19 de marzo de 2013

Diez días que conmovieron al mundo


Uno, por anticipado, como Discépolo, busca lleno de esperanzas el camino que los sueños prometieron a sus ansias. Apostando a irse, en el menor tiempo posible, con el cargamento efectivo de acumulación de máximas experiencias.

Promovido por ese afán y sensibilizado por los deseos satisfechos, el tipo se comunica enviando mails, cotidianamente, para compartir experiencias y evitar el aislamiento afectivo en Floripa.














Estaba marcado que el lugar tiene atributos para alcanzar la categoría de excelente destino turístico. Millones de turistas, sobre todo argentinos, no pueden estar tan equivocados.



Marzo 6  Más allá que el inicio de un viaje no valida una evaluación ni un juicio definitivo, sirve, al menos, como catarsis para conectarme con los afectos a la distancia.
El bus: como no cabía esperar, el viaje, que ofrecía sacrificio y resignación, resultó menos desgastante que relajado y con la sensación de haber pasado muy rápido.
El hotel: se lleva todos los laureles. Cuatro estrellas, merecidas, por limpieza, confort, atención, comidas, etc.
El tiempo: desafió todos los optimistas pronósticos, fresco, nublado, lloviznoso.
Paisaje: desmesura. Si vale la comparación, San Luis es a Córdoba lo que Córdoba a Brasil. ¿Se entiende la escala?
Economía doméstica: parece un poco cara, o al menos no más barata que allá. Todo no sale menos de 5 reales. Y la ropa, o las zapatillas, igual a lo que estamos acostumbrados.
Bueno, después de todo, como decía el finado Saramago, el objetivo de un viaje es solo el inicio de otro viaje. Besos
PD: siempre en mi ausencia se producen sucesos extraordinarios. Ejemplo: la hiperinflación, la toma de la Tablada, etc. Ahora la muerte del comandante Chávez.













Me cuesta percibir el valor de la oferta. Aunque no sirve prejuzgar. La playa no es de las que me gustan, demasiado angosta. Pero el mar, el mar. Instiga al regocijo.




Marzo 7 Hasta ahora, el tiempo nos fue esquivo. El sol brilló por su ausencia. Y, sin embargo, le damos  las gracias a Dios. Porque sin sombrilla, me la compré a la tarde, el cielo nublado fue una bendición  que nos permitió disfrutar sin acaloramientos  de la hermosa y cercana playa Cachoeira do Bon Jesús, con aguas calmas y cálidas, ideal para seguir haciendo… la plancha!!!.












Sin lugar a dudas sólo la hipótesis de placer permanente sostiene una industria turística permanente.




No es el sol el único ausente. Ni seguridades ni inseguridades. No vimos ningún uniforme. Y tampoco ningún incidente. Apenas algunos jóvenes en fumatas mariguaneras. Aunque, como dice Coelho, si pensás que la aventura es peligrosa, probá la rutina. Es mortal.

El almuerzo  atrasado, la siesta reparadora y, a pesar  del  nublado y las cremas protectoras, las leves quemaduras, motivos suficientes para quedarnos en el hotel. Que, como verás, no es ningún sacrificio.











No podés imaginar el reconfortante episodio gastronómico en el hotel.




La cena  buffet  a discreción, y la ridícula solemnidad de la ceremonia de los comensales que suponen participar de un acontecimiento. Una  multitud de hombres y mujeres que dan vuelta sin tregua alrededor de las góndolas para procurarse esos pequeños placeres con los que revientan el estómago pero le dan satisfacción a su alma.
Habrá que poner alguna moneda, piensan los políticos del poder, para fomentar esa potencia movilizadora que es el turismo para que los ciudadanos la pasen bien, con la condición de que no piensen en otra cosa que pasarla bien. Y reelecciones eternas.

Nunca podía faltar para el viajero en busca de una aventura, de conocimiento, de cultura universal, de esparcimiento, meterse en un mar de publicidad de propuestas excursionistas. Viajes en barcos, grandes y pequeños, en micros, viajes que duran desde tres horas a cinco, y hasta todo el día. Visitando islas, playas, fortalezas, Blumenau, Camboriú, Bombas y Bombinhas y otros destinos.
Un buen auto siempre garpa pero hacer excursiones  tiene su público. Entre los que me incluyo. Me voy mañana todo el día a visitar varias islas y playas. Mañana te cuento, cariños











Sobre todo por las obviedades, preferiría, frente a estos paisajes, redefinir, en adelante, la abrumadora cantidad de belleza.



Marzo 8 Las excepcionales condiciones del tiempo de días anteriores, nublados y lluviosos, que por otro lado no impidieron disfrutar de las playas de Canasvieiras, no podían convertirse,  solo el dinero o la salud podrían hacerlo, en  la antesala de una imposibilidad para realizar excursiones. Sobre todo cuando el imantado Brasil ejerce una poderosa atracción.
Sin embargo, resultaba comprensible que uno se ocupara de ciertos pormenores.
Una de las precauciones obligadas que había que tener  en cuenta, como ciudadano de a pie que soy, era que, al desconocer  las distintas playas que visitaríamos y los horarios, debería descartar la existencia de resguardo para los rayos de sol.
En relación al tema, el guía del viaje a Florianópolis, el simpático cordobés Leo (los guías deberían ser motivo de otra nota), quizás sobornado por la Secretaría de Turismo de Argentina, entre otras advertencias apocalípticas (cuidarse de salir solo de noche, de controlar los precios, etc.), nos advirtió severamente por los efectos del sol de la zona. Es el lugar del planeta, dijo, donde la capa de ozono es más delgada. Por si las moscas, me compré una sombrilla y el protector factor 60.










Consolidada mi identidad de epicureano, poseo el atributo para aprovechar, mientras se pueda, de las pequeñas muestras del paraíso cercano de la tierra.


El micro que tomamos era de un piso, pero de porte grande y moderno. Y con pasaje completo.
Se destacó el guía, un tucumano joven y alegre, con un humor simple y previsible, que aunque no califique para Tinelli, sin embargo, nos hizo placentero el viaje. Hasta que lo perdimos en Porto Belho, producto del cambio del micro (prohiben en la zona la entrada de micros) por varias combies.
Largados con la combie en  busca de las anheladas playas, con la fascinación de un exiliado que vuelve, aunque despojado de salvajismo hedonista, no vacilaría en lucrar con las ventajas que ofrecen  al recién llegado.
Con Cuatro Ilhas, Bombas y Bombinhas, fue suficiente, por hoy!!!.








Dice Galeano: “…sueñan los nadies con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte”, esa buena suerte que les permita, por ejemplo, ubicar  a estos paisajes maravillosos en la lista de los destinos que no deberían dejar de conocer antes de morir.




PD: los “arbolitos” brasucas te cambian a $ 3,75 x real. Se están avivando con el tema tarjeta, algunos te hacen descuento por pago con reales. Por lo menos acá no está nada barato. Más o menos como allá, y a veces más caro. Algo que no me entra, Canasvieiras no tiene ningún café como conocemos. Me mata no poder tomar un café después de cenar. Y estoy en ¡!!Brasil!!!.
La tarjeta está recargada. Cada vez que salgo la recargo. Me compré remeras, gorra, zapatillas. Dios proveerá. Abrazos














Como los cigarrillos LM, el hotel Al Mare marca tu nivel.




Marzo 9  Intrascendente jornada. Desde la noche anterior llueve torrencialmente. Imposible cualquier salida. A quién puede interesar, entonces, las acciones desarrolladas puertas adentro de la habitación de un hotel. Evidentemente, sólo a los protagonistas.














La Armada Invencible se prepara para la batalla cotidiana.



Marzo 10 Desperté temprano, muy temprano. Por la ausencia, muy sentida, del celular, no había  manera de saber la hora, ni siquiera el puto tv tiene, como en Argentina, la hora oficial.
Para decirlo poéticamente, febo asomó a través del vidriado ventanal e iluminó mi rostro.
No podía ser real, si el sol no brillaba a cielo despejado desde que llegué. Sobresaltado, me vestí rápido y bajé a desayunar. Pero resultó ser las seis de la mañana. Y la cocina no abría hasta las siete.






Demás está decir que no desaproveché la oportunidad para caminar bien temprano las playas.
Vuelvo a confirmar, por si hiciera falta, que no hay mejor momento que los amaneceres y los atardeceres para descubrir lo mejor de las playas.
Pasé revista a deportistas, caminadores y trotadores, y a tomadores de sol sin culpas.
También cangrejos, tortugas, cardúmenes y a variados pájaros ávidos de desayunarlos.
Lo demás, lo previsible. Desayuno, vuelta a la playa y al agua hasta el mediodía. Almuerzo, imprescindible siesta y vuelta a la playa y al agua hasta casi la cena. 




















Atardeceres playeros  


Marzo 11 La incorporación de excursiones le otorga a un viaje de descanso, casi nunca lo es, una cuota apasionante de acción y aventura. Estimula a tomar relativamente en serio la idea de calificar de exitosa cualquier vacación.
Sentía, al llegar a Floripa, que se debía comenzar conociendo las playas de la isla, la mayor cantidad posible, al menos las más nombradas.
Además conocer algo de su historia. Por ejemplo, que los habitantes la nombran Floripa. Porque el nombre de Florianópolis deriva de un déspota y despreciado gobernador militar llamado Floriano que en un ataque de egolatría dispuso ponerle su nombre a la isla. O que Canasvieiras era el feudo de un terrateniente llamado Vieiras que producía cañas de azúcar. Una de las bebidas tradicionales de acá es la “sopa de caña”, una exquisita, doy fe, bebida hecha con un exprimido de la caña con jugo de limón.
Historias éstas, a veces mitos a veces reales, que caracterizan a cualquier paseo contratado. Meros detalles que para cualquier conocedor podían resultar anodinos pero que fascinan a los profanos que se inician en los vericuetos de un paseo exploratorio.
Por supuesto, para justificar su condición de elemento insustituible, toda la narrativa es protagonizada por los sujetos de repetidas referencias, los guías (merecedores de nota aparte).











Cuenta, Floripa, con todos los atributos naturales para convertirse, entre otras virtudes, en un auténtico destino playero.



Jureré, Barra de Lagoa, Joaquina, Dos Ingleses. Una seguidilla de playas recorridas en el día.
Una vorágine que consistía en fijar la sombrilla y meterse en el agua menos horas que momentos.
Aunque, como para un buen catador, que no necesita tomar demasiado para saborear y calificar el valor de una bebida, el tiempo fue suficiente para reconocer las bondades de cada una.
Y terminar, cada vez, como en el tango, diciendo...no habrá ninguna igual, no habrá ninguna.












Cada día que pasa se extrañan más los afectos lejanos, pero menos las costas argentinas.



Marzo 12 Ya  habituados a la resignación de saber que, inexorablemente, el tiempo es cambiante, corresponde entonces entregarse. No obstante, sin necesidades ni urgencias, no es impedimento para poder hacer, durante horas, la plancha cotidiana donde lucen las virtudes de las aguas de Canasvieiras.



















Marzo 13 Día de mallas mojadas. Para que mis amigos no me tilden, sin mayor rigor, de exagerado, me atrevo a consignar un posible logro del paseo brasileño. Batir el récord de permanencia en el agua.
Te lo había adelantado. Cada vez que salgo de vacaciones se producen sucesos extraordinarios. La muerte de Chávez días atrás, hoy con la elección papal de Bergoglio.
Noticia que conocí de la mano de varios brasileños en la playa, el que me alquilaba las sillas y el vendedor ambulante de queso caliente, que no sé cómo se dio cuenta, debo tener cara, que era argentino y me comentaron y felicitaron por el Papa argentino.
Te la sigo mañana. 









Por si no bastara, en la desmesurada naturaleza de Brasil compiten un conglomerado interminable de islas y morros, casi asfixiados por la presión del atlántico, y sus aguas cálidas.




Marzo 14  En vísperas del nuevo día, todos nos preguntamos, como el camarada Ulianov, qué hacer, mientras esperamos las citaciones del clima.
En realidad, aparte del deseo, impera el desconcierto. Ocurre que estamos convencidos, con ciertos fundamentos, de paranoia lícita.
Sin embargo, por una cuestión de actitud, vale la fórmula Diego Torres. Saber que se puede. Querer que se pueda. Pintarse la cara color esperanza.
Se apodera de nosotros, entonces, mientras se presiente que, implacablemente, se nos viene el fin del viaje, aquello que los optimistas pueden llamar turistas felices.
Y, aún, sabiendo que el clima nos hará sentir la ofensiva del escarnio, al que ya estamos, por otra parte, habituados, aguantar es la consigna. De todos modos, hasta ahora, las continuas atrocidades cometidas por el “enemigo”, no fueron un impedimento, al contrario muchas veces, para procurar satisfacciones.
En fin, un día con poco sol, poca lluvia, poco vientos, mar calmo, de a ratos picado. Agua más fría de lo común. Presencia playera a full, almuerzo incluído, y baños marinos a discreción.











Puente Hercilio Luz, como el obelisco para Buenos Aires.





Marzo 15  El protagonista del verano, el clima, el “enemigo”, nos despidió con todos los honores. Nos obligó, por segunda vez, a pasarlo sentado frente al televisor, en la net, o en el lobby, con los compañeros de infortunio.
Para concluir. El paseo fugaz por el país limítrofe, nos dejó un sabor muy agradable. Pocas cosas negativas, muy pocas, que, en agradecimiento a los buenos momentos pasados, merecen disimularse. No hacerlo sería una injusticia.
Ahora podría decir, parafraseando a Rimbaud, que el viajar es una estupidez. Probablemente lo sea. Pero sin el viaje la vida no tendría mucho sabor, acaso ni siquiera sentido.



Fin del viaje. Principio de la epopeya.
Todo aquel que en un viaje a Brasil no se relacione con una “garota”, pierde, pierde con énfasis. Y los amigos, aunque simulen compadecerlo, sigilosamente, por detrás, se mofarán.
Para evitar convertirse en un perdedor compulsivo deberá probar fehacientemente, para que las dudas se desvanezcan, aunque sea módica y patéticamente, que aprovechó las oportunidades.





9 de mayo de 2012

Feria del Libro


Vanidades, cholulismo, periodismo y literatura

Ningún otro acontecimiento refleja, mejor que la Feria del Libro, la conjunción de la cultura y la “civilización del espectáculo”.
Sin embargo, el libro no disminuye su importancia en beneficio del espectáculo. En definitiva el texto se acerca a la distracción y ésta  acerca a la gente al libro sin superposiciones.



Cuando se lanzó la idea, casi cuarenta años atrás, nadie podía prever que esa apuesta duraría hasta hoy. En un país, como el nuestro, donde todo dura poco y la continuidad es lo exótico.
De manera que no era cuestión de desaprovechar la oportunidad. Sobre todo cuando el panorama pintaba bien para acordar mis intereses, participar de la presentación del  libro "Las mujeres más solas del mundo" de Jorge Fernández Díaz, con los deseos del preadolescente Manuel de visitar por primera vez la Feria.
De movida entonces, con la colaboración de un primaveral sábado de otoño, tras caminar lentamente la interminable cola, arrastrados por la apretada multitud de impacientes, logramos entrar.  Prueba, en grado superlativo, el interés que despierta el evento.
Con la consigna: “cada libro es un mundo, hagamos turismo” comenzó el desfile por los stands. 
Primero el universo ficcional infanto-juvenil, las editoriales fantásticas de las historietas.


Luego, las promesas deben cumplirse, las adultas disertaciones literarias.
Así, Manuel supo, con manifiesto propósito compensatorio, abnegadamente, como los iniciados que participan de una presentación, el significado de la monotonía.


A sala colmada (200 personas) los integrantes del panel, el periodista  Héctor D'Amico, el escritor Guillermo Martínez y el periodista y escritor Martín Caparrós se convirtieron en inteligentes diseccionadores de la obra y vida del autor.
Héctor D'Amico, que comparte diariamente con él la redacción del diario La Nación, habló del lado humano de Fernández Díaz, quien “a la hora de escribir, se ocupa más de las personas que de los hechos periodísticos”.
Guillermo Martínez, encarándolo desde lo literario, definió al libro como "un estudio contemporáneo de tipos humanos", recordándole las Aguafuertes de Roberto Arlt.
Las dudas de Caparrós, al leer estas historias de personas comunes, por “saber si eran crónicas, si eran cuentos... hasta suspender la incredulidad para seguir adelante por el mero placer de la lectura”.
"Trato de trabajar esa ambigüedad entre la realidad y la ficción y tratar de contar los sentimientos y las épicas pequeñas. Contar el mundo desde abajo", sintetizó el autor.


Descubrió, además, en el público, a varios de los personajes que aparecen en sus escritos.
A la mamá, que fue la protagonista de una de sus novelas.
Al productor teatral Jacinto Pérez Heredia, "El chico que amaba a Greta Garbo". A Caparrós, a Martínez, a D’Amico.
A la cubana Argentina, "con ella pasó algo muy lindo, muy fuerte y muy extraño. Después de muchas cosas vividas la mandaron a una psiquiatra. Y la psiquiatra, luego de escuchar su historia, le dijo que era como para que alguien la escribiera o hiciera una película. Y ella le contó que yo había escrito eso, y ahí la psiquiatra descubrió quién era yo. Y lo que yo descubrí el otro día es que esa psiquiatra es la que atendió a mi madre. La que figura en el comienzo de Mamá ".
"Pero también el libro está  hecho de personajes que no se pueden nombrar", dijo Fernández Díaz.
Se contaba la presencia de conspicuos integrantes de la prensa no complaciente, la "corporación mediática”. Entre ellos, Pablo Sirvén, Gustavo Sierra, Carlos Ulanovsky, Luis Majul, Laura DiMarco (autora del libro sobre la Cámpora), Alfredo Leuco, y otros.
Estaban, también, Laura Ramos, Claudia Piñeiro (ganadora del premio Clarín de novela), Luisa Kuliok, Jorge Telerman y el ex rector de la UBA Guillermo Jaim Etcheverry .
Un ferviente devoto del cholulismo no podría ser ajeno a la fascinación del espectáculo.
Pero la mirada debía ponerse en Fernández Díaz. Para qué había comprado el libro, sino para que me lo dedicara.


La operación consistía en hacer la cola y esperar el turno, para alcanzar el mérito.
Superadas las tentaciones irracionales y expulsados ciertos temores, se estableció una conversación, por momentos de índole personal, que terminó, para alivio de los que esperaban el turno para ser dedicados, con la amable propuesta del escritor para sacarnos una foto.



Finalmente, merece un destacado la inteligente participación de Alicia, que recurriendo a la sensatez que la caracteriza, impuso, en la práctica, los criterios racionales que suele manifestar. "...ahí está Caparrós, dale boludo, ponete al lado que te saco una foto".
De no haber sido por ella esta imagen no existiría. 

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25 de abril de 2012

Lilí, Relato de un secuestro



Simplemente se trata de una narración conmovedora de lo que fue, en apariencias, una historia mínima. Lo que les ocurrió a dos jóvenes secuestradas por la dictadura entre el 77-78.
Produce la lectura, saludables nauseas contra la aplicación de maltratos absurdos que descubren la prepotencia inhumana del poder y la aproximación a la magnitud de los horrores que caracterizó a la demencial dictadura.
Sin embargo, al margen de la caravana de espantos, de la crueldad interminable e inexplicable de esos días, el libro prueba admirablemente la carísima resistencia, intransferible y personal, convertida por su obstinación en el refugio de la vida.
Para su autora, como sobreviviente que nada tiene propio para perder, salvo las miradas fantasmales que la persiguen, el emotivo testimonio atenúa la pesada carga que se acumula desde esos tiempos, convertido en una conveniente manera de soportarla.



Cristina Bustamante en la presentación del libro

6 de octubre de 2011

Greguería





Todo transcurrió durante la mañana del domingo, con el sol arrogante de octubre, en San Jerónimo, San Luis. Visita social y, de paso, un baño termal con masajes descontracturantes.






Se lo venía prometiendo desde que se instaló hace tres años, buscando su lugar en el mundo, en ese perdido rincón de la geografía argentina llamado San Jerónimo, pequeña ciudad que no alcanza a las diez cuadras de largo ni a los mil habitantes permanentes pero que tiene, sin embargo, el encanto de los pueblitos del interior y el raro privilegio de poseer aguas termales.

De manera que para que no termine todo, como en “naranjo en flor”, en promesas vanas que se escapan en el viento, decidí encontrarme con ese amigo al que no le entraba que en mis frecuentes escapadas al “territorio libre asociado” de los Saá no lo fuera alguna vez a visitar.

La previa conversación por celular sirvió para advertirle de nuestra inmediata presencia, para no caerle por sorpresa y de improviso.

Fue muy breve: solo había que encontrar, entrando por la calle principal, una casa de material con las rejas verdes. Si no la encontrábamos, simplemente, preguntar por el pastor.

Ya en otra oportunidad, la última vez que nos vimos, me había comentado que se dedicaba al “pastoreo” y a cuidar de su rebaño. Pero me lo imaginaba, tratándose de un tipo emprendedor como él, al comando de una pequeña pyme agropecuaria que le permitía completar, con su jubilación, un ingreso digno.

En realidad, para ser sincero, no me cuadraba para nada la idea de que se haya convertido en un pastor evangélico, sobre todo conociéndole sus historias verdaderas.

Ahora, viendo como había levantado un templo en su propia casa, comencé a considerar el asunto más seriamente.

Como era casi el mediodía, fue visita de médico. Y, como era de esperar, el epílogo místico era cantado, se veía venir.

De ninguna manera podía yo negarme a recibir el regalo más preciado que él creía me podía dar, que era “la palabra de Dios”. Como tampoco podía hacer ninguna objeción a su deseo de bendecirnos.

Después de todo, abandonar el orgullo ateo por un rato no significa necesariamente ser un converso. Además, no era el momento de probar si era falsa la profecía de Coelho de que toda bendición que no es aceptada se convierte en una maldición.

Comenzó repitiendo fragmentos de San Juan, desde una Biblia gastada y subrayada, un lugar común del que se precia de traducir “la verdad revelada”.

Luego, tomándonos en abrazos compartidos, y con la cabeza gacha, como un equipo a punto de jugar una final, nos pidió que repitiéramos con él una plegaria.

Yo estaba dispuesto a escucharlo, pero repetir en voz alta sus palabras fue demasiado para mí. De ninguna manera podía abastecerlo de tanta hipocresía.

Quizás, con la mudez, mi racionalidad me impidió sumergirme en esos refinamientos del espíritu.

Sin embargo, lo que no me había perdido fue el previo, concreto y refinado desafío para el físico.

No impidió mi razón sumergirme en las cálidas bañeras de aguas termales, cuando mi experiencia en baños de inmersión se reducía a los que solía darme, con sales y esencias, en mi propia bañera, hacía muchísimos años.

15 de septiembre de 2011

Acción y aventura










En Córdoba las mujeres le llamarán la atención, el vino, los alfajores y la voz del interior”. Chango Rodríguez








Otra vez el viaje. Es difícil no ceder a las tentaciones del personaje de Kerouac, a la sazón mi hermano (ver:confieso). Un viaje, como suele ser común, relámpago. Insuficiente para calmar todos los anhelos, deseos, apetitos. Suficiente para despegarse de la cotidianidad. Y una manera figurada de rajarle al analista.
Le tomé el gusto a esta forma de burlar la realidad (término que no pude descifrar porque sobre gusto no hay nada escrito).


El mérito de intentar

“Para contemplar con mayor profundidad que desde el nivel del río”, escribía el poeta berreta ,“tendré que esperar, en todo caso, a que llegue pronto la montaña”.
Para mí, sin embargo, “estaba ahí, tan cerca, palpable, a mano”. Y no podía no estar en Córdoba. Y no provocar nostalgia.
Después de todo, ¿Qué sería de nosotros sin nostalgia, sin evocar situaciones favorables, sin desafíos?
En definitiva, volvía al mismo lugar, treinta años después, para repetir la “hazaña”: alcanzar la cima del cerro más alto de las sierras chicas.
Ganas no me faltaban. Y descartaba que la suerte no me sería esquiva.
Los vientos primaverales soplaban fuerte. Y debía hacerlo rápido porque el ocaso se aproximaba.
Me desviví en elogios: “hermosa giba de la naturaleza no te resistas, dejame alcanzar tu vértice” y otras ordinarieces por el estilo.
Con fuerza, con vitalismo, emprendí el ascenso.
Costó, usando a Churchill, sangre, sudor y lágrimas. Y todo el oxígeno de mis pulmones.
Aunque, a fuer de sincero, debo decir una verdad que no tendría que decir nunca a nadie. Para no menoscabar ni ofender a mi maltrecho ego.
No pude. No pude llegar, gasté todas las disponibilidades pero no me alcanzó.
Al final terminé pagando cara la osadía. La sutil y sagaz naturaleza me noqueó, me hizo besar la lona, me dejó fuera de combate.
Y, todavía, debería estar muy agradecido porque me permitió volver sobre mis pasos, con mis propios medios y sin necesidad de un pulmotor.
Ánimo. El que escribe se la banca. Y los amigos, generosamente piadosos, deberían también sostenerlo en la bancada. 
En definitiva, una entre tantas ilusiones perdidas, no puede significar la consagración de la imposibilidad.
Habrá que esperar, en todo caso, hasta la próxima instancia, aunque pueda ser aún mucho peor.




...continuará

15 de abril de 2011

No me gaste Joaquín




Muy pronto, seguramente antes de las elecciones, San Miguel centro será, con avenidas de mano única, semáforos onda verde y veredas anchas, una postal de una moderna ciudad comercial.
Para que la familia pueda disfrutar un paseo de compras como en los mejores shopping.




Al menos eso es lo que nos venden los asalariados del intendente y los idealistas del sistema.

Pero todo esto da material para la especulación. Porque el futuro no es, precisamente, el presente.

Hoy, el antiguo centro de San Miguel se convirtió en un caos. Un infierno. Pero sin la poesía del Dante.

Descartada la hipótesis del desastre natural, donde no hay responsabilidad humana, vale la pregunta: ¿Quién produce entonces estos cambios?. ¿La anónima multitud? ¿El espíritu de los tiempos? ¿El inconsciente colectivo?.

Faltaba más.

Afirma el lingüista y filósofo francés Jean- Claude Milner  “… hoy es  muy raro que los gobernantes afirmen que han efectuado una elección. Los gobernantes  declaran hallarse  sometidos: a los mercados, a la protección de la naturaleza, a las encuestas de opinión.
En resumen, a cosas que no hablan. Y como se consideran ellos mismos sometidos, esperan que los gobernados también lo estén. Como el poder reposa en cosas mudas, esperan que todos se callen.”

Nadie puede sorprenderse, entonces, que el alcalde nuestro de cada día se comporte como un patrón de estancia. Víctima del furor reeleccionista.

Pero volvamos a la ciudad desguarnecida, que es el tema.

¿No se debería haber creado, tratándose de obra semejante, un registro de oposición?  ¿O un concurso de ideas?

¿Hacía falta el sacrificio de árboles añosos, reemplazándolos por escuálidos ejemplares que no resistirán el paso del tiempo?

¿Era necesario convertir en víctimas extraviadas por la mala información, por la ignorancia, a los agentes municipales que no brillaron por su ausencia?

¿Acaso era inevitable refregarme en la cara, Joaquín, mi condición de ciudadano de a pie?.

A esta altura puede que sea tarde para que las cosas vuelvan atrás.

Pero esta desconexión entre la política y nuestra condición de seres mudos e invisibles del poder, aún grave, no debería ser inmutable.

Se impone, entonces, no sucumbir. Mantenerse entero. Y recuperar la palabra.

Para que ningún gil vuelva a hablar en nuestro nombre.

2 de abril de 2011

Aquella mañana




Volver a recordar aquella mañana de hace casi treinta años no me cuesta, ni me avergüenza.





Siempre vuelvo a aquella mañana en que me enteré, entre la emoción y el estupor, viajando en un colectivo del conurbano y a través de la portada de Crónica, de que los que unos días antes nos habían apaleado y gaseado en la Plaza de Mayo, recuperaban la hermanita perdida.
Ese injusto régimen, la peor dictadura conocida, que habían conseguido durante esos años que la mayoría de los argentinos estuviéramos en otra parte, en otro mundo, en otro país, como estatuas griegas mirándonos hacia adentro, ocupaba las Malvinas y se enfrentaba, de hecho y no retóricamente, con el imperio inglés.
Esa mañana algo había cambiado. Y así lo percibimos muchos argentinos que nos acercamos a la Plaza para festejar. Para demostrar, si hiciera falta, que la patria solo pertenecía al pueblo y no a los retrógrados y mezquinos intereses de la dictadura.
Lo que vendrá inmediatamente después no será (ninguna lo es) una “guerra chapucera”, como la definirá García Márquez, sino una demostración de lo capaces que somos los argentinos para el heroísmo y la entrega.
La foto de la rendición de los soldados ingleses, representación del mito fundacional (si nacimos como argentinos enfrentándonos con el inglés), sigue manteniendo vivo en mí el espíritu de la Gesta de Malvinas.



16 de enero de 2011

Carpe Diem

Como si el transcurso de la vida no hubiera discurrido bastante sobre sí, la rama familiar encabezada por la última sobreviviente de su generación se reencuentra para festejar.



La familia prevalece sobre la lógica como manifestación de un sinsentido. Qué duda cabe.
Ella ni nos gusta ni nos disgusta. Simplemente, nos atrapa.
Y exige ser aceptada sin beneficio de inventario.
De lo contrario hará uso del método más común, más cruel y eficaz para suicidarse. El canibalismo, el devorarse a sí misma.


Si no somos iguales, somos primos hermanos.

Por un lado. María Elena, es decir, la abuela Lela, es decir, la madre del que escribe, es decir, la hija de la abuela Manuela y del abuelo Cándido (los que descendieron del barco que partió de España), es decir, la última sobreviviente de su generación, es decir, ella y sus cuatro hermanos, es decir, la tía Porota, el tío Armando, el tío Berto y el tío Tito, que parieron a los primos hermanos en los Santos Lugares de los talleres ferroviarios de Alianza y de la Iglesia de Lourdes, es decir, a los nacidos y criados en el pago de don Ernesto Sábato, convertida en el ariete al servicio de la memoria parental.

Por el otro. Si pequeñas dosis de ausencia son importantes para el amor, luego de una prematura diáspora de los nacidos y criados, los primos hermanos, no hubo un vínculo reiterado, constante y tóxico que terminara por saturar las relaciones afectivas.

Además. Si una familia de viejos es una familia de ausencias. Y si una familia envejecida lamenta el final del pasado y añora lo que no volverá. La nuestra no es ni lo uno ni lo otro.

Resultado. Ocurrió lo que debía pasar.

Tampoco era cuestión de encontrarse únicamente en los velorios.



carpe diem

Muchos tienen familia y pareja. O pareja sin familia o familia sin pareja. De ninguna manera podían faltar rencores secretos entre padres e hijos, ni inocentes separaciones matrimoniales, o turbulentos conflictos de intereses. Y celos y recelos.

Pero como no prevaleció el canibalismo, ni la orfandad, no desperdiciamos la oportunidad para la diversión y la alegría.
Comimos, chupamos, recordamos y jodimos y brindamos. Pero sobre todo, bailamos.
(También el que suscribe, recibido con honores de patadura, vergonzante título en una familia de bailadores casi compulsivos, se le animó a la escoba).

Ya de madrugada, abrazándonos largamente, nos despedimos. Hasta dentro de un mes o dentro de un año o improbablemente nunca.







19 de agosto de 2010

Puerca tierra



En este conmovedor relato de John Berger, algunos verán un alegato contra la destrucción de la vida rural a manos de la modernidad capitalista. Lo que es cierto.
A otros, al final de la lectura, nos quedará un escozor y la certeza de lo atrasado, arcaico, innecesario e inhumano que es el sacrificio de animales.





Cuestión de lugar
 Sobre la frente de la vaca el hijo coloca una máscara de cuero negra y se la ata a los cuernos. El cuero se ha ido ennegreciendo con el uso. La vaca no ve nada. Por primera vez han ajustado a sus ojos una noche súbita. Se la quitarán en menos de un minuto cuando ya esté muerta. A lo largo del año, esta misma máscara de cuero presta en total veinte horas de noche para los diez pasos que separan el establo, en donde han sido purgadas, del matadero.
El matadero lo atienden un hombre ya mayor, su mujer, quince años más joven que él, y el hijo de ambos, que tiene veintiocho.
Al no ver nada, la vaca se resiste a avanzar, pero el hijo tira de la soga atada a los cuernos, y la madre le sigue agarrándola por el rabo.
«Si la hubiera conservado dos meses más hasta que pariera...», piensa el campesino. «Ya no habríamos podido ordeñarla. Y después del parto habría perdido peso. Ahora es el mejor momento.»
En la puerta del matadero la vaca vuelve a vacilar. Luego deja que tiren de ella.
Dentro, muy arriba, a la altura del tejado, hay un sistema de raíles. Por ellos corren unas poleas, de cada una
de éstas pende una barra de hierro con un gancho en el extremo.
Colgado de uno de estos ganchos, un caballo de cuatrocientos kilos abierto en canal puede ser trasladado de un lado a otro del matadero por un muchacho de catorce años.
El hijo sitúa el percutor contra la cabeza de la vaca. En una ejecución, la máscara hace a la víctima pasiva,
y protege al verdugo de su última mirada. Aquí garantiza que la vaca no va a apartar la cabeza del aparato que la dejará sin sentido.
Ceden las patas, y su cuerpo se desploma al instante.Cuando se derrumba un viaducto, visto desde lejos, parece que la construcción cayera lentamente al valle a sus pies. Lo mismo sucede con las paredes de un edificio tras una explosión. Pero la vaca cayó con la rapidez del rayo. No era cemento lo que sostenía su cuerpo, sino energía.
«¿Por qué no la matarían ayer?», se pregunta el campesino. El hijo empuja un pesado alambre por el agujero
perforado en el cráneo, hasta el cerebro. Entra unos veinte centímetros. Lo mueve para asegurarse de que todos los músculos del animal se distienden, y lo saca. La madre sujeta con las dos manos la pata delantera en primer plano, a la altura del menudillo. El hijo corta por la garganta y un raudal de sangre inunda el suelo. Durante un momento toma la forma de una enorme falda de terciopelo, cuya minúscula cintura sería el labio de la herida. Luego sigue manando y no se parece a nada.
La vida es líquida. Los chinos se equivocan al creer que lo esencial es el aliento. Tal vez el alma sea aliento. Los ollares rosados de la vaca tiemblan todavía. Su ojo mira sin ver, y tiene la lengua fuera, colgando a un lado de la boca.
Una vez cortada, la lengua será dispuesta al lado de la cabeza y el hígado. Todas las cabezas, las lenguas y
los hígados se cuelgan juntos en una hilera. Las quijadas totalmente abiertas, sin lengua, y las dentaduras circulares manchadas con algo de sangre, como si el drama hubiera comenzado con un animal, que no era carnívoro, comiendo carne. Bajo los hígados, en el suelo de cemento, hay unas gotas de sangre bermellón brillante, el color de las amapolas cuando acaban de florecer, antes de que se oscurezcan y se vuelvan púrpura.
En protesta por el doble abandono de su sangre y su cerebro, el cuerpo de la vaca se quiebra violentamente,
y las patas traseras embisten al aire. Sorprende que un animal grande muera con la misma rapidez que uno pequeño.
Como si el pulso fuera demasiado débil para seguir tomándolo la madre suelta la pata, que cae flácida contra el suelo. El hijo empieza a separar el cuero alrededor de los cuernos. Aprendió de su padre la rapidez en el oficio, pero ahora los movimientos del padre son lentos. Con gran parsimonia, al fondo del matadero, el padre está abriendo un caballo por la mitad.
La madre y el hijo están muy compenetrados. Cronometran su trabajo juntos sin intercambiar una palabra.
De vez en cuando se miran sin sonreír, pero comprendiéndose.
Ella alcanza una carretilla con cuatro ruedas, parecida a un cochecito de niño, pero larga, muy grande y calada.
Él, con un solo tajo de su minúsculo cuchillo, abre una raja en cada pata trasera y prende en ellas los ganchos. La madre pulsa el interruptor que pone en marcha el montacargas eléctrico. El cuerpo de la vaca se alza por encima de ellos y luego baja hasta quedar de costado en la carretilla. Juntos empujan el cochecito.
Su trabajo es parecido al de los sastres. La piel es blanca bajo el cuero. Abren éste desde el pescuezo hasta el rabo, de modo que parece un abrigo desabrochado.
El campesino a quien pertenece la vaca se acerca y señala por qué había que sacrificarla; dos de los pezones
se estaban descomponiendo, y era casi imposible ordeñarla.
Coge uno en la mano. Está tan tibio como en el establo cuando la ordeñaba. La madre y el hijo le escuchan, asienten con la cabeza, pero no le contestan y siguen con su tarea.
El hijo da un corte en las cuatro pezuñas, las retuerce hasta que se desprenden y las tira a un cubo. La madre retira las ubres. Luego, a través del cuero abierto, el hijo parte el esternón con un hacha. Esto recuerda al último hachazo antes de la caída de un árbol, pues a partir de este momento, la vaca deja de ser un animal y se transforma en carne, al igual que el árbol se transforma en madera.
El padre deja el caballo y atraviesa el matadero con paso cansino para salir fuera a orinar. Hace esto mismo
tres o cuatro veces durante la mañana. Cuando camina con cualquier objetivo muestra más energía. Pero ahora es difícil saber si arrastra los pies debido a la presión de la vejiga o para recordarle a su esposa, mucho más joven que él, que, aunque su vejez resulte patética, su autoridad sigue siendo inexorable.
La mujer lo sigue con una mirada inexpresiva hasta que llega a la puerta. Luego se vuelve solemnemente y empieza a lavar la carne y la seca después con un paño.
El cuerpo de la vaca, abierto en canal, la envuelve, pero la tensión ha desaparecido casi por completo. Se diría que está ordenando una alacena. Salvo que las fibras de la carne están aún estremecidas por la conmoción del sacrificio, y vibran exactamente igual que la piel del pescuezo de las vacas en verano para espantar a las moscas.
El hijo separa con una simetría perfecta los dos flancos del animal. Ahora ya son piezas de carne; esas piezas de carne con las que sueñan los hambrientos desde hace cientos de miles de años. La madre las empuja por el sistema de raíles hasta la báscula. Pesan juntas doscientos cincuenta y siete kilos.
El campesino comprueba el peso. Ha acordado nueve francos por kilo. No le dan nada por la lengua, el hígado, las pezuñas, la cabeza, los despojos. El pobre rural no recibe nada por las partes que se venden al pobre de la ciudad. Tampoco le pagan nada por el cuero.
En casa, en el establo, el lugar que ocupa la vaca sacrificada está vacío. Pone en él a una de las novillas jóvenes.
Para el próximo verano, la novilla habrá aprendido a reconocerlo, de modo que cuando la encierren por la
mañana y por la tarde para el ordeño, sabrá cuál es su sitio en el establo.

24 de abril de 2010

Confieso que he viajado









“Con la aparición de Dean Moriarty empezó la parte de mi vida que podría llamarse mi vida en la carretera. Antes de eso había fantaseado con cierta frecuencia en ir al Oeste para ver el país, siempre planeándolo vagamente y sin llevarlo a cabo nunca”. En el camino, Jack Kerouac







En el camino (On the road en el original) es una de las novelas más conocidas e influyentes del último medio siglo.
Kerouac, narrador y personaje, relata los viajes con amigos por los grandes espacios de Norteamérica, viviendo la experiencia como un fin en sí mismo. Ellos lo que quieren es estar “en el camino”.
Más allá de las aventuras, de las locuras y los excesos, lo esencial del viaje es el descubrimiento de un mundo nuevo y, sobre todo, el encuentro con sus propias identidades.

Si Kerouac encontró a Dean, yo me topé con Oscar.
Perteneciente a la misma generación beat que hizo famosa a la novela, yo no podría ser ajeno a la idea del viaje y la búsqueda.
Aunque debo reconocer que me faltan viajes.
No por carencia de estímulos, por supuesto, sino por la falta de oportunidades.
Eso hasta que apareció Oscar, que tiene una propensión no controlada de estar en otra parte, de querer estar fuera de casa, o de llevar encima su casa. Y que parece movido por un resorte que le impide estar quieto en Buenos Aires, San Luis o Córdoba.
Además nada ni nadie puede tranquilizar se deseo de moverse, de conocer, de ser un viajero incesante y como los personajes de la mítica novela, siente placer con la sensación de estar en la ruta.
La invitación a compartir sus experiencias terminó siendo irresistible.

Rumbo al “Estado Libre Asociado”
Oscar no es un conductor descuidado o que maneje corriendo.
Y no lo ponen ansioso, como a los “vacacionistas”, los mojones que indican el kilómetro.
Quien no lo conozca bien se quedará asombrado por la tranquilidad de su conducta, que dista mucho de la usual en la vida cotidiana.
El corto viaje (por el tiempo, no por la distancia), a la tan bien vendida (por él)  patria del Adolfo y del Alberto, se convertía en un desafío a ser un testigo directo. Como decía Mark Twain: suponer está bien, pero descubrir es mejor.
Luego de trasponer las provincias de Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba por la histórica Ruta 7, uno tiende a darle la razón a los que creen que, aunque bien mantenida y marcada, es una antigüedad del Siglo XX. Superar, en plena cosecha, a camiones y maquinaria agrícola, se convierte en una empresa de verdadero riesgo.
En un momento, en medio del descampado, se levanta una especie de versión puntana de la Puerta de Alcalá que nos anuncia la entrada y nos da la bienvenida a San Luis.

Bienvenidos al paraíso
Resulta difícil decidir cuál de los siguientes ítems seduce más:
Las perfectamente iluminadas, forestadas y “esculturizadas” autopistas que llevan seguro y rápidamente a todos los rincones.
La ciudad de La Punta, con la Universidad, el estadio de fútbol y sus casas recién construidas (habitadas por gente que paga por muchas de ellas el equivalente a un “plan social”).
No registrar, como estamos acostumbramos en Buenos Aires, ningún anuncio gráfico sobre la paternidad de las obras (el común, ¡ gracias a mí ¡: expresión de soberbia del que cree propio los recursos que son públicos).
El complemento perfecto entre clima y paisaje.

Villa de la Quebrada
Un encuentro fortuito y la invitación a visitar el pequeño pueblo serrano dejará huella.
La primera sensación que tuve es que viajaba a otra dimensión temporal, a un mundo que parecía producto de la imaginación, de un recuerdo de otro tiempo.
Por supuesto, era pura subjetividad.
Ese pueblo vivía nuestros mismos tiempos, nuestros mismos miedos, nuestras mismas miserias y nuestras mismas mentiras. Veían TN y Canal 7 y leían Clarín, como cualquiera.
Aunque con la diferencia: eran capaces de vivir con todo eso y además con cosas extraordinarias.
Por ejemplo, con el aire puro y el cielo limpio. Y con el silencio crepuscular en los cerros.
Luego de eso sabía que tendría que volver al mundo real, pero satisfecho del descubrimiento de un mundo y un modo de vida distinto.
Finalmente caimos en la cuenta de que “todavía nos quedaba mucho camino. Pero no nos importaba: la carretera es la vida”.

Continuará…

29 de agosto de 2009

Amenazas desde el cosmos


El ágora era la plaza en donde se reunían las asambleas públicas para discutir y decidir sobre el presente y el futuro en las ciudades de la antigua Grecia.
Algunos sostienen que en la actualidad el ágora ha sido reemplazada por los shoppings. De ser cierto, más que una lástima, sería una desgracia.
Pero ocurre que sobran ejemplos que demuestran que tal hipótesis es, en parte, falsa.
Qué es, si no el espíritu helénico, lo que mueve a organizadores y participantes de acciones públicas, cuyo único objetivo es descifrar, comprender y sobrellevar los infinitos interrogantes y temores que torturan a los hombres desde siempre.
Por eso, los escépticos no deberían ignorar a los que con apasionamiento y desmesura invierten su tiempo y su inteligencia en tales empresas.



“El diablo sabe por diablo pero más sabe por viejo”, sentenciaba el viejo Vizcacha, confirmando la creencia de que la sabiduría está relacionada con los años adquiridos.
Sin embargo, aunque la antigüedad sea un grado, ¿cuánto de la sabiduría adquirida no se la debemos a la amistad?
Quién no tiene, por ejemplo, un amigo paranoico, un amigo gay, un amigo judío, un amigo militar, un amigo artista o filósofo, sin el cual nunca hubiéramos descubierto enigmas o descifrado significados.
Además, aunque Picasso diga, con razón, que nada puede hacerse sin soledad, tampoco nada puede terminar bien sin los amigos.

Carlos, un amigo amante del cosmos

Buda decía que si uno mete una mano en el agua ella no ofrece resistencia pero si no la saca a tiempo terminará disolviéndola.
El mismo peligro se corre con las vocaciones: terminar en manía.
Sin embargo, aún corriendo el riesgo de que el universo se lo devore, sin apuros (en la astronomía, como en el arte, no caben las prisas), mi amigo Carlos pasa la vida, noche tras noche, en el cuadriculado infinito, buscando el cosmos en el caos estelar, mirando como “las estrellas dibujan constelaciones y las estrellas fugaces pintan órbitas mágicas”.

¿Apocalipsis?

La invitación de Carlos me llegó a través de un SMS. Se trataba de una charla de su autoría y desde el título estimulaba la imaginación y el temor: “Amenazas desde el cosmos”.
El asunto remitía irremediablemente al célebre radioteatro La Guerra de los Mundos de Orson Welles y a films como La amenaza de Andrómeda y El Dia de la independencia, y que se reconocen por tener un rasgo argumental en común: el peligro viene desde el espacio exterior convertido en amenaza para la humanidad y motivando, no en vano, el instinto de conservación, el miedo a ser destruido o dañado por el otro.
Evidentemente, el tema no se prestaba para producir bostezos.
Y menos para mí, que siendo apenas un niño había quedado profundamente conmovido por La mancha voraz, una película cuyo malvado protagonista, la “amenaza venida desde el cosmos” en un meteorito, era una especie de bofe, indestructible, capaz de absorber todo lo que tomaba contacto con él y al que sólo se lo podía contener (certeza que se tiene recién al final de la proyección) poniéndolo en un frizzer (en aquella época en la Antártida).
Además, como no es aconsejable ser considerado un pusilánime, pero sobre todo por la gentileza de responder al convite, no tenía otra alternativa más que acompañar la disertación desde la presencia.
A decir verdad la conferencia fue breve. Y conste que lo digo como un elogio.
Porque generalmente el público asistente a charlas de este tipo ya tiene una idea previa clara sobre la temática a tratar.
Y en este caso lo único que pretendía era saber qué de real y qué de mito se escondía en esto de las amenazas cósmicas.
En definitiva, qué nos puede pasar, y sobre todo, ¡cuándo!.
El orador se encargó eficientemente de consumar la liberación de los inquietantes temores previos.
Primero porque le quitó veracidad a las teorías más imaginativas y apocalípticas. Y porque a las probables catástrofes las fijó lejos en el tiempo.
Un tiempo, y lo dijo buscando una sonrisa cómplice en el público, lejano de alcanzar sobre todo para la mediana edad de la mayoría de los presentes.
Trasladado el problema a las próximas generaciones, siguió luego un entretenido intercambio de conocimientos entre el disertante y la asistencia.
En resumen, una reunión que sirvió, empleando una acertada metáfora en este Año Internacional de la Astronomía, para ampliar horizontes. Y eso no es poco.


11 de julio de 2009

Waterloo

Haciendo caso omiso de las opiniones y amonestaciones de algunos de sus amigos, que a partir de ahora dejarán de soportarlo con estoicismo, el incombustible responsable del blog, se lanza a desentrañar el “horroroso crimen” cometido en los comicios.






Cuando una nueva coalición empieza a desplegarse, Napoleón decide atacar, consciente de la necesidad de detenerlos antes de que se vuelvan invencibles. Optó por una estrategia ofensiva, por los efectos que un éxito repentino podría tener. El factor decisivo fue, sin embargo, el agotamiento por un lado y la tenaz resistencia por el otro.







Entre los concurrentes a las cotidianas mesas de café, con los cuales uno comparte una entrañable amistad, y con algunos una larga militancia política, el kirchnerismo hizo estragos (recuerdo que algo similar había ocurrido en su momento con el menemismo).
En los preliminares de los adelantados comicios del 28 de junio, cuando muy pocos sospechaban el futuro y el astuto Kirchner era número puesto, bien podría haberme preguntado como Cortázar "¿Qué hace un cronopio como yo en un mundo de famas y esperanzas como este"?,
Sin embargo, luego de los inesperados resultados, el clima será otro. De exultante y tremendista a depresivo y temerario.
Aparecen en escena los reproches. Serán objeto de recriminaciones revolucionarias los hoy satisfechos y desagradecidos integrantes de la clase media. Los traidores intendentes pejotistas del conurbano. Los productores agrarios y la burguesía nacional cooptados por la oligarquía y el imperialismo. Los progresistas abstractos. Los ingenuos engañados por el poder mediático, los pesimistas que descreen del “modelo” y los miserables que cortaron boletas. En fin, la mayoría de los argentinos.
Una evidente demostración de lo dolorosamente digerible que resultó una derrota a manos de una billetera privada, carente de la ideología revolucionaria del "distribucionismo".
Entretanto, como héroes de la resistencia (la rendición no es una opción válida) doblan la apuesta poniendo la mira en el aún lejano 2011 y asegurando, bienintencionadamente y desvergonzadamente, que el producto del acto electoral no fue nada más, ni nada menos, que un crimen de lesa majestad.
De ser cierto esto último, lo que exige la incomprensión general es que, si hubo un crimen, no debería continuar impune.
Por lo tanto, como exigen los cánones del género, un investigador que se precie debería estar dispuesto a revolver los sucesos del pasado, los muchos hechos dolorosos ocurridos antes, durante y después del delito, y que algunos parecen deseosos de olvidar.
Además, para responder a los interrogantes, lo más aconsejable sería evitar tomarse las cosas demasiado a la tremenda, renunciar al tremendismo y elegir el camino de la bonhomía.

Continuará…

14 de junio de 2009

Voto cantado

Desatendiendo la advertencia de Mark Twain, de que es mejor tener la boca cerrada y parecer estúpido que abrirla y disipar la duda, el autor del blog acepta el desafío de la hora, asume el riesgo, y se define.

"La vida es una comedia o una tragedia, según el punto de vista en que se mire", afirmaba el cartel promocional de la película La rosa púrpura de El Cairo, resumiendo el filme en el que la historia de Cecilia (Mia Farrow), una desdichada camarera cuya única felicidad es ver una y otra vez una película, es contada consecutivamente desde el punto de vista cómico y trágico.
De la misma manera, la actual orgía electoral a la que asistimos los argentinos, condenados como el personaje de Woody Allen a ver siempre la misma película, si la consideramos en su conjunto y en general no es más que un espectáculo trágico.
En cambio, viendo sus detalles se convierte en sainete, porque las vicisitudes y tormentos cotidianos, las retóricas proselitistas, las chicanas incesantes, los infundados temores infundidos, los cambios de rumbo, son verdaderos pasos de comedia.

Por eso a estas elecciones hay que tomárselas en serio. Aunque sin exagerar.


candidaturas
Aún con el enfoque más benevolente y por más buena voluntad que uno ponga, los candidatos que desfilan, salvo contadas excepciones, demuestran cabalmente la orfandad política del presente.
Es que cuando se hace política movidos sólo por el puesto político, por afán de lucro o por impunidad y no por el bien común o por patriotismo, todo se reduce a la sutileza de las formas.
El que logró alcanzar la condición de candidato, luego de cubrir un arduo itinerario iniciático y de someterse a un protocolo de investidura, luce y se comporta de acuerdo a las exigencias de un intrincado ritual. Interviene ruidosamente en determinadas ocasiones, guarda silencio en otras, aunque siempre tratando de evitar que la función no se salga del libreto.
Para después, ya con el cargo como botín, demostrar, como cualquier miserable, que se acomoda a las bondades del poder.
Por definición no hay nada que esperar de ellos.
Así como la guerra es un asunto demasiado serio para confiárselo a los militares y la economía no es una materia tan frívola como para dejarla en manos de los economistas, la política es una empresa muy importante que no debería ser manejada por desaprensivos aspirantes a burócratas.

Sobre todo, en esta Argentina deliberadamente en indefensión y fragmentada.

en campaña
¿Ante la resurrección del “estilo moderado neoconservador”, prevalecerá la impronta “nac & pop”?
¿O quedará sólo como el “deseo imaginario” de los escasos voluntaristas que se resisten a admitir que el kirchnerismo ya es pasado?
¿Los “desaguisados” kirchneristas, como la derrota autoinflingida en el combate con los productores agrarios y la Argentina interior, demostrarían una vez más que en la era de la “democracia de la derrota” los detentadores del poder político terminan, como Alfonsín, Menen, De la Rúa y Duhalde, suicidándose?
¿Como decía Onetti: el final es siempre Waterloo?
¿Astucias como el adelantamiento, las chicanas judiciales, las candidaturas testimoniales, le serán suficientes a los Kirchner para alcanzar la conformista y modesta aspiración de obtener el tercio de los votos válidos en Buenos Aires, y de ese modo cumplir con la pretensión de ser los ganadores en la interna abierta del peronismo?
¿O terminarán abdicando a favor de un político más “serio” y potable?

Frente a la dificultad para vencer la indiferencia política, nos acostumbramos a aceptar, sobre todo en épocas electorales, todo tipo de interrogantes triviales y cuestiones accesorias.
Sin embargo, toda reflexión acerca del presente electoral debería comenzar, o terminar, con esta pregunta: ¿Quién (y qué) sirve al interés nacional?


“No votés, tu voto es su coartada”

No me interesa la suerte de los tahúres, los aventureros, los excéntricos, los genocidas y los matones. Ni sus “proezas”, ni sus “hazañas”.
No pretendo exculpar, siquiera parcialmente, a los que confunden la justicia social con el tráfico de miserables, ni a los dispuestos a vender el alma a cualquier poder, ni a los que se acomodan a toda situación que se produzca.
Desconfío de los que utilizan el miedo. Y de los humores de un paranoico imbuido de “la ética de la extorsión” y una “fuerte ideología de la usura”.
No entiendo, además, el claro apoyo y la confusa crítica de los que levantan la consigna del “apoyo crítico”.
Y a los que caen en el espantoso equívoco de suponer que Kirchner es Perón.
O lo más grave aún: los que creen que la principal virtud (o el peor pecado) del kirchnerismo es lo que puede llegar a ser.
Me entristece la política basada en axiomas, admitida sin necesidad de discusión.
Y los discursos distanciados de las cosas. Y de tener que vivir en una “esquizofrenia programada”.
Y sobre todo, la ausencia de pueblo y de proyectos nacionales.
Solo aquellos aquejados de ingenuidad infantil o que padecen de reblandecimiento senil y los que desean ser engañados o necesitan engañarse a sí mismos pueden glorificar un típico modelo político decadente que suele ser característico de las sociedades coloniales y semicoloniales.

En fin. La vida, como advierte el texto védico, es una constante elección entre senderos que se bifurcan y es un arte tomar las decisiones correctas en un universo fluctuante e incierto.
Pero estoy convencido de que “hay momentos en la vida en los que un hombre tiene que decir que no”, como dice Giancarlo Giannini en Pasqualino siete bellezas, el bello film de Lina Wertmüller.

8 de marzo de 2009

Falta y resto

Mientras unos tienen por hechos ciertos los rumores más precarios, otros convierten los hechos en falsedades. Y unos y otros son exagerados por la posteridad. Tácito

« De estos hombres se ve en seguida que son los triunfadores, los señalados, los acostumbrados a mandar »
La colmena, Camilo José Cela

A diferencia del nudismo, donde las ventajas saltan a la vista, encontrarle virtudes al kirchnerismo puede resultar más complicado.
Por eso no llama la atención el esfuerzo que ponen aquellos con pretensiones de seducción oficialista.
Aunque tanto esfuerzo es estéril cuando la intención es demostrar lo indemostrable.
Por ejemplo: que el kirchnerismo es un gobierno de “frente nacional”, como fue el de Perón, como lo sería el de Chávez, el de Evo, o quizás, el de Lula.
También es un despropósito llamar Unión Democrática al rejunte opositor y una gansada buscar semejanzas con Perón, confundiendo una democracia colonial derivada de la derrota de Malvinas con una revolución nacional.
Tampoco alcanza para justificar el “acompañar a Cristina”, el sostener, parafraseando a Leibniz, que “éste es el mejor de los gobiernos posibles”, referencia que inevitablemente remite al “yo o el caos” de Alfonsín.
En lugar de otorgarle atributos al gobierno "apelando al enemigo al que enfrenta, al programa que despliega y a las clases que se expresan a través de él”, como enseñan los viejos y desusados manuales, nos alertan sobre los peligros de “la derecha al poder”, sobre los riesgos que corremos si no ganan los “menos malos”.
Es evidente que todo esto no puede ser más que producto de un gran malentendido.
En primer lugar, Kirchner, que se hizo millonario durante la dictadura, que apoyó al menemismo (el "mejor gobernador" según Cavallo) y convertido, gracias al desguace de YPF, en uno de sus principales beneficiarios, fue el elegido por el “jefe” indiscutido de la “partidocracia” (el “gran elector” Duhalde) para sofrenar al alzado país del 2001. En definitiva la salida más funcional que encontró el poder real para salir de la crisis generada por el mismo. Por eso su gobierno no puede ser, y no lo es, el resultado de la movilización popular (como la caída de De La Rúa), sino su consecuencia.
Es curioso: la retórica oficialista insiste en que estamos ante un gobierno “nacional y popular”, pero entre los que han sacado mayor provecho de la política oficial encontramos a Grobocopatel, la Barrick Gold, Pan American, el FMI (a quién se le saldó toda la deuda), la banca privada, el capital financiero y timbero (la “patria financiera”) que no paga retenciones (único país en que la renta accionaria no paga impuesto a las ganancias), la “productiva” industria del juego (a una de las cuales el ex presidente le extendió la concesión, unos días antes de retirarse, entre gallos y medianoche, con la condición de aumentar el parque industrial con más máquinas, ¡tragamonedas!), la célebre “patria contratista” (a la que se le incorporaron los nuevos amigos del poder).
También contradice el pensamiento declamado: a pesar de que se pagaron más deudas espurias que en cualquier otro gobierno, la Deuda Externa, incluso después del “exitoso” canje, es más abultada. El índice de corrupción supera el de los corruptos “noventa”. Se “estatizan deudas”, con la excusa de “comprar soberanía”. Los impuestos “retrógrados” no se eliminaron.
Pero más curioso aún: mientras se niega el hambre, el índice de pobreza y la precariedad laboral crecen (y la concentración de la riqueza es más acelerada que en cualquier otro país de América Latina), en un clásico “tarifazo”, liberan, luego de subsidiar a las empresas durante años, las tarifas de servicios públicos.
Mención especial también merecen: la carencia de hipótesis de conflicto, la ausencia de la “cuestión Malvinas” en la agenda oficial, la permeabilidad a la presión del sionismo (caso Irán, genocidio palestino, penalización del “negacionismo”,etc). El veto presidencial a la ley de defensa de los glaciares (reserva de agua pura, elemento codiciado en el mundo en crisis). La promoción del saqueo minero.
¿No parece la continuación del proyecto enajenador iniciado hace 33 años por Martínez de Hoz?
¿O será que "les están quitando argumentos a los liberales", como justificó Moyano el pago al FMI?
¿O mejor: “menemismo con derechos humanos”, como popularmente lo definiera Capusotto?

En resumen, toda la retórica oficialista parece ser una gran simulación para disimular lo verdadero: un sistema burocrático conservador, donde “no hay amistades permanentes sino intereses permanentes”, integrado por "políticos profesionales", administradores del statu quo, y cuya única ideología es la derivada del presupuesto.
Sólo así puede entenderse a menemistas devenidos duhaldistas, devenidos kirchneristas, devenidos macristas. A Borocotó y a las últimas elecciones en Catamarca.

1 de febrero de 2009

Decepcionando amigos






El autor del blog, con sus acostumbradas reacciones objetadoras, le responde a un amigo que le envió una nota de un ex ministro de minería salteño sobre la renuncia de Picolotti a la Secretaría de Medio Ambiente.






Mi estimado Alfredo.

Para qué uno manda mails sino para recibir un poco de aliento y superar, aunque sea por un instante, la maliciosa sospecha de que uno está en cosas infantiles impropias de un tipo de cierta edad.
Por eso es curioso, por ejemplo, que un amigo al cual le envié la nota sobre el día internacional del animal, me la devuelva, en un tono veladamente crítico, argumentando que a él solamente le interesa defender los derechos de las personas con discapacidad.
¿Será que, como Joaquín Sabina, lo mejor que hago es decepcionar a mis amigos?.,. …
¿Será que lo mejor que hago es decepcionar a mis amigos?, me preguntaba en el momento de responder tu mail.
Pero es que, con mucha sorpresa, no exenta de consternación, leí la nota (a la que se agregó otra de JFB ) sobre la renuncia o reemplazo de Picolotti a la Secretaría de Medio Ambiente.
Tengo que ser sincero, leerla y reconocerte coincidiendo con ella, me produjo un poco de vergüenza ajena.
Por eso sería injusto de mi parte no enviarte esta opinión.
No me explico cómo, partiendo de las mismas premisas, llegamos a conclusiones tan disímiles.
En primer lugar, no voy a referirme a la Picolotti y su gestión, de la cual me guardo la opinión, sino al artículo en cuestión….
Como la problemática del medio ambiente es fundamentalmente política (como la mayoría de las cuestiones que nos importan) y luego técnica, el hecho que el autor de la nota sea doctor en Ciencias Geológicas (y encima ex Secretario de Minería de Salta) no le da más autoridad para hablar del tema, más que a vos o a mí (quizás todo lo contrario).
De acuerdo al autor, la Picolotti superaría a la Alzogaray como la peor Secretaria de Medio Ambiente. Sin embargo, para aquellos que creemos firmemente que el imperialismo y sus socios nativos son los responsables de la decadencia argentina, sus críticas demostrarían todo lo contrario.
En primer lugar ¿qué emprendimientos productivos trabó? ¿La minera de Trelew? ¿La pesca sin control en el mar argentino? ¿La tala indiscriminada de bosques? Sería bueno saberlo.
Luego la acusa de ser la responsable de haber “lastimando profundamente la hermandad con el honorable pueblo uruguayo” por el conflicto con Botnia (empresa que funciona de acuerdo a estándares imperialistas, perdón,”internacionales”), pero no dice nada de Kirchner, que, en principio, actuó tardíamente y posteriormente permitió pasivamente el corte del puente internacional (entre otras conductas "políticamente incorrectas" por el estilo).
Continúa sus críticas por la oposición de Picolotti a la actividad minera, actividad imperialista por excelencia (se llevan todo y no dejan nada, nada más que contaminación, pobreza, y devastación).
Le imputa haber impulsado la ley de bosques que “condenaría a la miseria al NOA”, es decir, impediría la deforestación indiscriminada para la sojización.
Y finalmente le adjudica la responsabilidad por la ley de defensa de los glaciares,“correctamente vetada” por la Presidenta, dice él (vergozosamente vetada, digo yo y agrego: estos “pequeños detalles” hablan de la naturaleza de un gobierno mejor que mil palabras).
Es evidente que por los errores que le adjudica no puedo menos que sentir simpatía por ella, emoción que no sentía antes de leer la nota.
No tiene sentido extenderme demasiado, después de todo es un correo para alivianar sentimientos.
Para finalizar: Si no podemos enorgullecernos de lo que hemos hecho, que nos quede por lo menos el orgullo de lo que no hemos querido hacer.

Un abrazo

5 de julio de 2008

Respuesta que anima

Adicto a responder interrogantes, decidí contestar el de los amigos de Anima Naturalis, ONG dedicada a la defensa de los débiles, los que no tienen voz, los que no pueden defenderse por sí mismos.
¿Por qué vegetariano?
En verdad debo admitir que la causa por la cual decidí abandonar la alimentación carnívora, fue una profunda voluntad no racional, en una extraña concatenación de circunstancias que sería muy largo de describir.
Sin embargo, algunas de las razones que me motivaron a cambiar las costumbres adquiridas fueron: la repulsión que sentía por la macabra exhibición de cadáveres colgados de los ganchos en las carnicerías y el mismo sentimiento repulsivo al ver en elegantes mesas 'bien servidas', despojos de animales, como la cabeza ahuecada de un cerdo, adornadas con palillos con queso para servirse.
A partir de ese momento mi historia no resulta nada original.
Pasé por todas las etapas que cualquiera que se decide a cambiar de hábitos alimenticios, debería pasar.
En cierto sentido, era inevitable.
El que rompe con los paradigmas establecidos, a no dudarlo, deberá pagar tributo por la osadía.
En principio, como todo convencido de haber encontrado la verdad en un medio hostil, pequé quizás de intolerancia y exceso de proselitismo.
Para asegurar mis convicciones, por ejemplo, abundé en explicaciones científicas, tratando de destruir mitos, como las carencias proteicas y de vitaminas (la célebre B12) de la dieta vegetariana.
Me batí en batallas imposibles para demostrar que el consumo de carne es una forma atenuada de canibalismo, una barbarie que seguramente asombrará a los ciudadanos del futuro, de la misma manera que hoy nos horroriza el canibalismo de los pueblos primitivos.
Intenté demostrar muchas veces, ante miradas asombradas, el daño ecológico que produce la producción cárnica.
Intimé a responder filosóficos interrogantes de no simple respuesta: ¿tienen alma los animales o son autómatas biológicos? ¿Son seres sufrientes como nosotros? ¿Aún no siendo poseedores de la 'razón humana', tienen derechos que debamos respetar, o peor aún, nos da derecho para traerlos a la vida, para torturarlos, masacrarlos y comerlos?'
Solía utilizar frecuentemente los argumentos de Elizabeth Costelo, el personaje (¿Alter Ego?) de Coetzee.
Comparaba los frigoríficos y los laboratorios con los campos de concentración nazis y denunciaba el silencio y la 'ceguera' de los vecinos de los campos y los mataderos como la manera de lavar culpas por el oprobio.
Y utilizaba, como ella, ante la recurrente pregunta ¿no come nunca carne?, la respuesta de Plutarco: 'Me pregunta Ud. por qué me niego a comer carne. A mí me asombra que Ud. se pueda poner en la boca el cadáver de un animal, me asombra que no le dé asco masticar carne cortada y tragarse el jugo de heridas mortales'
Sin embargo, luego de tantos cuestionamientos y explicaciones científicas y económicas, de competencias filosóficas y cruzadas morales y de resistir aprietes, lástimas e incomprensiones, me siento muy aliviado.
Es que nunca eché de menos la carne, como al cigarrillo, hábitos que abandoné, casi al mismo tiempo, hace muchos, muchos años.
Además, ignoro si debido a una dieta sana que siempre 'estimula y sienta bien', o por responsabilidad genética, desde ese momento mantuve una distancia saludable de los médicos y farmacéuticos.
Al fin y al cabo, ser vegetariano resultó ser lo más natural del mundo. No tiene contraindicaciones. No produce efectos colaterales, no produce daño a nadie y resiste eficazmente cualquier contraargumento.
Sin embargo, aunque saltar la 'tranquera' me puso en el compromiso de buscar, y finalmente encontrar, argumentos de todo tipo para justificarme, no fue lo decisivo.
Lo regocijante fue que lo fundamental, por inaceptable que parezca, resultó muy fácil de comprender.
En definitiva la posibilidad de conocer la compasión, no como un mandato que viene desde otro lado, desde afuera, sino como fuerza inmanente para interpretar y compartir el dolor ajeno, se convirtió en lo trascendente.
Por eso, en la ruta de Parsifal, el héroe de la ópera de Wagner, el 'necio puro' que llega a ser 'sabio por compasión', si caigo hoy víctima de los intelectuales racionalistas, modero las respuestas y les digo, sin vergüenza, como Wilde: 'Oh, dear, la compasión es algo admirable' 'yo doy gracias a Dios cada noche.., sí de rodillas, le doy gracias por habérmela hecho conocer.'

17 de abril de 2008

Transfiguración

Yo no pecaré de soberbia creyendo que voy a rescatar a la política, convertida en actividad fabuladora.
Lo que realmente me importa es más modesto e inmediato: me gustaría despejar horizontes que en los criterios oficiales asume caracteres casi esquizofrénicos. Y hacer más digerible la dispépsica retórica oficial.




“Y llegan tiempos en los que la indignación y la vergüenza son tan grandes que sobrepasan a todo cálculo y toda prudencia, y uno debe actuar, es decir, hablar.” J.M.Coetzee


“camino francés, venden gato por res”
Digamos que era inevitable.
La operación incluía riesgos, pero también resolvía problemas.
Muy poderosas razones de estado, de ánimo, obligaban a enfrentarse con unos y a pagar tributo con otros.
Eso, aunque no lo justifica, ni lo exculpa, lo explica todo.
Por tanto, como a corto plazo importa sólo guardar las apariencias, curiosa consecuencia, comienza el proceso de elaboración de eufemismos. Y a echar mano a un dúctil instrumento, la tergiversación verbal.
Se advierte claramente, entonces, que producir un quiebre en la gramática establecida es ya una acción política.

“¿Cuál es el poder con que cuentan las palabras?”
Las palabras, convertidas en instrumento ideal de la comunicación., a veces inexactas o equívocas, son de utilidad porque aluden a personas, seres, objetos o circunstancias.
Y, como descubrieron los hombres astutos, poseen un intenso poder sugestivo y una honda capacidad evocadora, capaces hasta de convertirnos en esclavos de la semántica.
Puede asegurarse, aunque sorprenda, que no existirían problemas semánticos, ni políticos, si las palabras tuvieran un único y desapasionado significado.
Campo, oligarquía, democracia, dictadura, son vocablos no afectivamente neutros, no carecen de vívidas asociaciones afectivas.
Sabemos, además, que, pese a que “una rosa seguirá siendo una rosa con cualquier nombre”, importa más el nombre que el nombrado.

“¿qué misterio hay en tus palabras confusas, en tus débiles quejas...?”
En el esfuerzo destinado a convencernos de que la historia ficticia es en verdad, real, se asiste, como en el “1984” de Orwel, a la construcción del “newspeak”, la lengua oficial, fundada en idiomas sintéticos, siglas y slogans.
Y a un tono quejumbroso en los discursos, que más que debilidad individual, parece la exhibición, a veces multitudinaria, arrogante, de una burla.

Déjá-vu
Hemos visto desplazar la atención, evocando acontecimientos del pasado.
Muchos adultos experimentan esa peculiar sensación de “lo ya visto”.
Quien protagoniza hechos de esta naturaleza perciben que un fenómeno actual lo remite a otro anterior.
¿Por qué se produce este fenómeno?
Para el Dr. Chris Moulin, especialista en el tema, se trata de una falla en el lóbulo temporal del cerebro que produce esos falsos recuerdos. La persistencia de estas situaciones pueden conducir a grandes depresiones y terminar en la locura.
Para la parasicología se trataría de un fenómeno extrasensorial asociado a la clarividencia o la precognición.
Para la psicofisiología el fenómeno es una clásica paramnesia, producida por cansancio extremo, momentos de inestabilidad emocional o estados alterados de conciencia.
En política es atendible, con la condición de no ser tomado en serio.

síndrome del complot
Cuando un empleado público falta a la justicia en las resoluciones propias de su cargo, conscientemente o por ignorancia inexcusable comete el “pecado” de prevaricar.
A menudo, quien prevarica, a sabiendas de que lo hace, deseará, en cierto modo, legitimar su propio gesto: “tenemos el derecho de prevaricar porque somos los mejores”.
Intentará, además, encontrar a alguien que esté dispuesto a justificarla e incluso, obtener el consenso de quien es la víctima. Por consiguiente utilizará argumentos retóricos para ser convincente.
Y suele llevar también a otra forma de la prevaricación: el recurrir al síndrome del complot.

tesis
Todos los factores del atraso se volcaron sobre el país hambriento y desorganizado haciendo del funcionario estatal el verdadero privilegiado de la nueva época. El burócrata que se eleva sobre la miseria general “como el gendarme que reparte el poco pan existente entre muchos”, en realidad el bribón y despojador que es el típico burócrata..., que con su ineptitud suele dilapidar los recursos.
El reemplazo brutal y tajante del burgués por el burócrata, por ejemplo, fue una de las grandes tragedias de la revolución rusa.
(aunque yo no he tramado esta tesis, tiendo a dejarme convencer por ella)

somatenista
En Los cuatro peronismos, Alejandro Horowicz sostiene que la única fuerza propia, confiable, con que contaba el general Perón vuelto del exilio, el tercer peronismo, era la policía.
Para el último “peronismo”, en cambio, quizá por prejuicio ideológico o condicionamiento político, sólo cumplirían ese requisito las “milicias” piqueteras del somatenista D’elia.
Obligados a vivir bajo la protección del estado, éstos adhieren con énfasis, sin desviaciones y con firmeza a la política oficial.
Necesitan de los otros, pero cuando los otros no se pliegan a sus deseos, la violencia los tienta para imponerlos. La sensación de impunidad, como es previsible, los predispone a la prepotencia.

“señores, están completamente equivocados, el mundo no avanza, retrocede”

Vaya por delante la confesión: los ganaderos y chacareros me inspiran poca simpatía. No podría tenérsela a quienes suelen ser más ricos, más individualistas, más conservadores. Y a quienes no se sienten llamados o impulsados por ningún tipo de “misión” histórica o divina.
Pero las divergencias actuales no pueden atribuirse, como en una remake de los setenta, a la voracidad de la parásita, gorila y golpista oligarquía. Sería un despropósito.
Parece más lógico pensar que la responsabilidad le cabe al ávido gobierno, que no puede controlar, debido a su adicción al “modelo”, la insaciabilidad fiscal.
Lecturas mal digeridas también pueden provocar confusión caracterológica.
La incompetencia consiste en confundir clases sociales, por ejemplo, una rentística con una productiva.
La descalificación de la burguesía agraria, aunque muy revolucionario, en palabra, por antinacional, se convierte en absolutamente retrógado.

Hemos presenciado en estos días, terrorismo de opinión, maniqueísmo, hipocresía, mendacidad e infatuación. Esto es circunstancial.
En definitiva, años de ilusiones, esfuerzos y fracasos nos convirtieron en lo que somos.
Pero ningún país es sólo el que es, sino también, y sobre todo, el que pretende ser.
De ahí lo necesario: una revisión crítica de conceptos tradicionales. Elevar lo primordial a insuficiente, apuntar más lejos.

De otro modo, y como ahora, nunca tendremos patria, sino un país donde se multiplica la fragmentación, y sólo prospera la salvación individual.

5 de abril de 2008

¿A paso de vencedores o a paso de cangrejo?

Silencio de blog

El silencio del blog, injustificadamente largo, tiene como única causa el hecho de que yo quería escribir con la tranquilidad necesaria, sin la cual publicar habría sido una falta de consideración hacia el lector, algo que no estaba dispuesto a hacer.
Pero, en virtud de la creciente influencia de las clases medias, a las que Sartre atribuyó el “oficio de opinión”, y en defensa del derecho de buscar la verdad libremente, aún seriamente ansioso, por el contrario alegremente expectante, vuelvo a publicar.


“Me estoy convenciendo de que el mundo quiere decirme algo, mandarme mensajes, avisos, señales” Italo Calvino,


Pudo notarse en los últimos días un ambiente enrarecido, cargado de fantasmas.
Consecuencia compartida por la incompetencia y la irresponsabilidad. Y la peor y más ruin de las cualidades humanas: la astucia.
Porque fastidiaron, durante días, con tantas palabras, tantas expresiones de intencionalidades, de políticas que se deciden en otra parte, produjeron más cansancio que conciencia, más escepticismo que entusiasmo.
Se entiende entonces por qué las nuevas generaciones casi ni se conmueven por las continuas apelaciones a la acción política.

“Colectivización forzosa”
Resulta altamente llamativo esa pretensión de aumentar las retenciones, en consonancia, improbablemente fortuita, con el viaje de la presidenta a Francia. Y con las pretensiones del Club de París de saldar deudas.
Lo cierto es que, para alegría de la ferviente militante del “esoterismo de centro izquierda”, la Sra. Carrió, resultó notable la carencia de elemental prolijidad para enfrentar situaciones de este tipo.
Es que “los neomontoneros son desprolijos, pero están impulsados por la apasionada dignidad humanitaria”. Impelidos por las grandezas de las causas justicieras.
Aunque en política, como advierte Lenin, no es serio fiarse de las convicciones y de las bellas cualidades del alma.
Digamos, además, que lejos de ensayar un proyecto golpista, los hombres del campo aspiraban, apenas, a hacer buenos negocios.
Y a ponerse en posición de convertirse en la nueva burguesía, aunque esta vez no “prebendaria”.
Sin embargo, la burocracia sin rumbo puso un freno al impulso.
Al fin y al cabo, la presidenta, injustamente valorada, concibió, con sus desatinados despropósitos, la insólita unificación agraria.
Para terminar. De esta extraña “lucha de clases” entre “burocracia estatal” vs. “burguesía agraria” por la renta, queda, aparte de una serie de imposturas caricaturescas, una pregunta: cómo harán los colaboracionistas de hoy para explicar, tarde o temprano, el oportunismo de sus posiciones.


Continuará...