30 de diciembre de 2014

Cruzando la cordillera

Cordillera andina: columna vertebral de nuestra América


 








La posibilidad de observar estos suelos escarpados, desde el llano, desde un puente, desde el micro, entre piedras y nubes, es de las cosas que más me conmueven.

29 de diciembre de 2014

Las dos puntas

 
"Los viajes son los viajeros. Lo que vemos no es lo que vemos, sino lo que somos".
El libro del desasosiego, Fernando Pessoa.



















Las fotos.
Eso es siempre de lo mejor en cualquier viaje.
Sirve para activarme los sentidos cada vez que veo las últimas imágenes en colores, o las desvaídas fotos blanco y negro de hace años.
 
 
 
 
 
 
 

Solos o acompañados: he ahí el dilema

 Hay quienes detestan los viajes turísticos grupales. Creen que no son más que una mentira organizada. Que si nada puede fallar, si está todo fríamente calculado, no tiene gracia alguna.

 
Elegidores de ignorancia supina a clases magistrales de los imprescindibles guías, no se bancan, además, los horarios regimentados, los protocolos de las comidas incluidas en el paquete y, sobre todo, a cincuenta turistas al mismo tiempo disparando sus cámaras con ojo bestial.


Sin embargo, los cuantiosos escépticos que se animan a romper prejuicios, rápidamente se acostumbran al organizado aprovechamiento sistemático del ocio.


Y en realidad, ambas interpretaciones, la del viaje individual y las colectivas y controladoras experiencias turísticas, son inteligentemente erróneas.
 
En el fondo, inexorablemente, todos las viajes se examinan desde el final.

Anima, además, la definición de «viaje» del gran poeta portugués, que no podemos dejar de pensar cuando viajamos.

De últimas, las impresiones grabadas constituyen una extensión de nuestra personalidad.
 
Y la realidad y las experiencias vividas solo la podemos describir a través de un prisma personal y único.
 

Yamila, Yésica y el Nano (que no es Serrat): los guías

 
Yami y la Yesi
 
 
La incorporación de excursiones estimula a tomar relativamente en serio la idea de calificar de exitoso cualquier viaje de turismo.
 
Nunca puede faltar para el viajero en busca de conocimiento, de esparcimiento, de sacudirse la nostalgia, una cuota apasionante de acción y aventura.
 
Descubrir historias, reales muchas veces, mitos otras, caracterizan a cualquier paseo contratado. Meros detalles que para cualquier conocedor podían resultar anodinos pero que fascinan a los profanos que se inician en los vericuetos de un paseo exploratorio.
 
Por supuesto, para justificar su condición de elemento insustituible, toda la narrativa es protagonizada por los sujetos de repetidas referencias, los guías.
 
El relator de viaje, como el autor de un género literario, describe acerca de las personas o lugares que él ha encontrado o conocido, lo que ha visto o aprendido.
 
Aunque, para ser considerado exitoso, el relato no debe ser una simple colección de fechas y sucesos, debe tener una narrativa coherente y estructurada y el valor agregado de picardía y humor.
 
El Nano


 
 
 
 
 
El conocimiento se enriquece permanentemente, a lo largo de los viajes, mediante el aporte de estos personajes.
 

Cuando pa' Chile me voy...(continuará)

 
 


1 de noviembre de 2014

MDQ


 

Conste que pensamos para ella el fin de semana, con cierta perversidad de placer solidario.



 

 
 
 
 
 Sin embargo, con detenimiento de abuelos ociosos, no se hace necesario hacer un gran esfuerzo para programar un viaje.
Que, como sabemos, vendría a ser algo así como perder el tiempo en algo que resulta agradable. Como tampoco es tan sólo moverse en el espacio sino en predisponer el alma y aprender de nuevo.
 
 
 


 
 
 
 
 
 
 
Así, Mar del Plata asomaba como una ciudad formidable, con todo lo necesario para pasarla bien. Sobre todo por esa energía que siempre sorprende y que habíamos disfrutado tanto tantas veces.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Téngase en cuenta que ella desconocía los secretos guardados que la gran ciudad marítima posee para deleitarse.
Y que se trataba de un corto viaje.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Ahora, seguramente, habrá que dedicarse a hacer la diferencia aprovechando al máximo el poco tiempo disponible.




 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
La cuestión que la irrupción de la abrumadora claridad de la primavera estimulaba, entonces, como correspondía, a valorar y disfrutar los tiempos.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Con tanto sol, ideal era, en principio, pasar factura al mar. Alcanzaba, también, para reconocer, plácidamente acomodados en la arena, las amplias y cálidas playas.

 
 
 


 
 

 
 






Despojados de estrés, ya no ofrecía el menor reparo proyectarse en la aventura de conocer el puerto. Nunca podía faltar la postal de los barquitos pescadores y los lobos marinos.


 
 
 











Como balance contable, es decir, para ser contado, quedan infinidad de lugares, experiencias y otras cosas interesantes.



 
 
 
 








En fin, un viaje, al decir de Vasconcelos, se comienza con inquietud y se termina con melancolía. Condición, en definitiva, que incita a tener otra oportunidad.

10 de julio de 2013

El mito del eterno retorno






El arte, el entusiasmo, el quedarse con las ganas. La combi y la guita. El tiempo libre, el choreo y el miedo. La pizza y la birra. Internet y los groupones. Buenos Aires, hoteles y turismo.



Durante bastante tiempo habían abandonado la costumbre de ir al centro para ver teatro. Los contratiempos eran una carga que desbalanceaba negativamente el placer que les producía.
Los horarios de las funciones teatrales se programan para muy tarde y a la salida debían apurarse para no perder el último subte o el último tren. Impedimento, por ejemplo, para disfrutar de una cena a la salida del espectáculo.
Aunque lo peor no era la privación de la pizza, la birra y el postre. Lo peor era tener que viajar de regreso en tren nocturno a contramano de los que van a laburar.
Solían imaginarse, con las anécdotas policiales vividas, motivaciones no les faltaban, viajando como pasajeros en los tenebrosos subtes neoyorquinos de las ficciones fílmicas yanquis.
En definitiva, la influencia de la lejanía, junto a las madrugadas desoladas y el transporte público, les condicionaba, en exceso, el regreso a casa.
Sin embargo, como porteños que no se resignaban a vivir la condición de “exiliados” en el tercer cordón del conurbano bonaerense, era lícito que no se perturbaran, más de lo necesario, por los amplios márgenes de inseguridad.  Al menos, que no se convirtiera en una imposibilidad, específicamente, para disfrutar de los encantos de la cultura ciudadana, de los atributos de una ciudad tan pródiga en buenas ofertas artísticas como Buenos Aires.
Pero, resultaba comprensible que se ocuparan de ciertos pormenores.
Cuando, a instancia de la necesidad, irrumpieron las combies, ofreciendo el “puerta a puerta” en una misma jornada, lo visualizaron como una solución al sobresalto de las venidas.
Aunque seguían pensando en que no sería difícil encontrar otras maneras de superar el dilema del “eterno retorno”. Alternativas a similares costos.
Así, se les ocurrió que podrían emular a los turistas que viajan a la capital, o a ellos mismos, cuando les tocaba visitar el interior.
Al menos en eso pensaba la mujer, carente de la más mínima ignorancia en lo que a él respecta, sobre todo en gustos, cuando le regaló para su cumpleaños un viaje “de turismo” por la ciudad, con hospedaje, paseos y visitas guiadas.
A esta altura, se podría asegurar que, improbablemente, no encontraran hoteles para todos los gustos y posibilidades. Desde un hostel armado en un viejo edificio reciclado, a un moderno cinco estrellas.
Y, como suponían, bastante cerca de lo cierto, podría no haber, en cuestiones de dinero, mucha diferencia con las combis.
Sin embargo, lo mejor, o lo peor, aún no llegaba.
Sólo se es en cuanto se tiene Internet y si no se tiene, uno es un analfabeto digital. En este caso, por respeto a la sensibilidad de quienes se sienten en la obligación progresista de conmoverse con las desolaciones humanas, debo advertirles que ellos no tienen Internet. Más grave, Internet  los tiene a ellos.
Alfabetizados digitales, se habían convertido en víctimas de la poderosa red que propone costumbres y modas, donde se destaca la antología serial inacabable de ofertas.
Propuestas abrumadoras de todo tipo. Donde sobresalen hoteles que incluyen desayuno, cena, copas de bienvenidas, late check out, pagos con tarjeta en cuotas sin intereses, y sigue la lista.
En fin, el descubrimiento de otra vida, mejor pero no tan cara e inaccesible.
De todos modos, para que la historia cierre faltaba un elemento indispensable: el tiempo.
Ella, reciente jubilada. Él, sexagenario aún no retirado, podría, por su oficio, regalarse días sabáticos para el resto de su vida. Predomina, por tanto, el tiempo liberado.
Al fin y al cabo, cuando esto ocurre, uno tiene el derecho de creer que la ecuación se cierra perfectamente.
Largados, entonces, a caminar por la ciudad que aman, con la parsimonia que proporciona el hecho de tener tiempo de sobra, y descartada la posibilidad de un regreso amargo, se rinden ante el placer del arte en medio de una placentera estadía.
Superado, finalmente, el anticuado mito de Nietzsche, los moviliza ahora el propósito de pensar en las futuras salidas que aún no planificaron y que se encuentran en lista de espera.

19 de marzo de 2013

Diez días que conmovieron al mundo


Uno, por anticipado, como Discépolo, busca lleno de esperanzas el camino que los sueños prometieron a sus ansias. Apostando a irse, en el menor tiempo posible, con el cargamento efectivo de acumulación de máximas experiencias.

Promovido por ese afán y sensibilizado por los deseos satisfechos, el tipo se comunica enviando mails, cotidianamente, para compartir experiencias y evitar el aislamiento afectivo en Floripa.














Estaba marcado que el lugar tiene atributos para alcanzar la categoría de excelente destino turístico. Millones de turistas, sobre todo argentinos, no pueden estar tan equivocados.



Marzo 6  Más allá que el inicio de un viaje no valida una evaluación ni un juicio definitivo, sirve, al menos, como catarsis para conectarme con los afectos a la distancia.
El bus: como no cabía esperar, el viaje, que ofrecía sacrificio y resignación, resultó menos desgastante que relajado y con la sensación de haber pasado muy rápido.
El hotel: se lleva todos los laureles. Cuatro estrellas, merecidas, por limpieza, confort, atención, comidas, etc.
El tiempo: desafió todos los optimistas pronósticos, fresco, nublado, lloviznoso.
Paisaje: desmesura. Si vale la comparación, San Luis es a Córdoba lo que Córdoba a Brasil. ¿Se entiende la escala?
Economía doméstica: parece un poco cara, o al menos no más barata que allá. Todo no sale menos de 5 reales. Y la ropa, o las zapatillas, igual a lo que estamos acostumbrados.
Bueno, después de todo, como decía el finado Saramago, el objetivo de un viaje es solo el inicio de otro viaje. Besos
PD: siempre en mi ausencia se producen sucesos extraordinarios. Ejemplo: la hiperinflación, la toma de la Tablada, etc. Ahora la muerte del comandante Chávez.













Me cuesta percibir el valor de la oferta. Aunque no sirve prejuzgar. La playa no es de las que me gustan, demasiado angosta. Pero el mar, el mar. Instiga al regocijo.




Marzo 7 Hasta ahora, el tiempo nos fue esquivo. El sol brilló por su ausencia. Y, sin embargo, le damos  las gracias a Dios. Porque sin sombrilla, me la compré a la tarde, el cielo nublado fue una bendición  que nos permitió disfrutar sin acaloramientos  de la hermosa y cercana playa Cachoeira do Bon Jesús, con aguas calmas y cálidas, ideal para seguir haciendo… la plancha!!!.












Sin lugar a dudas sólo la hipótesis de placer permanente sostiene una industria turística permanente.




No es el sol el único ausente. Ni seguridades ni inseguridades. No vimos ningún uniforme. Y tampoco ningún incidente. Apenas algunos jóvenes en fumatas mariguaneras. Aunque, como dice Coelho, si pensás que la aventura es peligrosa, probá la rutina. Es mortal.

El almuerzo  atrasado, la siesta reparadora y, a pesar  del  nublado y las cremas protectoras, las leves quemaduras, motivos suficientes para quedarnos en el hotel. Que, como verás, no es ningún sacrificio.











No podés imaginar el reconfortante episodio gastronómico en el hotel.




La cena  buffet  a discreción, y la ridícula solemnidad de la ceremonia de los comensales que suponen participar de un acontecimiento. Una  multitud de hombres y mujeres que dan vuelta sin tregua alrededor de las góndolas para procurarse esos pequeños placeres con los que revientan el estómago pero le dan satisfacción a su alma.
Habrá que poner alguna moneda, piensan los políticos del poder, para fomentar esa potencia movilizadora que es el turismo para que los ciudadanos la pasen bien, con la condición de que no piensen en otra cosa que pasarla bien. Y reelecciones eternas.

Nunca podía faltar para el viajero en busca de una aventura, de conocimiento, de cultura universal, de esparcimiento, meterse en un mar de publicidad de propuestas excursionistas. Viajes en barcos, grandes y pequeños, en micros, viajes que duran desde tres horas a cinco, y hasta todo el día. Visitando islas, playas, fortalezas, Blumenau, Camboriú, Bombas y Bombinhas y otros destinos.
Un buen auto siempre garpa pero hacer excursiones  tiene su público. Entre los que me incluyo. Me voy mañana todo el día a visitar varias islas y playas. Mañana te cuento, cariños











Sobre todo por las obviedades, preferiría, frente a estos paisajes, redefinir, en adelante, la abrumadora cantidad de belleza.



Marzo 8 Las excepcionales condiciones del tiempo de días anteriores, nublados y lluviosos, que por otro lado no impidieron disfrutar de las playas de Canasvieiras, no podían convertirse,  solo el dinero o la salud podrían hacerlo, en  la antesala de una imposibilidad para realizar excursiones. Sobre todo cuando el imantado Brasil ejerce una poderosa atracción.
Sin embargo, resultaba comprensible que uno se ocupara de ciertos pormenores.
Una de las precauciones obligadas que había que tener  en cuenta, como ciudadano de a pie que soy, era que, al desconocer  las distintas playas que visitaríamos y los horarios, debería descartar la existencia de resguardo para los rayos de sol.
En relación al tema, el guía del viaje a Florianópolis, el simpático cordobés Leo (los guías deberían ser motivo de otra nota), quizás sobornado por la Secretaría de Turismo de Argentina, entre otras advertencias apocalípticas (cuidarse de salir solo de noche, de controlar los precios, etc.), nos advirtió severamente por los efectos del sol de la zona. Es el lugar del planeta, dijo, donde la capa de ozono es más delgada. Por si las moscas, me compré una sombrilla y el protector factor 60.










Consolidada mi identidad de epicureano, poseo el atributo para aprovechar, mientras se pueda, de las pequeñas muestras del paraíso cercano de la tierra.


El micro que tomamos era de un piso, pero de porte grande y moderno. Y con pasaje completo.
Se destacó el guía, un tucumano joven y alegre, con un humor simple y previsible, que aunque no califique para Tinelli, sin embargo, nos hizo placentero el viaje. Hasta que lo perdimos en Porto Belho, producto del cambio del micro (prohiben en la zona la entrada de micros) por varias combies.
Largados con la combie en  busca de las anheladas playas, con la fascinación de un exiliado que vuelve, aunque despojado de salvajismo hedonista, no vacilaría en lucrar con las ventajas que ofrecen  al recién llegado.
Con Cuatro Ilhas, Bombas y Bombinhas, fue suficiente, por hoy!!!.








Dice Galeano: “…sueñan los nadies con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte”, esa buena suerte que les permita, por ejemplo, ubicar  a estos paisajes maravillosos en la lista de los destinos que no deberían dejar de conocer antes de morir.




PD: los “arbolitos” brasucas te cambian a $ 3,75 x real. Se están avivando con el tema tarjeta, algunos te hacen descuento por pago con reales. Por lo menos acá no está nada barato. Más o menos como allá, y a veces más caro. Algo que no me entra, Canasvieiras no tiene ningún café como conocemos. Me mata no poder tomar un café después de cenar. Y estoy en ¡!!Brasil!!!.
La tarjeta está recargada. Cada vez que salgo la recargo. Me compré remeras, gorra, zapatillas. Dios proveerá. Abrazos














Como los cigarrillos LM, el hotel Al Mare marca tu nivel.




Marzo 9  Intrascendente jornada. Desde la noche anterior llueve torrencialmente. Imposible cualquier salida. A quién puede interesar, entonces, las acciones desarrolladas puertas adentro de la habitación de un hotel. Evidentemente, sólo a los protagonistas.














La Armada Invencible se prepara para la batalla cotidiana.



Marzo 10 Desperté temprano, muy temprano. Por la ausencia, muy sentida, del celular, no había  manera de saber la hora, ni siquiera el puto tv tiene, como en Argentina, la hora oficial.
Para decirlo poéticamente, febo asomó a través del vidriado ventanal e iluminó mi rostro.
No podía ser real, si el sol no brillaba a cielo despejado desde que llegué. Sobresaltado, me vestí rápido y bajé a desayunar. Pero resultó ser las seis de la mañana. Y la cocina no abría hasta las siete.






Demás está decir que no desaproveché la oportunidad para caminar bien temprano las playas.
Vuelvo a confirmar, por si hiciera falta, que no hay mejor momento que los amaneceres y los atardeceres para descubrir lo mejor de las playas.
Pasé revista a deportistas, caminadores y trotadores, y a tomadores de sol sin culpas.
También cangrejos, tortugas, cardúmenes y a variados pájaros ávidos de desayunarlos.
Lo demás, lo previsible. Desayuno, vuelta a la playa y al agua hasta el mediodía. Almuerzo, imprescindible siesta y vuelta a la playa y al agua hasta casi la cena. 




















Atardeceres playeros  


Marzo 11 La incorporación de excursiones le otorga a un viaje de descanso, casi nunca lo es, una cuota apasionante de acción y aventura. Estimula a tomar relativamente en serio la idea de calificar de exitosa cualquier vacación.
Sentía, al llegar a Floripa, que se debía comenzar conociendo las playas de la isla, la mayor cantidad posible, al menos las más nombradas.
Además conocer algo de su historia. Por ejemplo, que los habitantes la nombran Floripa. Porque el nombre de Florianópolis deriva de un déspota y despreciado gobernador militar llamado Floriano que en un ataque de egolatría dispuso ponerle su nombre a la isla. O que Canasvieiras era el feudo de un terrateniente llamado Vieiras que producía cañas de azúcar. Una de las bebidas tradicionales de acá es la “sopa de caña”, una exquisita, doy fe, bebida hecha con un exprimido de la caña con jugo de limón.
Historias éstas, a veces mitos a veces reales, que caracterizan a cualquier paseo contratado. Meros detalles que para cualquier conocedor podían resultar anodinos pero que fascinan a los profanos que se inician en los vericuetos de un paseo exploratorio.
Por supuesto, para justificar su condición de elemento insustituible, toda la narrativa es protagonizada por los sujetos de repetidas referencias, los guías (merecedores de nota aparte).











Cuenta, Floripa, con todos los atributos naturales para convertirse, entre otras virtudes, en un auténtico destino playero.



Jureré, Barra de Lagoa, Joaquina, Dos Ingleses. Una seguidilla de playas recorridas en el día.
Una vorágine que consistía en fijar la sombrilla y meterse en el agua menos horas que momentos.
Aunque, como para un buen catador, que no necesita tomar demasiado para saborear y calificar el valor de una bebida, el tiempo fue suficiente para reconocer las bondades de cada una.
Y terminar, cada vez, como en el tango, diciendo...no habrá ninguna igual, no habrá ninguna.












Cada día que pasa se extrañan más los afectos lejanos, pero menos las costas argentinas.



Marzo 12 Ya  habituados a la resignación de saber que, inexorablemente, el tiempo es cambiante, corresponde entonces entregarse. No obstante, sin necesidades ni urgencias, no es impedimento para poder hacer, durante horas, la plancha cotidiana donde lucen las virtudes de las aguas de Canasvieiras.



















Marzo 13 Día de mallas mojadas. Para que mis amigos no me tilden, sin mayor rigor, de exagerado, me atrevo a consignar un posible logro del paseo brasileño. Batir el récord de permanencia en el agua.
Te lo había adelantado. Cada vez que salgo de vacaciones se producen sucesos extraordinarios. La muerte de Chávez días atrás, hoy con la elección papal de Bergoglio.
Noticia que conocí de la mano de varios brasileños en la playa, el que me alquilaba las sillas y el vendedor ambulante de queso caliente, que no sé cómo se dio cuenta, debo tener cara, que era argentino y me comentaron y felicitaron por el Papa argentino.
Te la sigo mañana. 









Por si no bastara, en la desmesurada naturaleza de Brasil compiten un conglomerado interminable de islas y morros, casi asfixiados por la presión del atlántico, y sus aguas cálidas.




Marzo 14  En vísperas del nuevo día, todos nos preguntamos, como el camarada Ulianov, qué hacer, mientras esperamos las citaciones del clima.
En realidad, aparte del deseo, impera el desconcierto. Ocurre que estamos convencidos, con ciertos fundamentos, de paranoia lícita.
Sin embargo, por una cuestión de actitud, vale la fórmula Diego Torres. Saber que se puede. Querer que se pueda. Pintarse la cara color esperanza.
Se apodera de nosotros, entonces, mientras se presiente que, implacablemente, se nos viene el fin del viaje, aquello que los optimistas pueden llamar turistas felices.
Y, aún, sabiendo que el clima nos hará sentir la ofensiva del escarnio, al que ya estamos, por otra parte, habituados, aguantar es la consigna. De todos modos, hasta ahora, las continuas atrocidades cometidas por el “enemigo”, no fueron un impedimento, al contrario muchas veces, para procurar satisfacciones.
En fin, un día con poco sol, poca lluvia, poco vientos, mar calmo, de a ratos picado. Agua más fría de lo común. Presencia playera a full, almuerzo incluído, y baños marinos a discreción.











Puente Hercilio Luz, como el obelisco para Buenos Aires.





Marzo 15  El protagonista del verano, el clima, el “enemigo”, nos despidió con todos los honores. Nos obligó, por segunda vez, a pasarlo sentado frente al televisor, en la net, o en el lobby, con los compañeros de infortunio.
Para concluir. El paseo fugaz por el país limítrofe, nos dejó un sabor muy agradable. Pocas cosas negativas, muy pocas, que, en agradecimiento a los buenos momentos pasados, merecen disimularse. No hacerlo sería una injusticia.
Ahora podría decir, parafraseando a Rimbaud, que el viajar es una estupidez. Probablemente lo sea. Pero sin el viaje la vida no tendría mucho sabor, acaso ni siquiera sentido.



Fin del viaje. Principio de la epopeya.
Todo aquel que en un viaje a Brasil no se relacione con una “garota”, pierde, pierde con énfasis. Y los amigos, aunque simulen compadecerlo, sigilosamente, por detrás, se mofarán.
Para evitar convertirse en un perdedor compulsivo deberá probar fehacientemente, para que las dudas se desvanezcan, aunque sea módica y patéticamente, que aprovechó las oportunidades.





9 de mayo de 2012

Feria del Libro


Vanidades, cholulismo, periodismo y literatura

Ningún otro acontecimiento refleja, mejor que la Feria del Libro, la conjunción de la cultura y la “civilización del espectáculo”.
Sin embargo, el libro no disminuye su importancia en beneficio del espectáculo. En definitiva el texto se acerca a la distracción y ésta  acerca a la gente al libro sin superposiciones.



Cuando se lanzó la idea, casi cuarenta años atrás, nadie podía prever que esa apuesta duraría hasta hoy. En un país, como el nuestro, donde todo dura poco y la continuidad es lo exótico.
De manera que no era cuestión de desaprovechar la oportunidad. Sobre todo cuando el panorama pintaba bien para acordar mis intereses, participar de la presentación del  libro "Las mujeres más solas del mundo" de Jorge Fernández Díaz, con los deseos del preadolescente Manuel de visitar por primera vez la Feria.
De movida entonces, con la colaboración de un primaveral sábado de otoño, tras caminar lentamente la interminable cola, arrastrados por la apretada multitud de impacientes, logramos entrar.  Prueba, en grado superlativo, el interés que despierta el evento.
Con la consigna: “cada libro es un mundo, hagamos turismo” comenzó el desfile por los stands. 
Primero el universo ficcional infanto-juvenil, las editoriales fantásticas de las historietas.


Luego, las promesas deben cumplirse, las adultas disertaciones literarias.
Así, Manuel supo, con manifiesto propósito compensatorio, abnegadamente, como los iniciados que participan de una presentación, el significado de la monotonía.


A sala colmada (200 personas) los integrantes del panel, el periodista  Héctor D'Amico, el escritor Guillermo Martínez y el periodista y escritor Martín Caparrós se convirtieron en inteligentes diseccionadores de la obra y vida del autor.
Héctor D'Amico, que comparte diariamente con él la redacción del diario La Nación, habló del lado humano de Fernández Díaz, quien “a la hora de escribir, se ocupa más de las personas que de los hechos periodísticos”.
Guillermo Martínez, encarándolo desde lo literario, definió al libro como "un estudio contemporáneo de tipos humanos", recordándole las Aguafuertes de Roberto Arlt.
Las dudas de Caparrós, al leer estas historias de personas comunes, por “saber si eran crónicas, si eran cuentos... hasta suspender la incredulidad para seguir adelante por el mero placer de la lectura”.
"Trato de trabajar esa ambigüedad entre la realidad y la ficción y tratar de contar los sentimientos y las épicas pequeñas. Contar el mundo desde abajo", sintetizó el autor.


Descubrió, además, en el público, a varios de los personajes que aparecen en sus escritos.
A la mamá, que fue la protagonista de una de sus novelas.
Al productor teatral Jacinto Pérez Heredia, "El chico que amaba a Greta Garbo". A Caparrós, a Martínez, a D’Amico.
A la cubana Argentina, "con ella pasó algo muy lindo, muy fuerte y muy extraño. Después de muchas cosas vividas la mandaron a una psiquiatra. Y la psiquiatra, luego de escuchar su historia, le dijo que era como para que alguien la escribiera o hiciera una película. Y ella le contó que yo había escrito eso, y ahí la psiquiatra descubrió quién era yo. Y lo que yo descubrí el otro día es que esa psiquiatra es la que atendió a mi madre. La que figura en el comienzo de Mamá ".
"Pero también el libro está  hecho de personajes que no se pueden nombrar", dijo Fernández Díaz.
Se contaba la presencia de conspicuos integrantes de la prensa no complaciente, la "corporación mediática”. Entre ellos, Pablo Sirvén, Gustavo Sierra, Carlos Ulanovsky, Luis Majul, Laura DiMarco (autora del libro sobre la Cámpora), Alfredo Leuco, y otros.
Estaban, también, Laura Ramos, Claudia Piñeiro (ganadora del premio Clarín de novela), Luisa Kuliok, Jorge Telerman y el ex rector de la UBA Guillermo Jaim Etcheverry .
Un ferviente devoto del cholulismo no podría ser ajeno a la fascinación del espectáculo.
Pero la mirada debía ponerse en Fernández Díaz. Para qué había comprado el libro, sino para que me lo dedicara.


La operación consistía en hacer la cola y esperar el turno, para alcanzar el mérito.
Superadas las tentaciones irracionales y expulsados ciertos temores, se estableció una conversación, por momentos de índole personal, que terminó, para alivio de los que esperaban el turno para ser dedicados, con la amable propuesta del escritor para sacarnos una foto.



Finalmente, merece un destacado la inteligente participación de Alicia, que recurriendo a la sensatez que la caracteriza, impuso, en la práctica, los criterios racionales que suele manifestar. "...ahí está Caparrós, dale boludo, ponete al lado que te saco una foto".
De no haber sido por ella esta imagen no existiría. 

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25 de abril de 2012

Lilí, Relato de un secuestro



Simplemente se trata de una narración conmovedora de lo que fue, en apariencias, una historia mínima. Lo que les ocurrió a dos jóvenes secuestradas por la dictadura entre el 77-78.
Produce la lectura, saludables nauseas contra la aplicación de maltratos absurdos que descubren la prepotencia inhumana del poder y la aproximación a la magnitud de los horrores que caracterizó a la demencial dictadura.
Sin embargo, al margen de la caravana de espantos, de la crueldad interminable e inexplicable de esos días, el libro prueba admirablemente la carísima resistencia, intransferible y personal, convertida por su obstinación en el refugio de la vida.
Para su autora, como sobreviviente que nada tiene propio para perder, salvo las miradas fantasmales que la persiguen, el emotivo testimonio atenúa la pesada carga que se acumula desde esos tiempos, convertido en una conveniente manera de soportarla.



Cristina Bustamante en la presentación del libro

6 de octubre de 2011

Greguería





Todo transcurrió durante la mañana del domingo, con el sol arrogante de octubre, en San Jerónimo, San Luis. Visita social y, de paso, un baño termal con masajes descontracturantes.






Se lo venía prometiendo desde que se instaló hace tres años, buscando su lugar en el mundo, en ese perdido rincón de la geografía argentina llamado San Jerónimo, pequeña ciudad que no alcanza a las diez cuadras de largo ni a los mil habitantes permanentes pero que tiene, sin embargo, el encanto de los pueblitos del interior y el raro privilegio de poseer aguas termales.

De manera que para que no termine todo, como en “naranjo en flor”, en promesas vanas que se escapan en el viento, decidí encontrarme con ese amigo al que no le entraba que en mis frecuentes escapadas al “territorio libre asociado” de los Saá no lo fuera alguna vez a visitar.

La previa conversación por celular sirvió para advertirle de nuestra inmediata presencia, para no caerle por sorpresa y de improviso.

Fue muy breve: solo había que encontrar, entrando por la calle principal, una casa de material con las rejas verdes. Si no la encontrábamos, simplemente, preguntar por el pastor.

Ya en otra oportunidad, la última vez que nos vimos, me había comentado que se dedicaba al “pastoreo” y a cuidar de su rebaño. Pero me lo imaginaba, tratándose de un tipo emprendedor como él, al comando de una pequeña pyme agropecuaria que le permitía completar, con su jubilación, un ingreso digno.

En realidad, para ser sincero, no me cuadraba para nada la idea de que se haya convertido en un pastor evangélico, sobre todo conociéndole sus historias verdaderas.

Ahora, viendo como había levantado un templo en su propia casa, comencé a considerar el asunto más seriamente.

Como era casi el mediodía, fue visita de médico. Y, como era de esperar, el epílogo místico era cantado, se veía venir.

De ninguna manera podía yo negarme a recibir el regalo más preciado que él creía me podía dar, que era “la palabra de Dios”. Como tampoco podía hacer ninguna objeción a su deseo de bendecirnos.

Después de todo, abandonar el orgullo ateo por un rato no significa necesariamente ser un converso. Además, no era el momento de probar si era falsa la profecía de Coelho de que toda bendición que no es aceptada se convierte en una maldición.

Comenzó repitiendo fragmentos de San Juan, desde una Biblia gastada y subrayada, un lugar común del que se precia de traducir “la verdad revelada”.

Luego, tomándonos en abrazos compartidos, y con la cabeza gacha, como un equipo a punto de jugar una final, nos pidió que repitiéramos con él una plegaria.

Yo estaba dispuesto a escucharlo, pero repetir en voz alta sus palabras fue demasiado para mí. De ninguna manera podía abastecerlo de tanta hipocresía.

Quizás, con la mudez, mi racionalidad me impidió sumergirme en esos refinamientos del espíritu.

Sin embargo, lo que no me había perdido fue el previo, concreto y refinado desafío para el físico.

No impidió mi razón sumergirme en las cálidas bañeras de aguas termales, cuando mi experiencia en baños de inmersión se reducía a los que solía darme, con sales y esencias, en mi propia bañera, hacía muchísimos años.

15 de septiembre de 2011

Acción y aventura










“En Córdoba las mujeres le llamarán la atención, el vino, los alfajores y la voz del interior”. Chango Rodríguez








Otra vez el viaje. Es difícil no ceder a las tentaciones del personaje de Kerouac, a la sazón mi hermano (ver:confieso). Un viaje, como suele ser común, relámpago. Insuficiente para calmar todos los anhelos, deseos, apetitos. Suficiente para despegarse de la cotidianidad. Y una manera figurada de rajarle al analista.
Le tomé el gusto a esta forma de burlar la realidad (término que no pude descifrar porque sobre gusto no hay nada escrito).


El mérito de intentar

“Para contemplar con mayor profundidad que desde el nivel del río”, escribía el poeta berreta ,“tendré que esperar, en todo caso, a que llegue pronto la montaña”.
Para mí, sin embargo, “estaba ahí, tan cerca, palpable, a mano”. Y no podía no estar en Córdoba. Y no provocar nostalgia.
Después de todo, ¿Qué sería de nosotros sin nostalgia, sin evocar situaciones favorables, sin desafíos?
En definitiva, volvía al mismo lugar, treinta años después, para repetir la “hazaña”: alcanzar la cima del cerro más alto de las sierras chicas.
Ganas no me faltaban. Y descartaba que la suerte no me sería esquiva.
Los vientos primaverales soplaban fuerte. Y debía hacerlo rápido porque el ocaso se aproximaba.
Me desviví en elogios: “hermosa giba de la naturaleza no te resistas, dejame alcanzar tu vértice” y otras ordinarieces por el estilo.
Con fuerza, con vitalismo, emprendí el ascenso.
Costó, usando a Churchill, sangre, sudor y lágrimas. Y todo el oxígeno de mis pulmones.
Aunque, a fuer de sincero, debo decir una verdad que no tendría que decir nunca a nadie. Para no menoscabar ni ofender a mi maltrecho ego.
No pude. No pude llegar, gasté todas las disponibilidades pero no me alcanzó.
Al final terminé pagando cara la osadía. La sutil y sagaz naturaleza me noqueó, me hizo besar la lona, me dejó fuera de combate.
Y, todavía, debería estar muy agradecido porque me permitió volver sobre mis pasos, con mis propios medios y sin necesidad de un pulmotor.
Ánimo. El que escribe se la banca. Y los amigos, generosamente piadosos, deberían también sostenerlo en la bancada. 
En definitiva, una entre tantas ilusiones perdidas, no puede significar la consagración de la imposibilidad.
Habrá que esperar, en todo caso, hasta la próxima instancia, aunque pueda ser aún mucho peor.




...continuará

15 de abril de 2011

No me gaste Joaquín




Muy pronto, seguramente antes de las elecciones, San Miguel centro será, con avenidas de mano única, semáforos onda verde y veredas anchas, una postal de una moderna ciudad comercial.
Para que la familia pueda disfrutar un paseo de compras como en los mejores shopping.




Al menos eso es lo que nos venden los asalariados del intendente y los idealistas del sistema.

Pero todo esto da material para la especulación. Porque el futuro no es, precisamente, el presente.

Hoy, el antiguo centro de San Miguel se convirtió en un caos. Un infierno. Pero sin la poesía del Dante.

Descartada la hipótesis del desastre natural, donde no hay responsabilidad humana, vale la pregunta: ¿Quién produce entonces estos cambios?. ¿La anónima multitud? ¿El espíritu de los tiempos? ¿El inconsciente colectivo?.

Faltaba más.

Afirma el lingüista y filósofo francés Jean- Claude Milner  “… hoy es  muy raro que los gobernantes afirmen que han efectuado una elección. Los gobernantes  declaran hallarse  sometidos: a los mercados, a la protección de la naturaleza, a las encuestas de opinión.
En resumen, a cosas que no hablan. Y como se consideran ellos mismos sometidos, esperan que los gobernados también lo estén. Como el poder reposa en cosas mudas, esperan que todos se callen.”

Nadie puede sorprenderse, entonces, que el alcalde nuestro de cada día se comporte como un patrón de estancia. Víctima del furor reeleccionista.

Pero volvamos a la ciudad desguarnecida, que es el tema.

¿No se debería haber creado, tratándose de obra semejante, un registro de oposición?  ¿O un concurso de ideas?

¿Hacía falta el sacrificio de árboles añosos, reemplazándolos por escuálidos ejemplares que no resistirán el paso del tiempo?

¿Era necesario convertir en víctimas extraviadas por la mala información, por la ignorancia, a los agentes municipales que no brillaron por su ausencia?

¿Acaso era inevitable refregarme en la cara, Joaquín, mi condición de ciudadano de a pie?.

A esta altura puede que sea tarde para que las cosas vuelvan atrás.

Pero esta desconexión entre la política y nuestra condición de seres mudos e invisibles del poder, aún grave, no debería ser inmutable.

Se impone, entonces, no sucumbir. Mantenerse entero. Y recuperar la palabra.

Para que ningún gil vuelva a hablar en nuestro nombre.