11 de mayo de 2023

Todos somos caníbales








CLAUDE LEVI-STRAUSS




Para los amerindios y para la mayoría de los pueblos que durante mucho tiempo no conocieron la escritura el tiempo de los mitos se identificó con la época en que hombres y animales no eran  totalmente distintos y podían comunicarse entre si.

Hacer coincidir el inicio de los tiempos históricos con la torre de Babel, con el momento en que los hombres perdieron el uso de la lengua común y dejaron de comprenderse, a estos pueblos les habría parecido como aceptar una visión singularmente reductora de las cosas, Para ellos, el fin de la armonía primitiva se produjo sobre el telón de fondo de una situación mucho más vasta y afligió no solo a los seres humanos, sino a todos los seres vivos.

Aún hoy, se diría que se ha mantenido en nosotros la confusa conciencia de la primitiva solidaridad entre todas las formas de vida

Nada nos parece tan importante como el hecho de imprimir el sentimiento de esta continuidad, desde el nacimiento, en la  primeros libros que les ponemos ante los ojos a nuestros niños. Les muestran mucho antes de que los vean, al oso, el elefante, el caballo, el burro, el gato, el perro, el gallo, la gallina, el ratón, el conejo, etc., como si fuera necesario imprimir en nuestros pequeños, desde la más tierna edad, la nostalgia de una unidad que pronto reconocerán perdida.

Por lo tanto, no es sorprendente el hecho de que el asesinato de seres vivos con fines alimentarios plantee a los hombres, sean o no conscientes de ello, un dilema filosófico que todas las sociedades han tratado de resolver. El Antiguo Testamento lo convierte en una consecuencia indirecta de la caída original. En el jardín del Edén, Adán y Eva se alimentaban de frutasy semillas (Génesis, I,29). Recién a partir de Noé, el hombre se volvió carnívoro (IX,3). Es significativo que esta ruptura entre el género humano y los demás animales preceda inımediatamente la historia de Babel y a la separación de los hombres entre sí, como si esta última fuera la consecuencia o un caso particular de aquella.

Este tipo de concesión hace que la alimentación carnívora sea una suerte de enriquecimiento de la dieta vegetariana. Por el contrario, algunos pueblos sin escritura ven en la dieta a base de carne una forma apenas atenuada de canibalismo. Ellos humanizan la relacIón entre el cazador (o el pescador) y su presa, concibiéndola en términos de una relación de parentesco: como una alianza matrimonial o, incluso más directamente, como una relación entre cónyuges (asimilación facilitada por el "parentesco" que todas las lenguas del mundo instituyen entre el acto de comer y el de copular).

La caza y la pesca aparecen así como un típo de endo-canibalismo.

Otros pueblos, a veces los mismos, piensan que la cantidad de vida existente en el universo debe ser siempre equilibrada. El cazador y el pescador que sustraen un fracción  deberán, por así decirlo, rembolsarla a expensas de su propia perspectiva de vida. También esto representa una forma de ver la alimentación carnívora como una forma de canibalismo, de autocanibalismo. Porque según esta concepción, aún creyendo que comen a otro, está autodevorándose.

Hace aproximadamente tres años, a propósito de la epidemia "de las vacas locas", que entonces no era tan de actualidad como ahora, en un artículo del 10/11 de octubre de 1993 "Somos todos caníbales" explicaba a los lectores de La Repubblica que las patologías similares de las que el hombre era cada tanto víctima -"kuru" en Nueva Guinea, nuevos casos de la enfermedad de Crutzfeld-Jacob en Europa (derivadas del suministro de estratos de cerebro humano para curar problemas del crecimiento)- estaban ligadas a prácticas relacionadas, en sentido propio, con el canibalismo, término cuya noción era necesario ampliar para incluirlas a todas. Y resulta que ahora nos enteramos de que la enferrnedad emparentada que hoy afecta a las vacas en la mayoría de los países europeos (enfermedad que presenta, para el consumidor, un elevado riesgo de mortalidad) se transmitió a través de las harinas se origen bovino con las cuales se alimentaba el ganado. Por lo tanto, es consecuencia de la transformación de las vacas mismas en caníbales, transformación operada por el hombre siguiendo un modelo que, en la historia tiene, por su parte, precedente.

Textos de época afirman que durante las guerras de religión que ensangrentaron a Francia en el siglo XVI, los parisinos hambrientos se vieron forzados a alimentarse con un pan a base de harina obtenida de huesos humanos, extraídos de las catacumbas y molidos.

El vínculo entre la alimentación a base de carne y el canibalismo, ampliado hasta conferirle una connotación universal, tiene, por lo tanto, raíces muy profundas en el pensamiento. Retorna a un primer plano con la epidemia de las vacas locas porque, al miedo de contraer una enfermedad mortal, se suma el horror que tradicionalmente nos inspira el canibalismo, extendido ahora a los bovinos. Pese a estar condicionados desde la primera infancia y habituados a recurrir a carnes sucedáneas, sustitutivas, ciertamente seguimos siendo caníbales. No obstante, es un hecho que el consumo de carne ha disminuido de una manera extraordinaria. Pero, ¿cuántos de nosotros, mucho antes de estos  acontecimientos, no podíamos pasar frente al mostrador del carmicero sin sentir náuseas y malestar, mirándolo ya, con anticipación, bajo la óptica de los siglos futuros?

De hecho, llegará el día en que la idea de que los hombres del pasado, para alimentarse, hayan podido criar y masacrar a seres vivos y después exponer con gusto su carne en pedazos en las vidrieras, inspirará sin duda la misma repulsión que las comidas caníbales de los salvajes americanos, australianoso africanos, inspiraban a los viajeros del siglo XVI o del XVII.

La creciente moda de los movimientos en defensa de los animales lo atestigua:

cada vez percibimos con mayor claridad la contradicción a la que nos constriñen nuestros hábitos entre la unidad de la creación tal como todavía se manifestaba en la convivencia del Arca de Noéy su negación, por parte del mismo Creador, a la salida del Arca.

Es indudable que el hombre provoca directa o indirectamente la desaparición de innumerables especies y que otras están gravemente amenazadas por su culpa. Basta pensar en los osos, los

lobos, los tigres, los rinocerontes, los elefantes, las ballenas etc. además de las especies de insectos y otros invertebrados que, debido a la degradación causada por el hombre en el ambiente natural, desaparecen día a día.

Es también profética, y hasta un punto que ni siquiera Comte habría podido suponer, la imagen que ve a los animales de los que el hombre se nutre reducidos despiadadamente a la condición de trabajadores nutritivos. La crianza de regimientos de toros, cerdos, pollos, ofrece el ejemplo más terrible.

En este sentido, el Parlamento europęo ya manifestó su compasión.

Profética, finalmente, es la idea de que los animales de la tercera categoría concebida por Comte pasarán a ser colaboradores activos para los hombres, como lo prueban, hoy, los encargos cada vez más diversos que se confian a los perros de policía, la utilización de monos específicamente adiestrados para asistir a grandes inválidos, las nuevas expectativas a las que nos abren los delfines.

La transformación de herbívoros en carnívoros es también profética, el drama de las vacas locas lo prueba, pese a que, en este caso, las cosas no ocurrieron de la manera prevista por Comte. En primer lugar, la transformación que sufrimos tal vez no sea tan original como creemos. Se ha podido afirmar que los rumiantes no son verdaderos herbívoros porque se nutren sobre todo de microorganismos que, a su vez, se nutren de los vegetales, provocando su fermentación en un estómago particularmente adaptado.

Sobre todo, esta transformación no fue emprendida en beneficio de los animales que Comte llama auxiliares activos del hombre sino a costa de los que Comte definía como "trabajadores nutritivos". error fatal, contra el cual él mismo nos había puesto en guardia, porque -decía- el exceso de animalidad les sería nocivo. Nocivo no solo para ellos sino también para nosotros: confiriendo precisamente a los herbívoros un exceso de animalidad (imputable a su transformación no tanto en carnívoros sino, además, en caníbales) transformamos, sin duda involuntariamente, a nuestros "trabajadores nutritivos" en trabajadores mortíferos.

La enfermedad de la vaca loca todavía no llegó a todos los países. Me parece que Italia se ha mantenido hasta el momnento prácticamente inmune. Tal vez la olviden pronto: ya sea porque la epidemia se extingue sola, como predicen los expertos británicos; o porque se descubrirán nụevas vacunas o curas; o porque una politica de rigurosa prevención sanitaria garantizará el estado de buena salud de los animales destinados a la faena. Pero pueden preverse también otras situaciones.

Existe la sospecha de que, contrariamente a la idea que tenemos, la enfermedad  puede traspasar las fronteras biológicas entre las especies. Al afectar a todos los animales de los cuales nos alimentamos, podría afirmarse de una manera duradera y colocarse entre las enfermedes de la civilización industrial que compometen cada vez más la satisfacción de las necesidades de los seres vivos.

Ya respiramos aire contaminado. Contaminada también, el agua ya no es como creímos en una época, un bien disponible en cantidades iimitadas: sabemos que está racionada, tanto para la agricultura como para los usos domésticos. Desde que hizo su aparición el sida, las relaciones sexuales implican un riesgo fatal. Todos estos fenómenos perturban y perturbarán de manera profunda las condiciones se vida de la humanidad, anunciando una nueva era en la que se podría afirmar, como simple consecuencia, otro riesgo mortal, el de la alimentación carnívora.

Por otra parte, no es este el único factor que podria obligar al hombre a apartarse de ella. En un mundo donde la población global se duplicará probablemente en menos de un siglo, el ganado y los otros animales de crianza pasan a ser terribles competidores para el hombre. Se calcula que, en los Estados Unidos, dos tercios de los cereales producidos sirven para alimentarlos. Y no olvidemos que estos animales nos proporcionan, en forma de carne, muchas menos calorias de las que ellos consumieron a lo largo de su vida (la quinta parte, me dijeron, en el caso del pollo). Una población humana en expansión necesitará pronto para sobrevivir toda la producción cerealera actual: no quedará nada para la alimentación del ganado y las aves de corral, de modo que todos los seres humanos tendrán que copiar su propio régimen alimentario del de los indios y los chinos, donde la carne animal cubre solo una mínima parte de la necesidad de proteinas y calorías. Podría ser indispensable renunciar a ella totalmente porque, mientras la población aumenta, la superficie de las tierras cultivables disminuye por efecto de la erosión y la urbanización, las reservas de hidrocarburos disminuyen y los recursos de agua se reducen.

Al contrario, los expertos estiman que si la humanidad se hiciera integralmente vegetariana, las superficies ya cultivadas actualmente podrían nutrir a una población que fuera el doble de la actual.

Es singular el hecho de que, en las sociedades occidentales, el consumo de carne tienda espontáneamente a disminuir como si estas sociedades empezaran ya a cambiar de dieta alimentaria. En este caso, al disuadir a los consumidores de carne, la epidemia de la "vaca loca" no haría otra cosa que acelerar una evolución en marcha. Agregaría solo un elemento místico, identificable al sentimiento difuso de que nuestra especie está pagando por haber infringido el orden de la naturaleza.

Los agrónomos se encargarán de aumentar el valor proteico de las plantas alimenticias; los químicos, de producir proteínas de síntesis en cantidad industrial. Pero aunque la encefalitis espongiforme (tal el nombre erudito de la enfermedad de la "vaca loca" y de otras emparentadas) se afirmase en forma duradera, es de suponer que el apetito de carne no por eso desaparecerá. Satisfacerlo pasará a ser no obstante una ocasión poco frecuente, costosa y llena de riesgos. Japón conoce algo similar con el "fugu", pez de la especie de los tetrodóntidos, de un sabor exquisito, dicen, pero que, cuando es vaciado imperfectamente, puede constituir un veneno mortal.

La carne figurará en el menú en circunstancias excepcionales. Se la consumirá con la misma mezcla de reverencia piadosa y ansiedad que, según los antiguos viajeros, caracterizaba a los alimentos caníbales de algunos pueblos. En ambos casos se trata al mismo tiempo de ponerse en comunicación con los antepasados, y de incorporar, con el consiguiente riesgo, la peligrosa sustancia de seres vivos que fueron y pasaron a ser enemigos.

Al no ser rentable, la cría desaparecerá totalmente y la carne, adquirida en negocios de gran lujo, provendrá totalmente de la caza. Nuestros antiguos rebaños, librados a sí mismos, constituirán una caza mayor, como tantos otros animales y poblarán un campo restituido al estado bravío.

Por lo tanto, no podemos afirmar que la expansión de una civilización que se dice mundial uniformará el planeta.

Apiñándose, como ya vemos hoy, en megalópolis grandes como provincias, la población humana, difundida en un tiempo más capilarmente, dejará libres otros espacios. Dichos espacios abandonados definitivamente por sus habitantes, retornarán a las condiciones antiguas; en todas partes, los tipos de vida más extraños derivarán en hábitat. En vez de crear monotonía, la evolución de la humanidad acentuará los contrastes, creará nuevos, restableciendo el reino de la diversidad. 

Con la ruptura de hábitos milenarios, esa será la lección de sabiduría que, tal vez algún día, aprenderemos de las vacas locas.

9 de mayo de 2023

Aspiring runner

 








La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida.


Siempre recordaba el humor boludo del secundario sobre los deportes. Si sos un laburante jugarás al fútbol, si llegás a gerente jugarás al tenis y si tenés una empresa jugarás al golf. Y remataba, cuanto más alto escalás en la pirámide social más chiquititas son las pelotas.

En el caso del aspirante a runner nunca le atrajo ningún deporte competitivo aunque sí la actividad física. Comenzó de muy chico a usar la bicicleta hasta llegar a convertirla en parte de su cuerpo. La abandonó cuando entró al secundario porque sus nuevos amigos, autopercibidos intelectuales, no tenían una opinión favorable de los aficionados al deporte. Creían que los deportistas desarrollaban el físico en desmedro de la mente. Tiempo despúes comprendió que en realidad ellos no habían desarrollado el cuerpo pero tampoco el cerebro.

De todas maneras,en transgresivo acto de arrojo nunca dejó de movilizar el cuerpo.

Siempre fue sobre todo un caminante incansable. Consciente de sus limitaciones, sin embargo, solo intentó prolongar más allá del tiempo en que se creía inmortal, sus habilidades y su vitalidad.

La inconformidad juvenil, paulatinamente, cede espacio a la rebeldía y adquiere la forma indeseable de ser reprimido en dictadura. Y se convierte en un convicto más del Régimen. Pero, al mismo tiempo, en un desafio.

Había que superar el mal momento de estar solo en un habitáculo pequeño de 1,50 x1,50 donde se dormía en una cama de cemento sin colchón y donde no se podían estirar las piernas.

Había que atenuar el aislamiento, la soledad y la falta de movimiento, apenas disimulado por tensos diálogos con otros desgraciados a los que los separaban las paredes y las puertas ciegas.

Aprendió, como manera de superar su inactividad, la carrera estacionaria. Que no solo le permitía mantener su estado físico sino la fuerza mental que le ayudaría a superar el mal momento.

En los tiempos que siguieron sus piernas siempre le fueron fieles. El método lo siguió usando en los lugares de trabajo cuando se podía.

Téngase en cuenta que el aspirante a runner se había convertido en un optimista profesional. Podía sobrellevar la densa negatividad ambiental amparado, apenas, en cierto desparpajo. En las insolencias perdonables en un hombre con fe.

Por lo tanto tenía sentido aunque fuera de noche, o con frío, que se pusiera sus mejores zapatillas, un jogging  y un buzo y trotar por casi 4 km. Si al llegar al destino se encontraría con un territorio poblado de árboles añosos con senderos bien marcados, bien iluminado con la luz de la luna y con modernas luminarias.

Y con seres  entrañables, adictos, en principio, al ejercicio. O a los meros detalles que fascinan a los profanos que se inician en los vericuetos del running. Detalles que, para cualquier novelista, podían resultar apasionantes.

Continuará..



30 de diciembre de 2019

A propósito de mi primer viaje a México (continuación...)
















¨Es imposible despedirse para siempre, los fantasmas de los recuerdos sobrevivirán.
Y si algo de mí quedó en México, algo de México quedó en mí.¨




Los viajes son los viajeros, escribía Fernando Pessoa. Lo que vemos no es lo que vemos, sino lo que somos. Por eso, hay muchas maneras de encarar un viaje.
Están los que proponen el viaje en solitario, quienes detestan los viajes turísticos grupales. Creen que no son más que una mentira organizada. Que si nada puede fallar, si está todo fríamente calculado, no tiene gracia alguna. 
No se bancan, además, los horarios regimentados, los protocolos de las comidas incluídas en el paquete y, sobre todo, a muchos turistas al mismo tiempo disparando sus celulares con ojo bestial.
Debo reconocer que tengo una posición distinta que me pone en una especie de ámbito donde quedo como si fuera un fanático de los viajes grupales, lo cual es una manera de deslegitimar.
Sin embargo, los cuantiosos escépticos que se animan a romper prejuicios, rápidamente se acostumbran al organizado aprovechamiento sistemático del ocio.
Solos o acompañados: he ahí el dilema.
En realidad, ambas interpretaciones, la del viaje individual y las colectivas y controladoras experiencias turísticas, son inteligentemente erróneas.
En el fondo, inexorablemente, todos los viajes se examinan desde el final. 
Y las experiencias vividas solo la podemos describir a través de un prisma personal y único. De últimas, las impresiones grabadas constituyen una extensión de nuestra personalidad.
Analizar, con desinteresado rigor, me parece ser el camino indicado para evocar esos momentos. 
Aunque no parece ser una tarea fácil.


Me convocaba, entonces, a hacer un repaso de los protagonistas importantes que me acompañaron en los caminos mexicanos.


Los guías

Como no estoy entre los elegidores de ignorancia supina, prefiero, por lo tanto, entre otras cosas, las clases magistrales de los imprescindibles guías.







Nunca puede faltar para el viajero en busca de conocimiento, por supuesto, toda la narrativa protagonizada por estos sujetos de repetidas referencias, justificando su condición de elemento insustituible.
Descubridores de historias, reales o mitos, como autores de un género literario, caracterizan a estos relatores de viaje. 
Meros detalles que para cualquier conocedor podrían resultar anodinos pero que fascinan a los profanos que se inician en los vericuetos de un paseo exploratorio.
Aunque, para ser considerado exitoso, el relato no debe ser una simple colección de fechas y sucesos, debe tener, además, una narrativa coherente y estructurada y el valor agregado de picardía y humor. 
El conocimiento se enriquece permanentemente, a lo largo de los viajes, mediante el aporte de estos personajes






Los cumpas

Para ocasionar el placer de entusiasmarnos con la idea de que todas las travesías no son iguales, surgen los nuevos actores principales, los compañeros de viaje.







Compañeros recíprocamente no elegidos, que de pronto, motivados por el afán de la aventura, se debían despojar del individualismo contenido y ponerse en una actitud franca de generosidad colectiva.
El grupo lo integraban cinco australianos, cinco argentinos y tres mexicanos. Es decir, éramos trece, trece. 
Por suerte, para los escépticos, no había en el grupo ningún supersticioso, o, si lo había, no sabía contar. De lo contrario, alguno, lo más probable, se habría tenido que bajar.
En definitiva, teníamos por delante diez días que no conmoverían al mundo, seguramente, aunque sí a los participantes. 
Y casi 3000 kilómetros de convivencia por los caminos del México profundo.
De manera que no debíamos desaprovechar la valiosa compañía.



Al principio se establece una pequeña distancia con nuestros amigos australianos. 
La barrera del idioma, al fin y al cabo, impide un acercamiento afectivo más profundo, al contrario de lo que sucede entre los hispanohablantes entre si, por un lado y los angloparlantes entre ellos, por el otro.










La espontánea y extrovertida Beatriz, con la frescura incauta de la solitaria bien querible y el monologador Raúl, se convirtieron en el ariete ideal para derribar, en parte, los muros de la incomunicación. 



Raúl, el guía, el que me imaginaba como un buen vendedor de libros en un colectivo, merecería un largo elogio. 
Pero no lo voy a hacer porque, como decía Borges, no hay como defenderse de él. Y prefiero evitarle una incomodidad.
También me abstendré de hablar del suscripto y de Alicia, que nos juzgue la historia.




Pero si me detendré en María Cristina y Eduardo. 
Nunca podía faltar una pareja como ellos para hacer placentero un viaje.Sucede que, para absoluto beneplácito de los compañeros de excursión, la desavenencia es una falencia de la que carecen. 
La parsimonia de Eduardo y el don de gente de María Cristina, siempre disponible, nos condenaban a un sistema efectivo de acumulación afectiva. 














Y Jesús, por Dios, podrá conformarse con la yapa de convertirse en un personaje literario. 
Fotógrafo de profesión y maratonista por afición. Dos actividades con las cuales el que escribe se encuentra absolutamente identificado.




Con cara de bueno y un tierno y humilde carácter, se convirtió, quizás por poseer personalidades complementarias, en cómplice de correrías con Beatriz a lo largo del viaje.






Y nunca habrá que olvidar al invalorable y circunspecto Israel, el conductor de la combi, que nos mantuvo ilesos durante todo el viaje.


Por una vez, habrá que admitir que se había formado un grupo ideal de cumpas para el recreo y la diversión.

                                                                            continuará....


 

21 de diciembre de 2019

Catrinas







A propósito de mi primer viaje a México.
















"México tiene magia. Y yo busqué la magia y la encontré" Chavela Vargas



       

Había que tener fuerzas para levantarse del mullido sillón del hotel aquella mañana de lunes recién llegado del largo viaje desde Buenos Aires. Para atreverse a salir, hacia cualquier parte.
Sin siquiera haber hecho el check in, con las valijas en la recepción.
Decidí, entonces, llamarlo a Hernán, el amigo que siempre me invitaba a visitarlo.
En principio, es tener mucha suerte contar con un amigo añejo en un lugar tan extraordinario como México. Te hace sentir, de pronto, como un viajero privilegiado.
Conste que pensé dedicarme a vos este día, Jorge -dijo Hernán- con cierta perversidad de amigo solidario. Espérame en el lobby que te paso a buscar.
Y lo dijo como si estuviera ahí nomás, a la vuelta. No, nos separaban cincuenta kilómetros.
Uno, necesariamente, no puede más que entregarse ante semejante protagonista.



Abrumados por la claridad del otoño, andábamos por los hermosos bordes montañosos que circundan la ciudad de México en el carro que conducía Hernán, el apreciadísimo, junto con Mónica su bella mujer. 


La energía cósmica del volcán Xinantécatl , el Nevado de Toluca, uno de los volcanes activos más hermosos del Estado de México y los opulentos miradores desde las colinas del Valle de Toluca no se prestan a ningún equívoco, solo el disfrute. Para purgar las cuantiosas desventuras de la vida cotidiana.










Como para Hernán no tenía el menor sentido no aprovechar aquel lunes otoñal, con tanto sol, prefirió pasar las facturas al tiempo, a los efectos de obtener, acaso, el máximo de experiencias mexicanas.
Debía entonces, con estoica generosidad, llevarnos hasta el santuario de las mariposas monarca.




Se ha hablado muchísimo, no es ninguna novedad, sobre la riqueza y originalidad de la comida mexicana. Lamento de viejo vegetariano, sin embargo, el no poder disfrutar de todas esas delicias gastronómicas. Aunque sí, por supuesto, de algunas de ellas.
Paramos a almorzar en medio de la ruta en una humilde casa de familia donde, prácticamente, todas las comidas son tradicionales y las preparan en el momento.
Por lo tanto, me dispongo en adelante, a probar, por primera vez, tortillas de maíz para armar tacos con quesadilla de queso, flores de calabaza y huitlacoche, el hongo del maíz, el caviar azteca. 
Me abstengo, por obvias razones, evitar la venganza de Moctezuma, de probar las amplias variedades de condimentos.Y bebiendo atole de maíz, exquisita bebida prehispánica. 
Finalmente un delicioso café endulzado con caña de azúcar.









Para finalizar la extensa jornada de acción y aventura estimula la idea de visitar la casa de los anfitriones.
Cuesta resistir las pretensiones de Hernán para quedarnos a cenar y a dormir. Es que aún no habíamos tomado la habitación del hotel y al día siguiente nos íbamos de excursión.
De todos modos, a nuestro favor, debimos aceptar el ponche mexicano, jugo de frutas cocinadas y endulzado con caña de azúcar, que Mónica nos preparó en el momento. Y que resultó ser una sabrosa infusión.




Por tanto, por todo lo anterior, se hacía necesario asumir el repaso escrito de aquellos protagonistas fuertes que nos acompañaron en el camino. Con tendencia superlativa hacia la condición de recuerdo.
Ambos protagonistas se convirtieron de la conjugación pretérita de la tercera persona del plural a la más emblemática del presente.
Ellos, ahora, son. Los dos, juntos, son.


Esta página está dedicada con cariño a Mónica y Hernán.









26 de octubre de 2019

Y ¿dónde estamos parados?

Entre la desorientación y el espanto, un poco más abajo de la esperanza, un poco más arriba del abandono. Voy a tratar de hacer eso que se hace poquito. Pensar. En la elección del 11 de agosto hubo una tormenta perfecta. La falta de resultados prácticos en los bolsillos convirtió la elección de las PASO (una simple elección de candidatos partidarios) en un plebiscito sobre el gobierno de Cambiemos. Los resultados fueron catastróficos. El Frente de Todos tuvo una campaña con cuatro aciertos: escondió a Cristina, diferenció a un Fernández de otro, soslayó toda cuestión moral, ética o republicana y se centró en lo económico. El gobierno, confiado, no fiscalizó. El electorado oficialista, confiado en que ganaba, no fue a votar. 
El shock de los números desorganizó todo. Los mercados - la gente de la guita- ante la posibilidad de que el gobierno pasase a manos de una oposición que en lo económico había sido tan desastrosa que tuvo que romper todos los instrumentos de medición para poder decir que acá había menos pobres que en Alemania, salió corriendo a dolarizarse. Destrozó una economía que venía recuperándose (inflación, bonos, exportaciones, déficit) y nos dejó recuerdos del futuro. Ninguna de las dos fuerzas principales estuvo a la altura de la circunstancia: las dos creyeron que las elecciones ya habían ocurrido. Así los Fernández echaron esa misma noche a los brasileros que le armaron la campaña (parece que todavía no terminaron de pagarle) porque total “ya somos gobierno”. Echaron a los que les hicieron las cosas bien. Y empezaron a hacer las cosas mal. Con la prepotencia habitual empezaron a hablar de que Venezuela no es una dictadura (6700 muertos en año y medio, 5 millones de exiliados, etc.), de Junta Nacional de Granos, de Conadep de Periodistas, de cambios en la constitución. Se empezaron a pelear en público sobre cuestiones tales como paros de aviadores o cortes de calles. Grabois y los suyos entraron a patotear a los shoppings y volvieron los cortes de silobolsas y amenazas en la calle. Ya eran gobierno y dejaron claro lo que podrían llegar a ser: una bolsa de gatos babeantes que se pelean por sus privilegios sin parar, tirando cada tanto un fútbol gratis, por la dudas. Los medios, rápidos para sus propios reflejos, entronizaron al nuevo presidente. El círculo rojo, el establishment o como quieran llamarlo, empezó a ver a AF alto, rubio, sano y fuerte. Se convirtieron en el perro Dylan, todos muy felices y moviendo la cola.
El oficialismo se enojó porque no entendió y creyó que ya todo estaba terminado.



Resultado de imagen para si se puede plaza de mayo"Pero un pibe dijo en tuiter “Che, hagamos una marcha, esto no terminó”. A los medios se le escapó el dato hasta que tres días después desde España, Luis Brandoni mandó un video diciendo “hay que juntarse en la plaza”. Recién ahí los medios dijeron “ah, mirá estos pibes”. Y hablaron de una marcha organizada por Brandoni y Campanella, cosa que no fue así pero los medios son así.

Y pasó lo que nadie esperaba: decenas de miles de personas en Plaza de Mayo gritando: “Gato, ponete las pilas, sos candidato y acá todavía nadie votó”. Sacaron a Macri de la quinta donde lamía sus heridas y el helicóptero en vez de salir, llegó a Casa Rosada. 

Algo estaba cambiando. Era 24 de Agosto. 13 días había durado el shock
.
Ahí comenzó hermosa la justicia a desdecirse de muchas cosas que había dicho en los últimos tiempos. Salieron de la cárcel, como si fueran presos políticos, empresarios truchos, dirigentes venales, correveydiles del poder. 
Y empezaron a pasar algunas cosas que nadie esperaba. El kirchnerismo (más que el peronismo) empezó a perder cada elección en la que se presentó. Mendoza fue el inicio. Salta dio otro dato. Las universidades de Córdoba y Buenos Aires pasaron a ser dirigidas por gente sin contacto con “La Cámpora” que se demostró una organización vacía de territorio, con mucha más presencia en los medios que en la gente. El peronismo empezó a pensar si eso que se venía era lo que quería. Recordó el látigo de Cristina y aparecieron las dudas propias. 


Resultado de imagen para si se puede obeliscoY empezaron las 30 marchas del oficialismo sin que los medios de comunicación se dieran cuenta. Un tipo parado sobre una camioneta diciendo casi nada. Porque no importaba él, importaba los que estaban abajo. Todos esos que escuchaban todo el tiempo que ya habían votado, que había un presidente, que no jodan.
Esas marchas fueron creciendo con gente que gritaba “sí, se puede” mientras el establishment, las corporaciones miraban para otro lado o directamente se burlaban de las viejitas, de los viejitos que apenas pueden caminar e insisten con banderitas celestes y blancas y ojos llorosos, mientras sus nietos cantan la cantinela de una revolución latinoamericana que sólo trajo tristeza y dolor para millones de personas y buenas mansiones y seguridad para sus dirigentes.
Como a esas corporaciones jamás les interesaron las personas, lo que esas personas hicieran no le importó. Las encuestadoras en agosto dibujaron los numeritos que todos teníamos en la cabeza, 3 o 4 puntos abajo del oficialismo. Hoy dibujan los numeritos que quedó de aquella noche: 20 arriba para el Frente. Porque los encuestadores no trabajan para que sepas qué estamos pensando. Trabajan para quienes le pagan: los políticos que quieren que vos pienses en ese número. A ver, sin aparatos ni sindicatos ni organizaciones sociales ni apoyo de los medios, las mayores concentraciones políticas de la historia de 30 ciudades (en Rosario y Buenos Aires sólo comparables a las de la vuelta a la democracia) ¿no “mueven el amperímetro”, como les gusta decir a los enamorados de los lugares comunes? ¿cómo es posible? ¿Y la discusión previa en cada ciudad, la organización, las conversaciones de por qué ir o por qué no, con quién? Vamos, ¿a qué fue toda esa gente? Y toda esa gente, motivada, ¿”no mueve el amperímetro”? Dale.


Resultado de imagen para si se puede cordobaLos medios no han entendido que esta vez se votará contra ellos. Contra la elite intelectual y artística que opina sin fundamento parada en su autocelebrada sensibilidad. “Soy artista, quiero artisstear”. 
Abuelas de 60 años llevarán a votar a sus madres de 90. Y eso, en vez de ser visto como ejemplar, es objeto de burla. ¿”No mueve el amperímetro”?. En decenas de ciudades de todo el mundo un grupito de argentinos, en vez de disfrutar un sábado hermoso, sale con la banderita a decir “sí, se puede”. Pero tampoco “mueve el amperímetro”. Un batallón de ciudadanos que en su vida se interesó en política sale a anotarse para fiscalizar una elección difícil. 

Eso ¿tampoco “mueve el amperímetro”?
Quienes votaron a Alberto Fernández pensando que Alberto Fernández no es Cristina Fernández escucharon a Alberto Fernández decir “Cristina y yo somos lo mismo”. 
Por eso, el 11 de agosto se plebiscitó el gobierno de Cambiemos. Sin fiscalización. Este domingo se vota para adelante, pensando si es Cristina quien debe dirigir el país. Con fiscalización. Y participación ciudadana. 
Yo creo que el amperímetro se movió. Y que es hipocresía pura que vengan a joder con el amperímetro los que rompieron todos los instrumentos de medición.
Seamos libres. Lo demás se arregla.

Osvaldo Bazan