por los olores, etc. Además lo harán a una escala desconocida en la región y los efectos serán acumulativos.
¿Supersticiones ecologistas? No seamos sectarios. Defensa, mejor, de un espacio común y cuya razón de ser es la escrupulosa ausencia de profanaciones a la naturaleza (capaz de satisfacer, según Gandhi, las necesidades de los hombres aunque no su avaricia).
Pero si en definitiva “toda acción humana es contaminante” ¿Por qué, entonces, ese empeño en ponerle una coartada ecológica al deseo de salir de pobre de los orientales?
Aunque el criterio únicamente cuantitativo es insuficiente y aún no siendo los datos y los números por sí solos una respuesta, sin embargo contribuyen a delimitarla y a precisarla. Por ejemplo: ¿no debería compararse los beneficios económicos brindados por la obra determinada con el costo del deterioro ambiental y humano?.
Sabemos que no es fácil luchar contra el mercado o negar su función o sus beneficios, sin embargo, el mercado sabe de precios no de valores.

Bronca
Una bronca inexplicable, que a duras penas pude ocultar, me invadió cuando escuché pronunciar frases, propias de adictos a teorías conspirativas, como: “todo fue impulsado por parroquiales intereses electorales de un gobernador despechado”, “fomentado por los designios británicos de una ONG”, “es sospechoso el interés por la contaminación de las papeleras aunque nada dicen de la contaminación de las petroleras y mineras de Santa Cruz”.
Y me sonó extraño, sobre todo en boca de enemigos acérrimos del mercado y del capital extranjero, defender, con la excusa de trescientos puesto de trabajo, el respeto a los contratos firmados o la unidad latinoamericana, una de las inversiones más nocivas para el país que las recibe.

Esperanza
Es posible que la suerte esté echada para los entrerrianos, ya que es difícil ponerle límites a la “modernidad” o a la “globalización”. En ese caso le estaríamos dando la razón a Ortega cuando decía que nos “había tocado nacer en países pobres de imaginación y ahogados por el exceso de virtudes pusilánimes”.
Sin embargo, aún así, se podría hacer de todo esto lecturas optimistas.
Es que, aunque no nos guste oír hablar de contaminación, de degradación del medio ambiente, de subdesarrollo humano, no por eso van a desaparecer del planeta.
Tal vez si hablamos, como en este caso, contribuyamos a que desaparezcan.